Johann ya los estaba esperando en la discográfica y el hombre les dijo que no había podido contactar con Sophie así que le explicaron lo que ellos sabían, los tres armaron el rompecabezas del escape de la pelirroja, todos debían reunirse en la sala de juntas más privada que había en el lugar porque era un evento delicado de tratar y no querían fugas a la prensa, aunque tarde o temprano se iba a saber porque entre cielo y tierra no se oculta nada. – Tengo un deseo satánico de cachetearla a penas y atraviese la puerta, maldita hija de puta, zorra barata, perra. – dijo Liz ansiosa y furiosa al mismo tiempo. – Cálmate, recuerda lo que dijo Sophie, despedida y el divorcio, nada más y créeme que no vale la pena que te ensucies las manos. – Adam le tomo la mano para calmarla. La puerta se abri

