Seis meses atrás . . El agua de la bañera se movía con sus cuerpos. Slava entró porque él así lo quiso. El cuerpo desnudo de Slava, mismo cuerpo que compartió con Sierra, se sentó a ahorcajadas sobre Styx y pasó sus uñas negras por su pecho húmedo. Styx era un delirio a la vista. Su piel tostada, sus espectaculares ojos azules, su rostro, sus músculos, su voz ronca e intrínseca. Todo de él era un delirio a la vista; delirio del que Slava no quería deshacerse. Por eso tantos pactos. Por eso tantas cosas que los llevaron hasta ese momento. Slava no planeaba necesitar a Styx hasta que alguien inundó su cabeza de una idea que hasta ese momento continuaba firme en ella. El amor era una toxina que infestaba el sistema, y aunque ella la evitó a toda costa, finalmente llegó y la intoxicó. S

