Capítulo 7

1443 Words
Reí por lo bajo, aún con mi vista clavada sobre él. —Eso no es lo que pregunté —él asintió. —Acababa de tener sexo y estaba huyendo —y, allí estaba su honestidad bruta. Fruncí mi ceño y lo aparté un poco de mí. —Vaya... Entonces, eres de los que tienen sexo y se marchan. Sorprendentemente, te imaginé con un poco más de... —él no me dejó finalizar. Una divertida sonrisa se apareció en su rostro y no pude evitar encontrarme confundida ante aquello. —¿Me imaginaste? —tragué grueso y reí. ¿Por qué me hacía esto? —¿Llegamos a tener sexo o me arrojaste un vaso de agua antes de que sucediera? —él dijo y volvió a acercarse un poco más a mí. Sus ojos marrones se encontraban clavados sobre los míos y podía sentir como su pecho subía y bajaba con una velocidad más rápida de lo usual. —Recuerdo tus manos en mi trasero y tus besos en... —me detuve y ahora lo aparté por completo de mí con una sonrisa en mi rostro —. Lo siento, no eras tú. Me he confundido —lo engañé y me aseguré que todo a mi alrededor se encontrara en su lugar. Eso era todo, ya podía marcharme de aquí. —¿Sí te besan muchas veces de imprevisto? —me preguntó y volteé a verlo algo desentendida. Luego de unos segundos, recordé nuestra conversación en Año Nuevo. Yo le había dicho que era una tradición para mí arrojarles agua a personas como él que me besaban de sorpresa. Le di una sonrisa de lado y asentí, claramente mintiendo. Él era la primera persona que lo había hecho. Si sucediera más a menudo, llevaría gas pimienta conmigo, aunque supongo que debería de hacerlo de todas formas... por si acaso. Cogí mi abrigo, mi bolso y las llaves del lugar. —¿Te quedarás a dormir aquí o qué? —le pregunté y suspiró. Él se acercó a mí y, nuevamente, aquel frío polar me dio un fuerte golpe —¿Cuándo fue que llegaste a la ciudad por la boda de mi hermana? —le pregunté y él cerró el cierre de su campera. Hacía un frío de morirse. Había tanta nieve que casi no podían verse las calles. —El mismo día por la mañana —respondió y sonreí, demasiado asombrada. —¿Llegaste por la mañana y ya estabas teniendo sexo con una desconocida por la tarde? —pregunté y largué una carcajada al aire, con aquel vapor blanco saliendo de mi boca —Eso es sorprendente —debería de pedirle algunos consejos. Cerré la puerta con llave y la guardé en mi bolsillo. —No era una desconocida —reveló y posé mi mirada sobre él. —Entonces, ¿era una Birdie dos? —él rió y asintió. —Algo por el estilo... —respondió y aclaró su garganta —. Tengo mi coche aquí. Puedo llevarte a tu casa, si quieres —le di una sonrisa y negué. Sabía bien cuál era su plan; hacer de caballero para que no debiera caminar sola con la nieve y descubrir la dirección de mi casa. —Estaré bien —le dije y una ola de viento congelado golpeó mi rostro. Más bien, se había sentido como una bofetada real que me pedía que volviera a pensar su propuesta. Mis ojos se pusieron vidriosos de tan sólo intentar ver el camino que me quedaba por delante para llegar a mi departamento. —¿Estás segura? —me preguntó y suspiré. Me sería imposible llegar de esta forma. Cerré mis ojos, esperando no arrepentirme, y dirigí mi vista hacia él. —Bien, acepto —me rendí y lo seguí hasta su coche. Al llegar, a pesar de estar bajo una gruesa capa de nieve, podía deducir que era un modelo muy caro. Él abrió la puerta del acompañante y lo observé extrañada. ¿Kai siendo realmente un caballero? Esto era nuevo. Al adentrarme, no sólo el aire cálido me invadió, sino también aquel perfume suyo, el mismo que tenía aquella playera suya que me había arrojado en la fiesta de Brynn. La puerta del conductor se abrió y él tomo asiento a mi lado. Él encendió la calefacción y me puse el cinturón de seguridad. —¿Dónde vives? —al oír aquello, no pude evitar