En todo este caos era necesario que piense con la cabeza fría, pero mi lado salvaje me decía que matara a todos los que se atrevieron siquiera a pensar en quitarme mi reinado, mi manada que por derecho me pertenecía.
Ja,ja,ja. Qué irónico ¿cierto? La loba que pensaste que era la ideal para ti no es más que una traidora. ¿Ya la vamos a matar? Quiero tomar el control para disfrutar y sentir cómo ese brillo de vida se va de sus ojos.
“No, primero la torturaré para que me de información y luego la mataremos”
Bien, si necesitas ayuda aquí estoy. Desde que la conocí tengo ganas de desfigurar su hermosa cara de perra traidora.
Con eso Hades se fue al fondo de mi mente, se notaba que se encontraba de muy buen humor por la forma en que movía su cola, lo que hacía que me irritara mucho más. Por otro lado, me preocupaba que Delilah haya dicho algo a Abigail ¿ella sabía que la persona a la que estaba maquillando iba a ser mi prometida? Ya veía venir un fuerte dolor de cabeza y mucho papeleo por delante solo por todo lo que estaba pasando para ahora tener que pensar en Abigail y el miedo que tenía por el hecho que se entere de mi casi compromiso con Delilah. Antes de refugiarme en mi oficina necesitaba que todos los presentes fueran investigados así que mandé a mi guardia personal para que revisara sus casas y así poder botar a toda esa gente de mi casa.
Un Ryan abatido se encontraba a mi lado ejerciendo sus deberes como beta, sabía que tenía muchas cosas en la mente, él vio que Lilith, la persona con la que pensaba que iba a tener un hijo, le había mentido, ese hijo no era suyo y no lo quería por un sentimiento de amor, sino más bien deseaba la posición que tenía Ryan. Debía admitir que admiraba la resistencia de mi beta, a pesar de que tenía razones, no se derrumbó y estuvo a mi lado.
A lo lejos se escucharon dos voces muy conocidas acercándose a nosotros cuando quisimos ir a mi oficina.
– ¡Benjamín, por favor! ¡todo tiene una explicación!
– ¡Ryan, Ryan, no vas a creer en eso! ¡es tu hijo, es tu hijo!
Delilah y Lilith quienes parecían haber perdido el habla, al fin se pronunciaban. Se acercaron a nosotros con evidente desesperación en su mirada y en su lenguaje corporal. Se hubieran acercado si dos de mis seguridades no las hubieran detenido. Vi a Ryan retirarse hacia dentro de mi casa y a Lilith persiguiéndolo siempre siendo detenida por un seguridad que no podía hacer mucho por su avanzado estado de embarazo. no podía culpar a mi amigo, yo tampoco hubiese querido ver a una loba que me engañó queriendo meterme un hijo que no era mío. Como sea, me centré en Delilah, al verla mi ira volvió a subir y parece que ella se dio cuenta porque retrocedió, pero no dejó de hablar.
– Benjamín, no es lo que crees. Déjame explicarte.
– ¿Qué explicarás? ¿Que intentaste humillar a mi pareja para sentirte mejor? ¿Que planeaste hacerla quedar mal frente a los representantes de mi manada para que ellos no la aceptaran? ¿o que te coludiste con tu padre para traicionarme y tener mi manada a la fuerza?
Delilah abría y cerraba la boca, intentando explicar algo que no tenía explicación. Me acerqué unos cuantos pasos, el personal de seguridad retrocedió sabiamente. Tomé el cuello de Delilah entre mi mano y presioné solo un poco, lo suficiente para tenerla quieta.
– ¿Sabes qué pasará ahora? Ese video nos servirá como prueba y todos los presentes serán testigos del intento de invasión por parte de tu manada. Llevaremos todas esas pruebas y pediremos la condena capital por tal afrenta. Los mataremos a todos ustedes y yo tomaré dominio de toda una manada sin alfa. Por supuesto, habrá algunos miembros que se resistan, pero ellos también morirán. Así que dime ¿qué se siente perder un hogar, una manda, la posición que antes te protegía y tu vida misma en una sola noche por mera ambición?
Presioné más fuerte ese cuello delicado, era tan sencillo, solo debía presionar hasta que se quedara sin aire, hasta que esa mirada de víbora se extinguiera, hasta que esos labios mentirosos no digan ni una palabra.
Cálmate o no obtendrás información ni te divertirás.
Solté mi agarre haciéndole caso a Hades, debía tener paciencia. Luego me encargaría de ella, ahora tenía cosas más importantes que manejar.
– Enciérrala en la celda más alejada. Nadie tiene permitido verla ni hablarle, solo denle pan y agua. A Delilah y Lilith mantenlas juntas en una sola celda fuera del alcance los demás miembros de la otra manada.
Después de ordenar aquello al fin pude ir adentro, no presté atención al alboroto que seguía en el jardín de mi casa, ahora mi prioridad era hacer control de daños, investigaría a los sospechosos, interrogaría a los miembros de Santa Bárbara, luego iría a visitar a Abigail y le explicaría-
– ¡Benjamín!
Mis pensamientos fueron cortados por un Ryan asustado. Parecía que el color se había ido de su rostro, su cabello todo revuelto, la corbata de su traje completamente deshecha y los primeros botones de su camisa estaban abiertas. Verlo así me preocupó seriamente.
– ¡Benjamín! Jade, mi Jade, yo no sé qué haré sin ella. Cómo…ayúdame Benjamín.
Tomé los hombros de Ryan, preocupado por el estado en el que se encontraba mi amigo quien claramente estaba a punto de llorar. Era la primera vez que lo veía en ese estado y seriamente me comenzaba a asustar que algo malo había pasado.
– Ryan, cálmate. No puedo ayudarte si no te entiendo.
Ryan asintió enérgicamente con su cabeza una y otra vez, respiró, se tomó su tiempo, pero claramente el color no volvió a su cuerpo, el pánico escrito en su rostro no se iba y las lágrimas no derramadas se negaban a desaparecer. Después de un rato Ryan finalmente pudo encontrar su voz.
– Jade, mi Jade y Abigail se fueron del pueblo. Jade me dejó.
Bueno, mierda. Lo peor que imaginé de verdad pasó.