Mi descanso había llegado a su fin. La alarma comenzó a sonar tan temprano como siempre y gruñí al caer en la realidad; debía asistir a la universidad por la mañana y luego asistir a mi trabajo. Había estado trabajando por tres años en una editorial... entregando cafés. Eso no era lo que yo quería. A fin de cuentas, me parecía más interesante saber cómo se preparaba un café y no entregarlo. Brynn me había conseguido un puesto en la cafetería en la que ella trabajaba -punto extra por estar con ella- y el salario era casi igual. De igual forma, no dejaba de ser un trabajo, por lo cual resultaba algo tedioso pero era lo que nos permitía vivir a Mowgli y a mí. Salí de mi cama y me dirigí hacia el tocador para limpiar mi rostro con agua fría. De otra forma, no me despertaría en todo el día. Desayuné algo rápido, me vestí y me dirigí hacia la universidad. No compartía todas las clases con Brynn, por lo que muchas veces nos encontrábamos en el comedor de la universidad cuando éstas finalizaban. Luego de esto, almorzábamos algo rápido y nos marchábamos hacia nuestro trabajo. —¿Cómo estuvo la primera clase? —me preguntó, al tomar asiento en la mesa, y bufé. Honestamente, el agua fría no había ayudado a despertarme esta mañana. —He pasado toda la mañana más dormida que despierta —respondí y rió. —Pues, más te vale encontrarte despierta en el trabajo porque hoy nos visitará nuestro jefe —me informó y mis ojos se abrieron como dos grandes platos. ¿Y eso por qué? Desde que había comenzado mi trabajo allí, sólo lo había visto una vez y había sido algo estresante. Me había sentido juzgada y muy nerviosa, pero supongo que eso era normal. —¿Por qué? ¿Acaso he hecho algo mal? —pregunté asustada y ella negó. —Es que a él le gusta tener todo bajo control. Será igual que la última vez, no te estreses. Sólo actúa con normalidad y todo irá bien —me explicó y llené mis pulmones de aire. No había forma de que actuara con normalidad cuando sentía que me estaban evaluando. Brynn era de esas a las que le daba igual; tal vez, era porque ella no necesitaba realmente el trabajo. Sus padres tenían dinero, pero ella trabajaba porque decía que le hacía sentir independiente... Quién pudiera. La presión que ella sentía no se comparaba a la que yo sentía. —Haré lo posible por actuar normal —susurré —. ¿Te tomó mucho tiempo ordenar tu casa luego de la fiesta? —ella bufó. —Hasta que salió el sol —respondió —. Gracias por quedarte y ayudarme por un rato. —Mientras no me obligues a socializar, sabes que tienes todo mi apoyo —ella comenzó a reír. —¿Mademoiselle? —oí a mis espaldas y clavé mi vista sobre Brynn. Ella tenía su mirada posaba sobre él y decidí voltearme a verlo. Extrañamente, no venía acompañado de aquel arrogante amigo suyo. Esto no podía ser verdad... —Chico francés... —dije, ya que era lo único que sabía de él. De hecho, ni siquiera sabía si era realmente francés, aunque sí lucía como uno. No porque dijera 'mademoiselle' debía serlo —. ¿Qué haces aquí? —me atreví a preguntarle. Por favor, no estudies aquí... —Estudio aquí —reveló y cerré mis ojos. Mierda. Él no era tanto el problema; sólo esperaba que su amigo no estudiara aquí también —. Ya debo marcharme a mi clase, pero nos vemos por ahí —le di una falsa sonrisa y se marchó. —Piper... —mi amiga comenzó a hablar y tragué grueso. Realmente temía a lo que fuera a decir —, ¿él te ha besado bajo el muérdago? —me preguntó y comencé a negar frenéticamente. No, pero cerca. —Se nos hará tarde para el trabajo —me puse de pie y cogí mi bolso. Brynn me observó algo extrañada pero también se puso de pie sin quejarse. Al llegar a la cafetería, nuestro jefe parecía aún no haber llegado. Colgué mi abrigo al lado de donde había dejado mis pertenencias y me puse mi delantal. Me dirigí hacia las máquinas y comencé a preparar los pedidos. Como era de esperarse, no me había relajado ni un segundo. Cada vez que tenía la oportunidad, volteaba a ver la puerta y ver si era él quién se adentraba. —Puede que hoy no venga —me dijo Brynn, observando el reloj en su muñeca —. No suele tardarse tanto —al oír aquello, me pude relajar un poco y asentí. Esperaba que ese fuera el caso. Al llegar dos nuevas personas, Brynn me entregó su pedido y comencé a preparar sus cafés. Luego de casi dos meses, esto era algo que hacía automáticamente. No debía pensar demasiado qué era lo que hacía, pero tampoco debía descuidarme; lo último que quería hacer era cagarla. —Piper... —la voz de mi amiga me quitó de mis pensamientos —, ¿acaso es aquel el chico francés? —me preguntó y alcé mi rostro con rapidez. Efectivamente, lo era, y no venía solo. Uno de ellos lucía muy similar a Jed, el esposo de mi hermana. ¿Cómo es que no recordaba haberlo visto en ningún momento? Eso podía ser porque siempre me encontraba dentro de mi propia burbuja y todo a mi alrededor desaparecía por completo. Tragué grueso y me encontré con la mirada de Kai. Esto debía ser una maldita broma. ¿Cómo me había encontrado? —¿Qué me he perdido? —volvió a preguntar y ahora volteé a verla. —Sí es chico francés —confirmé y me acerqué más a ella —y el de chaqueta de jean azul... —aclaré mi garganta —. Él es quien me ha besado bajo el muérdago —susurré y la boca de mi amiga se abrió de la sorpresa. Ella dirigió su vista hacia él y regresó hacia mí —. Te ruego que tú tomes sus pedidos —ella asintió, sin emitir palabra alguna. No sabía si lo que le había contado la había dejado sin palabras o no le parecía ningún castigo ir a tomar su pedido. Le entregué sus cafés a las dos personas anteriores y esperé impaciente por mi nuevo pedido. —Piper —oí la voz de Brynn y clavé mi vista sobre ella. ¿Qué hacía? ¿Acaso no había comprendido que no quería estar cerca de ellos? Ella alzó sus manos al aire, como si no le quedara demasiada opción, y yo llené mis pulmones de aire. Dibujé una falsa sonrisa en mi rostro y me dirigí hacia ella... y ellos —, él pregunta si tú puedes tomar su pedido —por supuesto, ese dolor de trasero era Kai. —Mademoiselle —emitió el chico francés y suspiré. Brynn rió por lo bajo ante aquello —, ¿trabajas aquí? —me preguntó. No, sólo llevaba el delantal de la cafetería porque estaba de moda. —Sí, chico francés. —Al fin nos conocemos. Soy el hermano de Jed —él me dio una seria mirada y estiró su mano hacia mí para que la cogiera. Por poco que quisiera, yo aún seguía teniendo modales y ahora éramos algo así como familia. La cogí y asentí —. Mi nombre es Atlas —me dijo. —Gusto en conocerte, Atlas, pero debo seguir con mi trabajo —les informé, especialmente a Kai. —¿No puedes ser tú quien tome mi pedido? —me preguntó y volví a llenar mis pulmones de aire. Yo no tenía paciencia para estas cosas. Volví a dibujar una falsa sonrisa en mi rostro y negué. —Tenemos trabajos designados —mentí. Él sonrió y entrecerró sus ojos. No me había creído ni una sola palabra. —Bien —de alguna forma, se conformó y me marché hacia mi lugar. Al llegarme sus pedidos, podía notar como Kai observaba cada uno de los movimientos que hacía —. Eres buena en esto. ¿Cómo es que no te había visto aquí antes? —me preguntó y suspiré. ¿Podría denunciarme por mala atención al cliente si no respondía? —Sólo he trabajado aquí por dos meses —expliqué, simplemente. —¿Qué días trabajas aquí? —ante aquella pregunta, sonreí y negué. —No me acosarás en mi trabajo —le dije y él me observó algo desconcertado. —Oye, yo jamás te acosaría —alcé mi ceja, sin creer lo que estaba diciendo. —Fue extraño que te aparecieras en la fiesta de año nuevo y es extraño que ahora te aparezcas aquí. No quisiera llamarle acoso, pero... —él se echó a reír. —No eres el centro del mundo, Piper —al decir aquello, no pude evitar observarlo seriamente. ¿El centro del mundo? Mowgli me parecía más significante en este mundo que yo misma. —Ya, déjala tranquila, Kai —intervino Atlas —. Birdie nos está esperando —me apresuré y les entregué sus cafés. —Sólo dame dos minutos —le dijo Kai y, acto seguido, pasó por encima de la mesa que nos separaba y se adentró en la parte que sólo personal de trabajo podía estar. —Oye, no, no puedes estar aquí —ahora intervino Brynn, pero él la ignoró. Kai clavó su mirada sobre mí y se acercó hasta acorralarme entre su cuerpo y la pared. —Estás causando disturbios en mi lugar de trabajo —le dije, pero también me ignoró. —Bash, el chico francés, es compañero de tu amiga. Oyó que habría una fiesta y sólo fuimos. Esta cafetería es un lugar público, por lo que sí ha sido una casualidad encontrarte aquí. Al parecer, el destino nos quiere juntos —me explicó y le di una sonrisa furiosa. —Esto también es acoso —le informé, señalándole la mesa que había traspasado para acercarse a mí. —¿Kai? —una voz firme y grave me hizo sobresaltar y volteé a verlo. Maldición, era el jefe que iba a llegar, que luego Brynn me informó que podía que no fuera a hacerlo pero que aquí estaba. Su mirada se posó en el arrogante muchacho que tenía a tan sólo centímetros de mí y él se apartó un poco. —Hola, papá —al oír aquello, cerré mis ojos y maldije a mis adentros. Esto debía ser una maldita pesadilla. Kai no podía ser el hijo de mi jefe... —¿Qué haces aquí? No esperaba verte —le dijo su padre y Kai volteó a vernos -a Brynn y a mí- con una falsa sonrisa en su rostro. —Sólo quise desearles buena suerte. Sé que a veces puedes llegar a ser intimidante —mintió y rodé mis ojos. Que hipócrita que era. —¿Se quedarán aquí? —les preguntó a los tres. Fuera de su rol de jefe, no parecía ser tan intimidante o autoritario. —Birdie nos está esperando —respondió el hermano de Jed. —Bien. Estaré en la casa en unas horas —le informó a Kai. Al parecer, sí habían sido casualidades todas las veces que nos habíamos encontrado. Su padre desapareció y él regresó su mirada hacia mí. —Este lugar me pertenece, por lo que puedo estar aquí y no será acoso —respondió y, sin más, se marchó junto a sus amigos. —No renunciarás —me dijo Brynn, como si hubiese leído mi mente, y bufé. —No es como si tuviera esa opción —emití y me dirigí hacia las personas que estaban esperando ser atendidas. Sin embargo, no es como si no hubiese pensando en esa idea, pero no podía darme ese gusto