Alejandro y Natasha habían colocado las cosas de la cesta alrededor de ellos y se habían sentado en el suelo junto a Mely sobre una manta, Grace había guardado todo lo necesario. —Siempre que me sentían triste venía acá. El hablar con mi madre siempre me animaba. Era de cierta forma liberador— confesó Alejandro. —Te entiendo, es así como me siento cuando dibujo. Mis creaciones dependen de mis emociones. — ¿Sabes? Me hubiera encantado que la conocieras. Se habrían llevado tan bien...— dijo con una sonrisa negando con la cabeza. — ¿Qué?— pregunto riendo al ver su gesto. —Nada, solo que de cierta forma me recuerdas a ella, eres igual de testaruda; mi madre era increíble cando algo se le metía en la cabeza, pero era tan amorosa y dedicada... Natasha sintió esa emoción ya conocida atorár

