Fui a mi posición habitual bajo las cadenas cuando mi hermano se acercó a mí, me agarró de los brazos y los levantó por encima de mi cabeza para poder colocarlos en los ganchos de las cadenas y los cerró con fuerza.
Mis brazos quedaron por encima de mi cabeza y mi padre se quedó atrás, apoyado contra la pared del sótano, mientras mi madre miraba una mesa que estaba al lado de la pared. Una mesa que estaba llena de instrumentos para esta ocasión.
Mamá agarra su arma favorita, el látigo de cuero, pero siempre lo empapa en acónito para que deje las marcas por más tiempo y yo estuviera adolorida por mucho más tiempo. No me recupero tan rápido si el acónito está involucrado. Y las quemaduras de plata alrededor de mis muñecas también tardarán un tiempo en sanar.
Pero cuando mi madre se acercó a mí, mantuve la cabeza baja mientras ella rasgaba mi camisa y mis pantalones, así que solo estaba de pie allí usando un sujetador y una tanga.
Aún estaba cubierta de moretones de varios colores de las noches anteriores cuando mi familia decidió que necesitaba ser castigada por un incidente que ocurrió hace tantos años.
Mi madre caminó alrededor de mí, sosteniendo una foto en su mano.
Pude escucharla sollozar mientras miraba la foto, pero luego dio un paso atrás y de repente sentí el dolor insoportable del látigo cruzando mi espalda.
No grité, sin embargo. Esa es una cosa que nunca hice. Nunca grité. Nunca lloré. No más.
Me tomó un tiempo darme cuenta de que eso era lo que querían. Querían verme romperme. Pero ya no les di esa satisfacción.
Mamá me azotó repetidamente hasta que pude sentir pequeños chorros de sangre corriendo por mi espalda.
Finalmente dio un paso atrás mientras trataba de recuperar el aliento. Pero fue entonces cuando mi hermano dio un paso adelante con unos nudillos de bronce.
Me obligó a mirarlo a la cara, pero luego comenzó a golpearme una y otra vez en el estómago antes de darme un golpe en la cara.
—Spencer. Sabes que no debes golpearla en la cara —Papá lo reprendió.
—Perdí el control —Dijo Spencer.
—Lo sé. Solo no dejes que vuelva a suceder —Dijo papá, con calma.
Sentí la sangre acumulándose en mi boca y la escupí en el suelo, justo frente a los pies de Spencer.
Miré hacia arriba de nuevo y él tomó eso como una señal de falta de respeto, así que me golpeó otra vez.
Obviamente no quería parar.
Comencé a preguntarme cuántas veces podrían golpearme antes de hacer suficiente daño para matarme. Me pregunto si ya me había causado lesiones internas o sangrado.
Sentí que sí, y tenía un par de costillas rotas por lo que estaba haciendo. Pero no podía estar segura del resto. Y no podría ir al médico y recibir tratamiento. Ellos alertarían al Alfa, y eso haría las cosas mucho peor para mí.
Mis padres eran expertos manipulando a la gente y el Alfa y la Luna siempre caían en sus tonterías.
Sabía que nunca me creerían si les contara lo que estaba sucediendo. Por eso los gemelos no lo saben.
—Sabes lo que hiciste, ¿no? —Preguntó mamá.
—Fue un accidente —dije. Así que me azotó otra vez.
—¡Después de todo este tiempo, ¿aún no puedes asumir la responsabilidad?! ¡¿Qué te pasa?! —Gritó.
—No lo hice. Fue un maldito accidente —Gruñí. Así que esta vez me golpeó.
—Tú causaste el accidente. Hiciste esto a nuestra familia. Nos rompiste —Gritó Spencer.
—Lo único roto aquí eres tú, maldito —Le escupí. Así que me golpeó tres veces más en el estómago, muy fuerte.
Comenzó a reírse mientras yo jadeaba por aire.
—¿Todavía tienes algo que decirme? —Preguntó.
Así que levanté lentamente la cabeza y le sonreí. Esta vez mi madre me azotó varias veces.
—Sabía que deberían haberme deshecho de ti tan pronto como naciste —Gruñó Spencer en mi cara.
—Lo siento. Esa no fue mi culpa —Sonreí. Así que me volvió a golpear.
—Debería haberte matado cuando naciste y haber puesto fin a nuestro sufrimiento —Gritó mamá en mi cara.
—Entonces, ¿por qué no lo hiciste? —Pregunté. Pero ella solo me miró sorprendida. Como si no esperara esa reacción de mí.
—Eso es suficiente. Ella ha tenido suficiente —Dijo papá.
—¿Qué? No ha tenido ni cerca de suficiente. No ha pagado por lo que hizo —Argumentó mamá.
—Ella tiene escuela mañana. La gente comenzará a hacer preguntas si seguimos esta noche —Dijo papá.
—¿Por qué nunca la golpeas? ¿Por qué nunca te involucras en esto? ¡Ella te lastimó tanto como a nosotros! —Gritó mamá.
—No necesito golpearla. Ella ya sabe que no significa nada para mí —Dijo papá.
Así que Spencer se acercó y desató las cadenas y caí al suelo.
Ellos pusieron sus armas de nuevo en la mesa junto a la pared y lentamente me puse de pie.
Logré subir las escaleras y ellos estaban detrás de mí cuando llegué a la planta baja de la casa, pero luego tuve que subir de nuevo.
Fui a mi habitación y saqué ropa de mi armario antes de cruzar el pasillo hacia el baño.
Me duché y lavé toda la sangre por el desagüe, pero apenas podía moverme.
El agua en mi piel ardía y las marcas alrededor de mis muñecas eran tan rojas que casi parecían quemaduras de tercer grado.
Sabía que tendría que cubrirme por un par de días.
Salí de la ducha y me vestí con una camiseta sin mangas y un pantalón deportivo antes de regresar a mi dormitorio.
Me cepillé el cabello rubio y muy largo antes de acostarme en mi cama y cubrirme con las mantas.
Miré el reloj y decía 2 a.m. Lo que significaba que no iba a dormir mucho esa noche.
Pero, lamentablemente, ya estaba acostumbrada a esto.
No es la primera vez que paso una noche así y luego tengo que ir a trabajar o a la escuela al día siguiente.
Estaba acostada en la cama intentando dormir cuando escuché el teléfono de mi hermano sonar y no pude identificar con quién estaba hablando, pero probablemente era una de las muchas chicas que tiene por la ciudad.
Salió de la casa bastante rápido después de la llamada y me sentí aliviada cuando pasó por mi habitación y no entró.
Estuve dando vueltas toda la noche. Conseguí un par de minutos de sueño aquí y allá. No fue fácil con las marcas de acónito por toda mi espalda. Pero incluso mis piernas estaban magulladas. Mamá también debió haberme golpeado.
No lo sentí. Probablemente porque el dolor en mi espalda y torso era tan intenso.
Pero aun así logré dormir un poco antes de despertarme con un enlace mental que interrumpía mi paz y tranquilidad.
—Trinity. ¿Estás ahí? —dijo una voz masculina.
Mis ojos se abrieron de golpe tan pronto como escuché su voz. Han pasado meses, pero no he podido olvidar su voz.
Asher...