Narrado por Pilar Montenegro Necesitaba despejarme. Lo del cadáver, lo de Santiago, lo de Lucia... todo era una espiral sin fin que me estaba tragando viva. Así que llamé a Amanda y a Michelle. No bastaron dos palabras. Ellas lo entendieron todo: “Necesito salir”. Media hora después estábamos listas para matar la noche. Club Eclipse vibraba. El bajo retumbaba en el pecho y las luces danzaban sobre nuestras pieles brillantes de sudor y maquillaje. Amanda pidió tequila, Michelle se fue por el vino, y yo... me fui por los tragos fuertes. “Hoy no estamos para mariconadas”, les dije. Las tres brindamos como si el mundo se fuera a acabar. —¿Y Santiago? —me preguntó Michelle, mientras bailábamos. —Preso. —le respondí con sarcasmo seco—. Pero no es eso lo que me preocupa. Es ella. Lucia. Pero

