SIENA
"La traición viene de quien menos esperas" —Esa frase se repetía en mi cabeza todos los días.
Susan me la había dicho y si tenía razón, un día después mamá apareció con su rostro lleno de culpa, y lo que salió de su boca fue aún más doloroso.
—Se que duele Siena, pero necesito que mantengas lo que dije “Tu terminaste con Carlos”.
Ya pasó un mes y esas palabras se repiten en mis cabeza, para ella era más fácil decir que su hija había roto su compromiso y dejarme como una mujer sin sentimientos y a Carlos como la víctima. Eso era mejor que decir que su querido y consentido hijo le robo el novio a su hermana, él si no podía quedar mal, ni ser señalado. Sin duda estaba sola, muy sola.
Desde ese día no volví a verla, ni siquiera respondí a sus llamados y mensajes, no valía la pena. Se preocupó más por salvar la reputación de su hijo, que por tratar de ayudarme a superar la decepción y dolor en mi interior.
Las notas seguían llegando, todos los días había una nueva o dos.
“Eres especial, nunca lo olvides”
“No puedo borrar el sabor de tus labios”
“En las noches de soledad tu recuerdo me invade”
“La persona indicada esta frente a ti, solo sigue las señales”
Así había muchos, en ocasiones llegue a pensar que que se trataba de un acosador, jamás dio su nombre, lo cual me parecía muy raro, demasiado raro.
Junto con las notas empezaron a llegar correos de propuesta laboral de una empresa extranjera, parecía ser buena oportunidad pero no me animaba a tomar la decisión de dejar todo aquí y solo irme. En parte me pesaba dejar todo, mis recuerdos, mis momentos de alegría, las personas que aún quería, todo estaba aquí y aún no me atrevía a soltar.
Volví a leer la propuesta y después de unos segundos la archive. Una notificación llegó a mi correo, un destinatario desconocido, pensé en ignorar pero llegaron dos mensajes más y la curiosidad me ganó, sin pensar los abrí y al ver contenido mi corazón se terminó que quebrar, esto era más de lo que podía tolerar.
Carlos y Alec se habían casado, una foto de ambos con el acta en sus manos, mi mamá junto a la familia de Carlos sonreían con mucha felicidad. Lo hicieron todo en silencio, sin llamar la atención de los medios pero sí se habían casado.
Sin poder controlarlo empecé a llorar, un mes después de romperme ellos se casaron, nos le importo conmigo, con mi dolor, yo pasaba los días entre el trabajo y la oscuridad que amenazaba con consumirme y mientras yo luchaba contra eso, ellos siguieron con su vida feliz.
Seguí viendo las fotos y me reí de mí misma al ver la casa que yo había elegido y decorado ser ocupada ahora por ellos dos, que más cruel podía ser, que más desgraciados y descarados podían actuar.
La última imagen era de una invitación, estaban en estos instantes celebrando su unión en la que debía ser mi casa. La irá me envolvió, limpie mis lágrimas, caminé al armario y me coloque el vestido de novia que tontamente aún mantenía guardado.
Recogí mi cabello, maquille y trate de lucir idéntica a ese día, día en que me lastimaron, coloque el vestido y salí de mi departamento dispuesta a arruinar su gran día así como ellos arruinaron el mió, ya nada me importaba, solo en mi cabeza está la idea de hacerlos sentir lo que yo.
Me contacté con aquella revista de sociales que no dejaba de enviarme mensajes para obtener una entrevista, obviamente querían el chisme completo, tener la exclusiva del por que lo que parecía ser el evento del año no sucedió.
Al recibir mi mensaje respondió con rapidez, envié la dirección del lugar al que debía dirigir y la persona solo envió que estaba en camino, querían la exclusiva y yo se las daría, nadie podía iniciar su felicidad sobre el sufrimiento de otro y eso ellos lo aprenderán y me importaba muy poco si me veían como la mala de la historia.
Al llegar una chica ya estaba allí, al verme le indicó al chico que la acompañaba tomarme fotos, verme vestida de novia debió ser una sorpresa para ella.
No dije una palabra entre a la casa seguida por ellos, tragué las ganas de llorar, había decorado esta casa con tanta ilusión, la imaginé llena de niños, risas, momentos felices y mucho amor. Sonreí sin gracia y entré al salón en el cual estaban los familiares más cercanos de Carlos, al igual que los míos, todos sonreían y conversaban animados y de la tonta Siena ninguno se acordó.
—¡Buenas noches! —dije llamando su atención.
