Hoy me tocaba cerrar la cafetería. Por alguna razón, esta vez no me había sentido tan intimidada por mi jefe. Tal vez, era porque lo había visto en su rol de padre y lo había percibido de una forma diferente. Sin embargo, aquella aparición de Kai seguía latente en mi cabeza. Cuando lo vi en la boda de mi hermana, por un momento, pensé que él viviría en aquella ciudad. Jamás creí que continuaría encontrándomelo y que sería un dolor de cabeza cada vez que lo hiciera. Brynn se había marchado hace treinta minutos porque le había prometido a su hermana que recogería a su sobrina a la clase de piano. Usualmente, solíamos cerrar el lugar juntas, pero hoy era la excepción. La noche se veía oscura y fría. La nieve aún se encontraba en el asfalto y lo único que me permitía verlo eran las luces de la calle. Si no fuera por ellas, me sería imposible llegar a mi departamento. Además, regresar sola y tan tarde no era una idea que me fascinara. El problema de ser escritora y ver muchos documentales de misterio es que me llegaba a imaginar los peores escenarios de una forma tan real que me acojonaba. Vestí mi abrigada campera, cogí mi bolso y las llaves de la cafetería. Tan pronto abrí la puerta, una ola de frío me invadió y recordé cuánto odiaba trabajar en las noches de invierno. Cerré la puerta con mis manos temblorosas -ya no sabía si era del frío o por estar sola tan tarde- y metí mis manos en los bolsillos de mi campera, dignándome a caminar tan rápido como pudiera. —Piper —una voz me sobresaltó y no pude evitar largar un chillido del miedo. Sólo una persona decía mi nombre de esa forma; con su voz firme y grave. Volteé a verlo y me acerqué a darle un golpe en su pecho. —¡No vuelvas a asustarme así! —le dije y él sólo me dio una divertida sonrisa. —Lo siento, no fue mi intención —sí, cómo no. Rodé mis ojos y me eché a caminar. Oí sus pisadas sobre la nieve y su figura se apareció a mi lado. —Esto sí es acoso —emití. Aparecerse tan tarde aquí sin siquiera conocerme... Creo que esta vez no estaba confundida. —Este soy yo intentando ser un caballero para que no regreses a tu casa sola —largué una carcajada al aire, sin creer ni una palabra de lo que acababa de decir, y clavé mi vista sobre él. —Este eres tú intentando saber dónde vivo. Lo de caballero lo perdiste en cuanto me besaste bajo el muérdago —él rió por lo bajo. —Ya te lo he dicho; es tradición —suspiré. —Tradición o no, no ha estado bien —respondí. —Tampoco ha estado bien que me arrojaras agua —me recriminó y sonreí al recordarlo. —Si esperabas que continuara con el beso, estabas equivocado. Además, no tiene nada de malo ser rechazado —ahora él rodó los ojos. —No lo he sentido como un rechazo, más bien que aún no estás preparada para mis besos —clavé mi vista sobre él. ¿Quién se creía que era? —¿Aún? —reí — Tendrías suerte si te beso en tus sueños, porque no sucederá en la vida real —espeté y él se encogió de hombros. —Me mantengo optimista —fruncí mi ceño. Este muchacho estaba loco de remate. —¿Optimista sobre qué? —En que la próxima vez que te bese no me arrojaras agua —suspiré y detuve mi paso, volteando a verlo. —Mira, Kai, ya me han informado de tu extenso historial —él entrecerró sus ojos pero proseguí —. Tu tiempo debe de ser muy preciado, por lo que lo diré simple y rápido; no tienes ninguna oportunidad conmigo. No tendremos una noche juntos, ya que estoy segura que eso es lo que quieres —él no lo negó —. Me has dado una Noche Buena que jamás olvidaré, pero eso es todo. Ha sido un gusto conocerte -no en verdad- y hasta aquí llega... esto —sin