¡NO PUEDO CASARME CONTIGO!
SIENA
Mi rostro se llenaba de lágrimas, mi corazón se rompió poco a poco, sentí mis piernas flaquear y mis ilusiones se vinieron al suelo.
—¡No lo dices en serio! —Dije con esperanza —Tú… no es cierto Carlos nosotros… La boda es en unos minutos, como me dices esto ahora.
Tenía una mirada de determinación en su rostros, y aunque parecía arrepentido lo conocía lo suficiente para saber que no estaba bromeando. Pero aun así espere escuchar que no era cierto.
—¡Lo siento Siena! —Dijo con voz culpable —No puedo casarme contigo.
Me dejé caer en el sofá tras de mí, no podía entender, no podía aceptar eso, tenía tantos planes, sueños juntos y ahora él solo, decía que no, a minutos de la ceremonia, esto tenía que ser una pesadilla, una mala broma, no podía ser cierto.
—¿Por qué? —Pregunté limpiando mis lágrimas —todo está listo, el vestido, los invitados, la iglesia, el banquete —Él agacho más la cabeza en completo silencio —La luna de miel, nuestra casa…. No entiendo Carlos, que pasó, ¿por qué no quieres casarte? si hice algo mal, lo que sea dilo puedo cambiarlo, te juro que lo haré.
Él solo siguió mirando el suelo sin decir nada, ese silencio solo me rompe más porque al final yo lo amo, le di mis ilusiones, mi vida. Organice esa boda con tanta emoción, con la determinación de hacer de ese día uno inolvidable, el día en el que me convertiría en la esposa del hombre de mi vida.
—¡Demonios Carlos! —Solté ya perdiendo el control —Di algo, no puedes venir a romper mi corazón y no darme una explicación —Le supliqué con mis ojos empañados —Quiero saber el motivo de hacer esto justo hoy, es lo mínimo que puedes hacer y yo lo merezco.
Él se puso de pie, deambuló unos segundos frente a mí, como tratando de buscar las palabras adecuadas para decirlo, parecía avergonzado y muy mortificado, indeciso y Carlos, el Carlos del que me enamoré no lo era ni un poco.
—Siena yo —Soltó un suspiro largo, derrotada —Amo a alguien más.
Aquello me dejó pasmada, en shock, me deje caer el sofá tras de mí tratando de asimilar lo escuchado. Sus palabras se repitieron en mi cabeza y antes de poder procesar aquello mi rostro estaba lleno de lágrimas, lágrimas dolorosas.
Me quedé en silencio lo que pareció una eternidad, él seguía con la mirada fija en mí, esa mirada llena de lástima, de pena, la odie, lo odie a él. Romperme y luego darme esa mirada, lo que menos necesitaba era eso.
—¿Quién es? —Pregunté.
Él negó mientras daba algunos pasos hacia atrás, su cuerpo se pegó a la pared de la habitación y su mirada se desvío de la mía y entonces lo supe, yo conocía a la mujer. Me puse de pie y me acerqué, determinada a saber, necesitaba saber.
—¡Carlos dime quién es! —Exigí.
—Siena —Soltó sin fuerzas —Solo olvídalo, no puedo casarme contigo y es todo lo que diré.
—¿Qué lo olvide? —Solté la pregunta con dolor —¡Cómo pretendes que lo olvide! ¡Estás terminando conmigo el día de la boda! Allí afuera está lleno de personas, hay una recepción lista, la ceremonia, todo Carlos, absolutamente todo, yo ahora debería ser la mujer más feliz y en cambio estoy aquí escuchando que no vas casarte conmigo porque amas a alguien más.
Mi pecho ardía, mi garganta parecía estar tragando dagas cada vez que respiraba. Mi mente se llenó de todos esos recuerdos, como planeamos este día, como él parecía ilusionado con todo, como parecía amarme.
Mis lágrimas volvieron a fluir, apoyé mi cara en su pecho, me aferre a él y lloré desesperada. Allí con su olor y su calor rogué en silencio que todo fuera una pesadilla, despertar de este horrible sueño y que todo estuviera bien, que nada hubiera cambiado.
—Lo siento mucho Siena —Me rodeo con sus brazos —De verdad no quería lastimarte.