Todos voltearon a verme, la expresión de sorpresa en todos fue divertida en cierto modo, mamá camino hacia mi y Alec agacho la cabeza al igual Carlos.
—Siena ¿qué crees que haces? —Dijo al tomar mi brazo —Salgamos de aquí —Intento llevarme a la salida.
—¿Por qué debo irme? ¿Es una celebración no? Aunque creo que olvidaron mi invitación.
El fotógrafo atrás no dejaba de tomar fotos, acción que pareció alterar a la madre de Carlos.
—¡Salgan de aquí ahora!¿ Siena cómo te atreves? —Me reclamó.
—Como se atreven a ustedes a celebrar esta burla aquí, en el lugar que yo elegí, en el cual yo invertí mis días en decorar. Debieron tener más vergüenza y buscarse otro lugar pero la palabra vergüenza no existe entre ustedes.
Dije con la mira fija en Carlos y Alec, mi madre me rogaba en voz baja por que callara y el padre de Carlos intentaba hacer salir a la reportera.
—¡Siena por favor! —Alec pidió con voz temblorosa, su mirada llena de tristeza.
Aquello me rompió, seguía siendo mi hermano y lo amaba, pero no podía perdonar y olvidar lo que me había hecho.
—Pensé que estaría feliz de que se divulgará la noticia —Dije limpiando mis lágrimas —Toma esto como mi regalo.
Tomé una copa de la mesa y después de tomar un trago solo lo dije.
—Felicidades y mucho amor a los esposos Orellana —Los señales a ambos y el fotógrafo sin pedirlo les tomó fotos en repetidas ocasiones.
Mi madre a mi lado empezó a llorar y sin previo aviso dejó una bofetada en mi rostro, sonreí al sentir el ardor en mi mejilla, pero aquello no dolía más que mi corazón.
—¿Cómo te atreves a hacerle esto a tu hermano? —Me reclamó.
—¡Te duele lo que yo le haga a tu hijo! —Le grité —No te vi dolida y tampoco ofendida cuando él se follaba a mi novio, cuando minutos antes de mi boda me soltó en la cara que tenían una relación y mucho menos cuando te paraste frente a los invitados y dijiste que había sido yo quien canceló la boda.
—Nunca entenderás —Dijo con la cara llena de lágrimas.
—No me interesa entender, no me diste un abrazo siquiera, ni un consuelo. Pero aquí estás muy feliz celebrando, que tu querido hijo ahora vive plácidamente en la que sería mi casa.
—¡Siena basta! —Carlos intervino —Si el problema es la casa la dejaremos, pero detén esto.
—No quiero esta casa, el problema eres tú y él, me destruyeron y ahora aparentan tener una vida feliz…—Tire el pastel al suelo y todo lo que había en la mesa.
Alec se dejó caer al sofá aún seguía sin verme.
—Así me dejaste, minutos antes —Me señale vestida —porque ni siquiera tuviste valor de terminar con todo antes, maldito cobarde —Le grite —Te mucho cuidado hermanito, tal vez el día de mañana lo encuentres con otro o otra, quien sabe.
Solté con burla al terminar el trago en mi copa.
—En fin les deseo una feliz o una llena de desdicha. ¡Vivan los novios!
Grité antes de salir de la casa, subí a mi auto y me aleje de allí, kilómetros después me estacione y llore, grite y me reproche, pero después de un rato me sentí aliviada y supe que aquello era lo que no me dejaba ir, tenía esa deuda pendiente y ahora que la cobre estaba lista para irme, para empezar de nuevo.
Llegué a mi departamento y después de quitar el vestido y tirarlo a la basura, me senté frente al computador y envié respuesta a la propuesta laboral.
Ahora tres días después estaba en aquí Viena siendo recibida por mi nuevo jefe, el cual había ordenado llevarme ante él apenas llegara, eso fue lo que dijo la chica que me recibió.
—Señor, aquí está Siena Morris.
La chica anunció y sin esperar respuesta salió del lugar, dejándome sola con el hombre sentado frente a su computador tecleando algunas cosas.
Me removí incómoda ante el silencio prolongado, los nervios me estaban consumiendo.
Después de lo que para mí fue una eternidad el hombre se puso de pie, alto, serio, con aires de superioridad y una mirada que parecía quemar.
Mis piernas temblaron al sentir aquella mirada sobre mí y cuando empezó acercarse sentí que se me cortó la respiración. Se detuvo a centímetros de mi rostro, me sentí pequeña a su lado y en cierto modo me sentí cohibida ante su aura. imponente.
—Hasta que decidiste venir a mí —Exclamó con voz ronca —Es un placer verte de nuevo Siena.