Cuatro meses después de esa enorme golpiza, de la visita de Cassio, y de ser drenado y golpeado hasta el cansancio, un día que se reunió con Siniestro en el mismo lugar donde le extraían la sangre, decidió algo para él. Ya no quería ser el golpeado. Sería el golpeador. Estaba cansado de ser pacifista y solo recibir. Si quería salir y vengarse, debía sobrevivir, y solo lo haría peleando. —¿Cree que alguien podría enseñarme a pelear? —preguntó. Siniestro estaba sentado en la máquina, recibiendo su transfusión. Llevaba la camisa blanca arremangada y las piernas separadas. Se creó un lazo de confianza entre ambos. Se creó algo que sobrepasaba la confianza que tenía con cualquier otro peleador. A Styx lo dejó ver su lado humano, el que se sentaba en la máquina y sentía como la sangre salía y

