Siete años atrás —Tienes que dejar de hacerlo. Fueron las últimas palabras que Styx escuchó de su madre antes de salir de la mansión donde vivían para encontrarse con Sierra. Sierra, en su puño y letra, le había escrito una carta diciéndole que su padre le impedía verlo, y que si él escalaba como siempre y la robaba por la ventana, podrían verse una vez más. Styx, con el pecho inflado de fe y emoción por la carta, corrió a la mansión de Sierra, subió por la ventana y aterrizó dentro. La habitación estaba a oscuras, y Styx fue al bulto que estaba en la cama. —Sierra —dijo quitando la sábana y encontrándose con una cama vacía—. Sierra, ¿estás aquí? No juegues conmigo. Styx deslizó la mirada por la habitación. Abrió el vestidor, buscó en el baño, incluso abrió un poco la puerta hacia el

