Episodio 3

1672 Words
¿Qué hacía él aquí? ¿Acaso me había seguido? No, él sólo era una mala influencia, no un psicópata... ¿verdad? —¿Mierda? —repitió lo que dije, casi sin poder creerlo — No pensé que estarías tan disgustada por verme —lo fulminé con la mirada y volví a beber de mi vino. Sabía que había sido mala idea venir a esta fiesta. ¡Por dios, Piper! ¿Por qué siempre caes? Pues, porque las responsables siempre eran dos de mis tres debilidades; Liv y Brynn. Mowgli era mi debilidad faltante, aunque creía que no hacía falta aclararlo. Además, él jamás haría algo para ponerme en una situación odiosa. Oí una irritante risa por lo bajo y dirigí mi vista hacia él. —¿Qué es tan gracioso? —le pregunté con mi voz firme. Podía notar como gran parte de las mujeres tenían su penetrante mirada posada sobre él. Si fuera él, me sentiría bastante incómodo, pero supongo que él ya estaba acostumbrado a ello. Es decir, nadie podía mentir; Kai sí era muy guapo, pero parecía ser tan guapo como idiota. —Bebes vino de un vaso —respondió y rodé mis ojos —. Debo admitir que encuentras tu forma de sobresalir. Escribes en la fiesta de la boda de tu hermana, bebes vino de un vaso... ¿Acaso haces algo más que sea inusual? —reí a mis adentros. Si tan sólo supiera que actuaba todas las escenas de mis libros para sentirlas más reales... —Le arrojo agua a personas como tú —le di una falsa sonrisa y ahora su rostro se tornó serio, de seguro tras recordar aquel suceso. —Creí que era una tradición —emitió. Esperaba que estuviera bromeando, porque no había forma de que se hubiese creído aquello. Se volvería una tradición si llegaba a volver a hacerlo. —Sucede más a menudo de lo que crees —mentí y él clavó su vista sobre mí, algo atónito. —¡Kai! —un muchacho se acercó a nosotros y me observó — Hola, mademoiselle. Un gusto conocerla —me dijo con un intento de sonrisa seductora y le di mi mejor cara de asco. ¿Qué les sucedía a este par de tontos? Kai golpeó su pecho, suave pero con firmeza, y lo fulminó con la mirada. Debía tomar esta oportunidad e irme de aquí. —Ya debería marcharme —le informé a Kai y alcé mi vaso —. Feliz Navidad —le deseé aunque aún no fuera la hora y me marché de allí. Siguiendo con mi plan original, comencé a recorrer la casa en busca de ideas para mi libro. Después de lo que había sido una larga hora, guardé mi libreta -sí, la había traído conmigo- en mi bolso sigilosamente. Era increíble cómo inéditas cosas podían suceder en una fiesta. Desde una muchacha echada en el suelo jugando al ping-pong con ella misma hasta una lo suficientemente ebria nadando crol en la piscina. Eso era peligroso. No sólo porque hacía demasiado frío, pero estar en aquel estado en una piscina no era buena idea. Unos gritos se oyeron a lo lejos y volteé a verlos. Era un grupo en uno de los juegos pasándola muy bien, al parecer. Me acerqué a ellos, ya que quería saber de qué iban estos juegos que, según Brynn, no eran los tipos de juegos que imaginaba. A algunas muchachas les faltaban prendas de ropa y también a algunos hombres. Como por arte de magia, Kai y su amigo francés se encontraban en ese grupo. ¡Es que él estaba en todas partes! Llevaba una sonrisa egocéntrica en su rostro y no pude evitar rodar mis ojos. Él era odioso de tan sólo observarlo. Al parecer, el juego iba de algo similar al 'Yo nunca' versión s****l, por supuesto. Si había algo que habían realizado, debían quitarse una prenda de ropa. Me sorprendía aún ver a Kai con casi todas sus prendas; él parecía ser del tipo que lo había probado todo, y tanto Sienna como Acacia casi que lo habían afirmado. De repente, su vista se posó sobre mí y no pude evitar maldecir a mis adentros. —Piper, deberías jugar con nosotros —me invitó él y negué. Ni por muerta me congelaría de frío... o me desvestiría frente a él. —No, gracias. Me gusta que mi vida siga siendo privada —emití y él asintió, sin insistir demasiado. —Puedes estar de espectadora —me sugirió su amigo francés y me eché a reír. —¿Y verlos desnudarse? Aunque les cueste creerlo, no me interesa en lo absoluto —les dije y las muchachas se voltearon a verme como si hubiese confesado un crimen. —Bien, tú te lo pierdes —comentó él, continuando con el juego —. Yo nunca he besado a alguien bajo el muérdago —dijo el francés a su grupo de juego y mi expresión se endureció. Él debía de haber sido el que le había gritado a su amigo que siempre había una primera vez para ser rechazado. Kai dirigió su vista hacia mí y me dio una divertida sonrisa. Él era el único que la estaba pasando bien de nosotros dos. Se deshizo de su playera y me la arrojó, quedándose desnudo de la cintura hacia arriba. El perfume de la misma me invadió por completo y clavé mi vista sobre él. —Feliz Navidad —me dijo, por más que todavía no dieran las doce —. Supongo que ese será el único regalo que me dejarás darte —bromeó y sus amigos comenzaron a reír. En cuanto a las mujeres... aquello no parecía haberles causado tanta gracia. Ni siquiera ese "regalo" quería de su parte. Podría haberla arrojado a la basura o haber tirado vino sobre ella, pero me digné a caminar hacia él con mi expresión lo más neutra posible. Yo no formaría parte de su tonto juego y no quería crear ningún alboroto. —Mi gato disfrutaría más de tu playera que yo —le dije y se la entregué. Al decir aquello, me marché de allí. Kai sí que era un verdadero dolor de cabeza. Faltaban quince minutos para la medianoche y no podía encontrar a Brynn por ningún lado. ¿Cuál era la razón de estar aquí si ella no se encontraba conmigo? Regresé a donde inicialmente me habían dado mi vaso de vino y volví a pedir otro. —¿Noche dura? —me preguntó la misma mujer que hace una hora atrás y me lo entregó — Lo digo porque eres la única tomando vino en esta fiesta —reí y asentí. —Las fiestas no son lo mío —declaré simplemente. En cuanto dieran las doce, si Brynn no aparecía, me largaba de aquí. —Eres de las que prefiere observar los fuegos artificiales desde su casa —dedujo y asentí. —Pero prefiero nada de fuegos artificiales —añadí. —Dejó a su gato con la compañía de la música para que no se asuste —mi mejor amiga apareció, finalmente. Esperaba que Mowgli estuviera bien o la culpa me comería viva —. También necesito un vaso de vino —bufó y volteé a verla. —¿Sucedió algo? —le pregunté —Es decir, algo debe de haber sucedido para que me hayas abandonado por una hora —le recriminé y ella suspiró. —Un idiota se ha metido en una pelea y debí intervenir —le dio un trago a su vino y fruncí mi ceño. —¿Y eso te ha tomado una hora? —pregunté y clavó su mirada seria sobre mí —Comprendo, no quieres hablar sobre eso —golpeé su vaso con el mío y le di una sonrisa —. Por otro año más juntas —ahora, ella me dio una sonrisa también y bebimos. —Oh, debes contarme sobre aquel beso que recibiste en Noche Buena —al recordar aquel suceso, casi me ahogo con la bebida. Especialmente, sabiendo que el involucrado se encontraba en este mismo lugar. —Se suponía que te lo contaría si podía evitar esta fiesta —mi amiga posó su brazo sobre mis hombros y me acercó a ella. —Sé que te mueres por contármelo —me susurró y reí. —En realidad, me gustaría olvidarlo —le informé y observé mi reloj. Quedaba un minuto para que dieran las doce y cogí su regalo de mi bolso —. Planeaba dártelo en Navidad, pero estaba exhausta del viaje y creí que sería buena idea entregártelo hoy —le di una pequeña cajita y una dulce sonrisa se formó en su rostro. —Oh, Piper, no tendrías que haberlo hecho... —me dijo y la abrió. Ella amaba cualquier tipo de accesorio, por lo que me decidí a comprarle un simple brazalete que llevaba como dije su nombre. Ella se abalanzó sobre mí, rodeándome con sus brazos —. ¡Es precioso! Gracias —comentó y todos a nuestro alrededor comenzaron a hacer la cuenta regresiva de los diez segundos que restaban. Al dar las doce, se oyeron las celebraciones de las personas y los odiosos fuegos artificiales. —Feliz Año Nuevo —me dijo Brynn y volteé a ver a la multitud. Besarse era algo característico en esta época del año... también. No comprendía bien por qué, pero así lo era. Muchos de los que se encontraban a mi alrededor estaban besando a quien se encontrara a su lado y, probablemente, era un desconocido. —Puede que sea nuestro turno el año que viene —me dijo mi amiga y reí. —Yo no necesito de nadie. Estoy muy bien sola —respondí y divisé a Kai a lo lejos con su vista clavada sobre mí. Él me dio una sonrisa y alzó su vaso. Llené mis pulmones de aire y aparté mi vista. Esperaba no tener que encontrármelo otra vez, o sí no comenzaría a creer que era realmente un psicópata
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