CAPÍTULO XII Alguien la estaba sacudiendo, la movía de un lado a otro y por un instante su mente pareció hacerle comprender que ya fe había sucedido eso con anterioridad. Entonces, con un esfuerzo tan intenso que casi era doloroso, Sheena volvió a la conciencia. Era Maggie quien la movía, era Maggie la que tenía puestas las manos sobre sus hombros y le decía en voz baja e insistente: —¡Despierte, niña, despierte! ¡Es importante que lo haga! —¿Qué pasa, Maggie? Sheena oyó que las palabras salían de sus labios somnolientas y temblorosas, mientras Maggie continuaba sacudiéndola para despertarla. —¡Bendito sea Dios que ya está despierta y con todos sus sentidos! — dijo Maggie, más para tranquilizarse a sí misma que porque estuviera del todo convencida de que así era. —¿Qué sucede? —preg