importar lo que fuera. Él me observó por unos largos segundos y aclaró su garganta. —¿No te mueres por estar conmigo? —reí, sin poder creer su bruta honestidad, y palmeé su pecho. —Buena suerte, Kai. Adiós —comencé a alejarme de él, pero claro estaba que era él quien debía tener la última palabra. —¿Segura que no quieres que te acompañe hasta tu casa? —me despedí de él con la mano y me marché. Afortunadamente, llegué a mi casa sana y salva. Mowgli me recibió como siempre y lo cargué en mis brazos. Él apoyó su cabeza en mi hombro y sonreí. —Eres el único hombre que necesito en mi vida, pequeña bola de pelos —le dije y suspiré. Kai no sólo era mala influencia, si no que sabía que jugar con él era peligroso. *** —Necesito que me cuentes todo —ella tomó asiento a mi lado, dejando su bandeja de comida sobre la mesa con determinación —. No puedo creer que me lo hayas ocultado —me susurró indignada. —No es algo tan increíble por contar —ella comenzó a reír, pero yo no había dicho ningún chiste. —Me refería a él, a aquella bomba s****l llamada Kai —rodé mis ojos y resoplé —. Tienes toda mi atención —me dijo y me senté erguida. Le conté toda la historia, desde que se había adentrado a mi habitación del hotel hasta el evento en la fiesta de Año Nuevo. Brynn se tomó unos segundos para procesar toda la información y se dignó a hablar. —Entonces, él sólo quiere tener sexo contigo —emitió y asentí. Ella ahora clavó su mirada sobre mí —. ¿Por qué no lo haces? —fruncí mi ceño. ¿Por qué lo haría? —Si te gusta, ve y ten sexo con él —ella negó. —No es conmigo con quien quiere tenerlo. Está claro que él te desea a ti —suspiré y asentí. —Pues, el sentimiento no es mutuo —respondí. —Él parece ser de esos hombres que te brindan una experiencia de la que no serás capaz de olvidarte jamás... —alcé mi ceja y la observé. Gracias por la gran ayuda, Brynn — una experiencia s****l —aclaró. —Gracias por la aclaración. Creí que te referías a una experiencia por el Himalaya —comenté con sarcasmo. —Piper —mi amiga se acercó más a mí. Vaya que no se rendía con facilidad —, ¿cuándo ha sido la última vez que has dormido con alguien? —me preguntó y me apoyé pesadamente sobre el respaldo de mi silla. Esta sería una larga conversación... —No lo sé... ¿Hace seis meses? —deduje, ya que no lo recordaba con exactitud, y ella me observó perpleja. —¿Cómo es que tienes sexo si casi nunca sales de tu departamento? —ante su pregunta, no pude evitar reír — En fin, no era en eso en lo que quería enfocarme. ¿Qué tan bueno ha sido aquel encuentro? —suspiré. No tan bueno como hubiese esperado, pero no tan malo como podría haber sido. —Un seis —revelé y ella me dio una sonrisa. —Estoy segura que Kai sería un diez, incluso un once aunque no exista como puntaje —explicó —. ¿Qué pierdes si tienes sexo con él? Necesito una buena respuesta para dejar de insistir —volví a acomodarme en mi asiento y la observé. —Pierdo mi dignidad, Brynn. ¿Sabes que sucederá después de acostarme con él? Pasaré a ser una más en su lista —expliqué —. Yo valgo demasiado para formar parte de aquella —ella suspiró y me dio una sonrisa de lado. —Me has convencido —me dijo —. Yo no sé si me quiero lo suficiente como para privarme de estar en su lista —me informó y comencé a reír. —Si no te importa tener algo de una noche, puede que él sea el indicado —comenté. —Aunque, pensándolo bien, no sé si sea buena idea tirarme al hijo de mi jefe —emitió ella. —Ya ves cómo es una mala idea —añadí —. Parece que el destino quiere que nos mantengamos apartadas de él. O, al menos, eso esperaba...