—No me lastimes entonces, di que todo fue una broma, que te asustaste, que no supiste manejar la presión —Despegué mi cara de su pecho —Vamos a casarnos, salgamos de aquí y seamos felices, tengamos esa vida de la que tanto hablamos.
—Siena no puedo, no seríamos felices ninguno de los dos, yo no podría darte lo que esperas. Sé que esto ahora te está destruyendo, pero él tiempo pasará, me olvidarás y entonces alguien más te hará feliz.
—¡Quiero que tú me hagas feliz! —Grité aquello y me aferre a su camisa —No quiero a nadie más que no seas tú. Mírame Carlos, sólo mírame y trata de recordar todo, son años de relación, años de cosas bonitas….
—Siena —Alec mi hermano entró de pronto —Ven conmigo –Me alejó de Carlos.
—¡No puedo! Necesito que él recuerde nuestra vida, que se saque aquella estupidez de la cabeza y salgamos de aquí y nos casemos como planeamos.
Alec tenía la misma mirada de pena de Carlos, pero en ella había algo más, culpa, parecía avergonzado y en cierto modo arrepentido.
—¿Tu sabes quien es? —Le pregunté —¿Tú sabes a quién dice amar ahora?
Carlos al escuchar la pregunta se dio la vuelta y Alec tomó mis manos entre las suyas y soltó un suspiro largo mientras asentía con tristeza.
—Te amo Siena, no hay día, ni segundo en él que yo no piense en ti. En el que no me duela todo esto —Empezó a decir con la voz un tanto ahogada —Yo… Lo lamento mucho.
Mi corazón empezó a latir desenfrenado otra vez, mi pecho se apretó y pude intuir lo que diría, y no podía creerlo, aquello no podía ser cierto. Mi novio y mi hermano no pudieron hacerme esto, con temor y llena de dolor hice la pregunta.
—Alec acaso….. ¿Ustedes? —Guarde silencio al no poder decirlo —¿Eres tú a quien Carlos ama?
Asintió con los ojos cerrados, lo observe por segundos y luego mi mirada se desvío a Carlos que seguía de espaldas, me sentí caer en un oscuro abismo, mi hermano y mi novio, ellos, tenían una relación.
—¿Como pudiste Alec? —Pregunté con voz apenas audible —Me viste hacerme ilusiones, me viste llorar emocionada, me ayudaste a planear todo y mientras hacías eso, tú, ¡te metiste con mi novio!
—Lo lamento mucho, te juro que nunca lo buscamos, solo paso, intentamos olvidarlo, no hacerte daño pero es más fuerte que nosotros.
Me aleje de él, ya no sabía que sentir, doble traición, doble decepción. Me vi a mi misma vestida de novia y no pude evitar empezar a llorar otra vez, las personas que más amaba me estaban traicionando, me estaban rompiendo el corazón.
—¡Mírame Alec! —Le pedí —Ya no tengo puesto mi vestido de novia, ya tengo una casa lista para iniciar una vida, y una maleta llena de sueños.
El agacho la cabeza y empezó a llorar, escuche a Carlos hacer lo mismo, por unos minutos dentro de la habitación solo se escucharon sollozos, sollozos dolorosos de los tres.
—No pudiste controlarlo, no pudieron hacerlo. Entonces ¿por qué dejaron llegar este día? ¿ por qué no lo dijeron? como salgo ahora y les digo a todos que no habrá boda porque mi hermano y mi novio se enamoraron —Alec trato de acercarse —Esta es la peor traición y la mayor decepción que tendré en mi vida, no solo me engañaron, si no que esperaron hasta el último momento para decirlo. Nunca, jamás pensé en odiarte Alec.
—No lo digas Siena, yo te amo…. Te juro que trate de frenarlo, de no dejar que escalara, pero no pudimos…..
Me di la vuelta e ignore lo que decía, todo lo que necesitaba era salir de allí, ya no aguantaba mas verlos, me estaba por desmoronar y no los dejaría verme así, ya suficiente tenía con su traición, una traición que jamás iba a olvidar y de seguro tampoco a superar, después de todo como se supera eso, el día de tu boda te enteras que tu hermano y tu novio tienen una relación.