La merienda familiar Era domingo por la tarde. El chalet olía a bizcocho recién hecho y a café. Carmen había invitado a los tres hijos a merendar: Paca con su marido, Censi con su novio nuevo y Francisco con su mujer. Todos alrededor de la mesa grande del comedor, risas, fotos del móvil, “mamá, qué bien te conservas”, Carmen llevaba un pantalón de yoga n***o muy ajustado que se le metía entre las nalgas y una camiseta blanca de tirantes fina, sin sujetador. Los pezones se marcaban cuando se movía y el sudor del horno le había pegado la tela al pecho. Nadie dijo nada; siempre había sido “la madre guapa y descarada”, pero hoy había algo distinto en su mirada: esa chispa lasciva que no apagaba ni con nietos delante. Mientras servía el café, se inclinó demasiado sobre Francisco para ponerle