sonreír. Maldito Kai. —Finalmente, has conseguido lo que tanto anhelabas —él me observó expectante —. Saber dónde vivo —él rió y acabé por dársela. El viaje no había sido para nada extraño o incómodo. De hecho, se había sentido como estar con un amigo. —¿Qué escribes? —me preguntó de repente y alcé mi rostro para observarlo. La oscuridad nos invadía, pero a veces podía ver su rostro con claridad al pasar por debajo de las luces de la calle — Siempre llevas una libreta contigo. Supongo que escribes —emitió, sin quitar su mirada de la ruta, y supuso bien. —Escribo ciencia ficción y romance —respondí y él se encontró algo sorprendido. —¿Romance erótico? —su pregunta provocó que me echara a reír y que mis mejillas enrojecieran un poco. Su honestidad me recordaba tanto a Brynn... —A veces —declaré y sonrió. —Definitivamente, debo leer esos libros —largué una carcajada al aire. Ya quisiera... —Eso no sucederá. Además, estoy segura que nada allí te sorprenderá —Kai me observó de reojo. —Al parecer, ya tienes todo un perfil creado sobre mí. De cualquier forma, quiero saber qué sabes tú —aquello me tomó por sorpresa. Por alguna razón, mis manos comenzaron a sudar y comenzaba a hacer algo de calor aquí dentro. Me obligué a calmarme y suspiré. —Lamento informarte que sólo parte de mi conocimiento está plasmado en ellos —mentí. Todas mis experiencias sexuales habían sido más de lo mismo; el clásico encuentro s****l. Nada de juego previo, sólo sexo. Sin embargo, mi imaginación volaba cuando escribía mis libros... Los encuentros en ellos eran un sólido ocho, pero en la vida real eran un tres... con algo de suerte —. Además, el perfil no lo he creado yo. Es del que todas hablan —lo vi asentir. Entonces, todo lo que había oído sobre él sí había sido verdad. —Es el perfil que me han creado —reveló él, contradiciendo lo que pensaba. —Ah, entonces no eres tan increíble en la cama como dicen —él comenzó a reír. —Supongo que tendrás que descubrirlo —llené mi pecho de aire y divisé mi departamento a lo lejos. Gracias a Dios y a los ángeles. No me habría sido posible tolerar esta situación mucho más —. Aquí es —me informó y volteé a verlo. —Gracias por traerme. Prometo que no volverá a ocurrir —le confesé y rió por lo bajo. —Ansío leer alguno de tus libros —él me observó —. Los eróticos me interesan más —le di una maliciosa sonrisa. —Tendrás que imaginarlos, porque no los leerás —le informé y su rostro se acercó considerablemente al mío. Su mirada estaba inspeccionando cada uno de mis facciones hasta clavar sus oscuros ojos sobre los míos. Inevitablemente, mi respiración comenzó a acelerarse. No sucedía todos los días que alguien como Kai se encontrara a centímetros de tu rostro. —Créeme, Piper —mi nombre volvió a salir de sus labios con el mismo tono de siempre —; ya lo estoy imaginando —ahora su mirada se posó sobre mis labios y abrí la puerta. Si bien aquellos se veían apetecibles, mantener la distancia entre nosotros era lo mejor que podía hacer. Me aparté de él, con una sonrisa orgullosa, y me bajé de su coche. Volteé a verlo y una diminuta sonrisa se había dibujado en su rostro. —Pues, imagina con todas tus fuerzas —le sugerí y su grave risa se hizo presente —. Adiós, Kai —me despedí y me adentré al edificio sin mirar atrás. Al llegar a mi departamento, Mowgli se acercó a mí y comenzó a olerme. Me acerqué a él y acaricié su cabeza. Como si hubiese sabido que había pasado los últimos treinta minutos con un hombre, él se apartó de mí y se marchó con aquella elegancia que todos los gatos poseían. —No me agradan las relaciones tóxicas, bola de pelos —le informé mientras se apartaba de mí y desapareció —. Bueno, tampoco Kai me parecía atractivo hasta hace unos minutos atrás...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD