Le di un beso en la mejilla y salí. Miré a mi alrededor y me invadió una cálida sensación de nostalgia. Extrañaba la vida en un pueblo pequeño.
Cuando me eligieron para interpretar a Jace Stryker, no tenía la intención de convertirme en una estrella de cine. Era reportero a pie de campo para ESPN, cubriendo partidos de fútbol americano universitario. Mi carrera como jugador profesional nunca se concretó, pero conocía el deporte y era lo suficientemente atractivo, así que conseguir un trabajo en televisión fue más fácil de lo que esperaba.
Fue una sorpresa cuando mi agente me llamó diciendo que querían que participara en una película. Un director de casting me vio en un programa previo al partido y quiso que hiciera una audición.
Hasta ese momento, jamás me había fijado en mi parecido con el personaje de cómic Jace Stryker. Fue pura casualidad que me vieran en ese programa. Si no me hubiera dejado barba por culpa del "Noviembre sin afeitar", probablemente seguiría fuera del programa.
El resto, como se suele decir, es historia. La película fue un éxito rotundo y marcó tendencia en Hollywood con las películas de acción de superhéroes. De repente, me convertí en una estrella revelación y las siguientes películas, que conformaron la saga "Escuadrón Patriota", consolidaron mi estatus como un auténtico caso de éxito.
A pocas calles de la casa de mi madre, me encontré con una chica adolescente delgada que jugaba al baloncesto en la entrada de su casa. Su balón se le escapó y cayó en la acera frente a mí, así que lo recogí.
En lugar de devolverla, lancé a canasta y encesté. La chica aplaudió y me devolvió la pelota.
Hice otro tiro y, después de que ese tiro entrara, ella dijo: —¿Qué te parece un partido de uno contra uno?
Me encantaban los deportes en general, y el baloncesto era mi favorito, solo superado por el fútbol americano. No tardé ni un segundo en decir: —Claro, soy Ken. —Esperaba que no me reconociera.
—Soy Melanie, ¡espera! No serás un violador ni nada por el estilo, ¿verdad? —Parecía seria, mientras yo casi me echaba a reír.
Por suerte, no me reconoció, pero me reí y le dije: —No, soy un superhéroe.
Siempre metía la pata, decía alguna tontería. Ojalá pudiera retractarme, pero ya era demasiado tarde. Tenía que esperar que no se diera cuenta de todo.
Ella se rió y me pasó la pelota.
—Sácalo por arriba y revísalo. Hazlo, llévalo, a diez.
Ella sabía jugar. "Anota y recupera" significaba que si marcabas, recuperabas el balón. "Revisar" significaba que tenías que entregar el balón al otro equipo o jugador antes de que comenzara la jugada para asegurarte de que estuvieran listos. Cuando te devolvían el balón, comenzaba el juego.
Fingí un movimiento hacia su izquierda, ella cayó en la trampa y me preparé para un tiro en suspensión fácil.
—Uno —dije mientras ella me devolvía la pelota.
Fingí ir hacia su derecha e hice otro salto con dominada.
—Dos. Te dejas llevar demasiado por el primer movimiento —dije—. Mantente frente a mí y no muerdas tan fuerte.
—Es fácil decirlo para ti —dijo con una mueca de desprecio.
Me moví de nuevo a su derecha y esa vez me quitó el balón, me esquivó con facilidad y anotó una canasta sin dificultad.
—Esa es una, viejo —dijo ella.
Me miró a la cara y dejó de babear.
—¿Sabes que te pareces mucho a Kinsey Greer? Es el actor favorito de mi mejor amiga Keri.
—Eso me han dicho. —No quería lidiar con un fan, así que fingí no ser yo, con la esperanza de que la falta de barba engañara al chico.
Ella pasó volando a mi lado y anotó otra canasta fácil.
—Dos.
Justo en ese momento, un coche entró en la entrada de la casa y luego en el garaje. Un hombre que supuse que era su padre se acercó y dijo: —¿Puedo ayudarte, amigo?
Parecía enfadado. ¡Mierda! No era apropiado que estuviera jugando con esa niña. Tenía que calmar la situación y marcharme.
—Hola, soy Ken. Estaba pasando por aquí y me encontré jugando un partido informal con Melanie.
—Es un poco raro que un hombre adulto empiece a jugar con una chica de dieciséis años, ¿no?
