CAPÍTULO 34: EL SANTUARIO DE LOS MONSTRUOS

1124 Words

El eco de la llamarada verde de Dimitri todavía vibraba en la estructura metálica de Sereton cuando el Rey Nox sintió un pinchazo de hielo en su columna vertebral. Por un segundo, la visión de la destrucción total —esa imagen de su ciudad convertida en ceniza que Kaelin le había transmitido— volvió a nublar su vista, haciéndolo trastabillar, se apoyó en el marco de la celda, con la respiración entrecortada, viendo cómo las luces de emergencia de su ala de máxima seguridad parpadeaban con un ritmo agónico. Nox recobró la compostura y entró en el espacio deshecho donde Júpiter y Sebastián se mantenían en silencio, rodeando a Kaelin. La escena era dantesca: el metal de la celda estaba retorcido como si fuera simple papel, y el suelo estaba marcado por las garras de los lobos. —Sal de ahí

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