Era el colmo del despilfarro. Volar dos horas a Francia para navegar durante diez horas de vuelta a Córdoba. Zhi lo habría hecho sin pensarlo dos veces hace unos años, cuando no conocía el saldo de las cuentas de su familia. Ahora, le dolía la barriga por el gasto, aunque no fuera su moneda la que se gastara. Al bajar del jet privado de Omar en la brillante tarde de Niza, Zhi dejó escapar un largo y cansado suspiro. ¿Qué estaba haciendo aquí? No tenía tiempo para actividades tan frívolas como un crucero nocturno. Su lista de tareas pendientes en la Casa Mondego era cada vez mayor. No se equivocaría si dijera que la lista hacía aguas. La finca se hundía. El botín había sido saqueado, las arcas saqueadas. Él y su personal estaban parados en un tablón inestable. Lo más inteligente sería aba

