Capítulo 6

1751 Words
—¿Liv ya ha regresado de su luna de miel? —me preguntó Brynn y sonreí. —Sí, mira —le entregué mis celular con todas las fotos que me había enviado —. Ellos lucen muy felices juntos —le comenté y tomé el pedido de el muchacho que se encontraba frente a mí. Le entregué su pedido a Brynn y me devolvió mi celular. —¿Crees que algún día encontraremos a nuestro Jed? —me preguntó. Me gustaría creer que sí, pero el futuro era incierto... y aterrador —. Tu silencio ya me ha dado una respuesta —me dijo y suspiré. —Desearía decir que sí, pero no lo sé. Los hombres de nuestra edad no están preparados mentalmente para lo que nosotras buscamos —le expliqué y ella volteó a verme. —¿Sexo? —bromeó y me eché a reír. Sí, el sexo ocupaba gran parte de la cabeza de mi mejor amiga, pero sabía que ella también buscaba algo más que eso. —Un expreso doble, concuñada —al voltear, Atlas se encontraba frente a mí. Rodé mis ojos ante aquel término y él venía con más compañía de la usual. A su lado se encontraba una pelirroja, detrás de él se encontraba Kai con su brazo posado sobre los hombros de la morena a su lado, y el chico francés. —Mi nombre es Piper —le corregí — y este es mi lugar de trabajo, por lo que debes respetarme —divisé a Kai sonriendo y agachando su cabeza. Dirigí mi mirada hacia la pelirroja y le di mi falsa sonrisa de trabajo que decía 'debo parecer feliz porque esto me permite vivir' —. ¿Qué deseas? —ella lo pensó por unos segundos y la muchacha detrás de ella bufó. Al parecer, se le había agotado la paciencia. —Yo quiero un café americano con dos cucharadas de azúcar y tres de crema recién batida —me pidió. —¿Tú qué quieres? —le pregunté a Kai, cruzando mirada con él por primera vez desde que había llegado. —Yo... estoy bien —dijo algo dudoso y asentí. —¿Chico francés? —le pregunté y la morena comenzó a reír. —¿Chico francés? Oh, madre mía, ya quisieras —le dijo ella a Bash y, por mucho que intenté morderme la lengua, se me había hecho imposible. —Es sólo un apodo... MI apodo —le expliqué, como si debiera hacerlo por algún motivo, pero es que no debía burlarse de él. —Oh —ella volteó a verme y me dio una falsa sonrisa —, entonces tú eres la patética —mi expresión facial se endureció y la fulminé con la mirada. ¿Acaso había algún tipo de pauta para pertenecer a su grupo? Porque ser una cabeza hueca parecía ser una característica esencial, exceptuando a Bash y a la pelirroja que desconocía. Justo cuando estaba a punto de responderle, y no de la mejor forma, Kai intervino. —No seas grosera, Birdie —su tono era firme y ella clavó su mirada sobre él, anonadada. —Yo me encargo —Brynn se apareció y le otorgué mi lugar con gusto. Comencé a preparar los pedidos que recordaba y luego los nuevos que Brynn me entregó, y los cinco se aparecieron. Les entregué sus cafés y todos tomaron asiento en una mesa, a excepción de Bash. —¿He olvidado de algo? —le pregunté y negó. —No, he sido yo. He olvidado agradecerte por defenderme —le di una sonrisa de lado y sus ojos marrones estaban posados sobre mí. —No ha sido nada, no te preocupes —comenté y estiró su mano hacia mí para que la cogiera. —Aún no me he presentado; soy Bash —cogí su mano. Kai sí lo había hecho, pero era verdad que nunca nos habíamos presentado formalmente. —Soy Piper, aunque creo que ya eso lo sabes bien —él rió y asintió. —Birdie es detestable. Ya estoy acostumbrado a su mal humor —explicó él. La palabra 'detestable' parecía quedarle pequeña. —Pues, no deberías acostumbrarte. Además, eso no es mal humor; eso es comportarse como una tonta —emití y él sonrió. —Sé que quisiste decir 'zorra', pero intentas ser educada —reí por lo bajo y asentí, dándole la razón —. En fin, gracias, mademoiselle —cogió su café y se unió a la mesa con sus amigos. —Creo que me he enamorado del chico francés —bromeó Brynn y sonreí. —Él sí es un buen partido —emití, aún con mi vista clavada sobre él. —Investigaré un poco en mi cita con la dentista —me dijo y ahora clavé mi mirada sobre ella. ¿Dentista? Ella me dio una sonrisa de 'lo siento pero es lo que hay' —. Tendré que marcharme antes —suspiré y asentí. Eso significaba que me tocaba cerrar la cafetería sola otra vez. —Espero que recibas un gran pinchazo —emití y golpeó mi brazo, por lo que comencé a reír. —¡Oye, no seas así! Sabes que odio las inyecciones. —Ya es la segunda vez que me dejas sola —ella se acercó a mí y cogió mi rostro entre sus manos. —Prometo compensártelo —entrecerré mis ojos —. ¿Qué quieres? —me preguntó y sonreí —. ¿Piensas lo mismo que yo? —¿Qué piensas? —ella besó mi frente y se apartó un poco de mí. —Estoy de acuerdo, un juguete s****l me parece una increíble idea —me acerqué a ella y cubrí su boca. Observé a nuestro alrededor, esperando que nadie hubiese oído lo que Brynn acababa de decir. —¿Estás loca? —susurré, entrando un poco en pánico. Muchas veces, me espantaba que ella dijera lo que se aparecía en su cabeza sin pensarlo demasiado. No por mí, a mí me daba igual que hablara sobre juguetes sexuales o el tamaño de los p***s, pero hablar sobre eso aún seguía siendo un tema tabú en la sociedad. Dejé de cubrir su boca y ella sonrió. —Ese será mi regalo tardío de Navidad para ti. Puedes pensar en Kai mientras usas el juguete sin perder tu dignidad —susurró y cubrí mi rostro con las manos. La imaginación de Brynn valía oro. —Hay nuevos clientes —le informé y ella se acercó a ellos. Brynn se había marchado hace un rato. Ya sólo quedaba el grupo de Kai y una pareja en la cafetería, pero yo debía acomodar todo para cerrar el lugar. Me acerqué a la pareja y dibujé aquella falsa sonrisa. —Lo siento, ya estamos cerrando —les informé y me dirigí hacia el grupo de Kai —. Ya estamos cerrando —repetí y, sin siquiera esperar algún tipo de respuesta, me dirigí hacia el mostrador. Comencé a acomodar las cosas y dejarlas preparadas para los empleados de la mañana. La pareja a la que me había acercado hace tan sólo unos minutos ahora se había marchado y el grupo restante se puso de pie. Bash pasó frente a mí y me dio una sonrisa. —Adiós, Piper —me dijo y también le di una sonrisa. —Adiós, concuñada —emitió Atlas, con su brazo posado sobre el hombro de la misma pelirroja que hace una hora atrás. Ella sólo me dio una sonrisa. —Adiós, hermano de Jed —le dije y aquello no pareció gustarle demasiado, pero continuó con su paso. Por supuesto, aquella tal Birdie me ignoró por completo, pero aquello era para mejor con tal de evitar algún tipo de conflicto. —Kai, ¿vienes? —le preguntó Atlas y alcé mi vista. No podía encontrar a su amigo por ningún lado. —Me quedaré a ayudarla —me sobresalté al oír su voz a mi lado y clavé mi vista sobre él. —Gracias, pero puedo hacerlo sola —comenté. —Ya has oído, Kai —la voz irritable de aquella morena resonó en mis oídos y sólo quería cubrirlos —. Ella se puede encargar sola —me quité mi delantal y lo guardé en uno de los cajones. —Los veo mañana —fue lo último que les dijo antes de oír lo puerta cerrarse. Me acerqué a ella y la cerré con llave para que ningún otro cliente se adentrara. Me volteé a verlo y su vista se encontraba posada sobre mí. —Ya que estás tan ansioso por ayudarme, coge el trapo gris y limpia las mesas —le pedí y eso hizo. Yo me dediqué a limpiar las máquinas y a guardar el dinero recaudado. —Siento cómo te ha tratado Birdie —me dijo desde una de las mesas. —Gracias, pero no eres tú quien debe disculparse por su comportamiento —emití. —¿No te interesa saber si es mi novia? —ante aquella pregunta, no pude evitar reír. —En lo absoluto pero, ya que preguntas, deduzco que tienes sexo con ella —él sonrió, pero no era aquella sonrisa engreída que tanto odiaba. Esta vez, parecía ser una genuina. —¿Por qué crees eso? —suspiré y detuve lo que estaba haciendo. —Ella se sintió traicionada cuando le dijiste que no fuera grosera conmigo —expliqué —. Eso me deja dos opciones: no le gusta que la regañen o está celosa. Si no hubiesen tenido sexo, no tendría demasiado sentido que lo estuviera —él me observó algo sorprendido —. ¿Estoy en lo cierto? —él sonrió. Oh, sí que lo estaba. —No, de hecho —reveló y fruncí mi ceño. ¿Cómo era eso posible? —. Supongo que ella sí quiere tener sexo conmigo, pero no ha sucedido —explicó y se adentró a la parte en la que sólo trabajadores podían estar, acercándose a mí —. Tu deducción no estuvo tan equivocada, pero no le has acertado —me informó y asentí. —Entonces —aclaré mi garganta y clavé mi mirada sobre él —, ¿me contarás por qué apareciste en mi habitación aquel día? —él me dio una sonrisa y sabía que su honestidad se avecinaba. Él se acercó un poco más a mí y quedé acorralada entre la mesa y su cuerpo. —Tú fuiste mi salvación —declaró con su voz grave
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD