Escena única: Resort Las Dunas Blancas, domingo al atardecer La brisa del mar le acariciaba el rostro mientras el sol caía como un fuego lento sobre el horizonte. Pilar Montenegro se había quitado los tacones, el blazer y el juicio. Por fin. El bufete no abría los fines de semana, y después de una semana de mociones, llamadas y noches sin dormir, se merecía esa escapada. —Brindemos por la libertad laboral —dijo Michelle alzando su copa de vino rosado, mientras se hundía en una hamaca. Pilar sonrió, pero algo en su pecho la apretaba. Como si ya supiera que ese viaje no iba a ser solo para descansar. —¿Qué me ibas a decir? —preguntó, directo al grano, con el tono de quien lee entre líneas. Michelle se quedó en silencio. Bajó la copa. Sus ojos se clavaron en el mar, como si necesitara co