Me sorprendió su enfado, pero me di cuenta de que el hombre solo se preocupaba por su hija.
—Tiene usted razón, señor. Le pido disculpas y le aseguro que no pretendo tener ningún problema con su familia. Mi madre vive a un par de cuadras, se llama Janis Greer.
Se animó de inmediato y dijo: —Oh, conozco a la señora Greer. Lamentamos mucho lo de su padre. Me llamo Ryan Evans.
Me estrechó la mano y dijo: —Oh, eso te convierte en…
Su rostro se suavizó y me miró de arriba abajo.
—Sí, soy yo —dije interrumpiéndolo—. Mira, lo siento de nuevo. Seguiré mi camino. Fue un placer conocerte, y también fue un gusto conocerte a ti, Melanie.
Mientras me alejaba, lo oí decir: —Estaba preocupado por ti, niña. Tienes suerte de que no fuera un violador o algo así.
Ella se rió y dijo: —Le pregunté si lo era, y me dijo que no. Dijo que era un superhéroe.
—Sí que lo es, cariño. Deberíamos haberle pedido un autógrafo.
—¡Mierda! —pensé y aceleré el paso.
—¿QUÉ? —oí gritar a dos chicas—. ¡Mierda doble! —pensé.
Antes de que pudiera correr, oí: —¡Oye, espera!
A regañadientes, me giré y vi dos siluetas que venían corriendo a toda velocidad. Melanie chocó contra mí y casi me tira al suelo. Apenas pude mantenerme en pie y entonces me sorprendió ver que la otra chica era Lainey.
—¿Lainey?
Melanie se giró y vio a su hermana de pie detrás de ella.
—¡Santo cielo! De verdad estabas hablando por teléfono con Kinsey Greer.
—Te lo dije —dijo Lainey con una sonrisa burlona.
Me acerqué a Melanie y le dije: —No quería que me colgaras el teléfono. Entiendo que te haya molestado saber que yo era la celebridad; técnicamente no te mentí, ¿sabes?
Deseaba con todas mis fuerzas poder volver al punto de partida. Antes de que ella supiera que yo era exactamente como decía que me parecía.
—No, no es eso… bueno, sí. Me quedé impactado.
Melanie se interpuso entre nosotros emocionada y dijo: —Vuelvan a la casa. Tienen que darme un autógrafo y tomarse una foto conmigo. Mis amigos nunca van a creer esto.
—Déjalo en paz, Mel. El funeral de su padre fue esta mañana.
—Oh, lo siento, Kinsey. No lo sabía. —Parecía profundamente arrepentida.
Parecía algo muy lejano. Por un instante, me sorprendió pensar que había sido esa misma mañana. Llevaba meses enfermo y años luchando contra la enfermedad, así que estábamos preparados para su muerte. Su sufrimiento había terminado y estaba en un lugar mejor.
—No te preocupes. Ven, con mucho gusto me tomo una foto contigo.
No quería sacarme una foto ni firmar autógrafos. Sin embargo, sí quería conocer mejor a Lainey, y si eso significaba sacarme algunas fotos con su hermana pequeña, pues que así fuera.
Saltó arriba y abajo, me agarró de la mano y me arrastró de vuelta hacia su casa, con Lainey siguiéndonos.
Cuando llegamos a la casa de al lado de la de Melanie y Lainey, Melanie gritó: —¡Keri! ¡Keri! ¡Sal de aquí rápido!
—¡Mierda! —pensé, más gente. Sabía que debería haber corrido.
—Melanie, no. Deja al pobre hombre en paz —reprendió Lainey.
Una adolescente salió de la casa dando saltitos. Tenía un rostro angelical y rebosaba felicidad. En un abrir y cerrar de ojos, estaba a medio metro de mí y me encontré envidiando su alegría. Sonreí y le dije: —Hola, Keri.
Eso fue todo lo que escuchó antes de mirarme con ojos atónitos, gritar y desmayarse. La sostuve cuando cayó al césped, donde la recosté con cuidado.
Estaba horrorizada. Era la segunda vez que me pasaba y aún no sabía qué hacer. Lainey actuó como si no le diera importancia.
No podía creerlo, estaba a punto de vomitar del pánico y ella actuaba como si eso ocurriera todo el tiempo.
—¡Tenías que sacarla, Mel! Mírala —dijo Lainey—. Ve a buscar una toalla húmeda, rápido.