116 | Cuando estoy contigo no me siento dañado

2303 Words

Las lágrimas bajaban por las mejillas de Sierra. El dolor que sentía era desgarrador. Fue tanta la impresión que soltó las manos de Styx y retrocedió sobre los cristales. Styx intentó levantar la cabeza. No pudo. Estaba abatido. Le contó su secreto más oscuro. Le contó el pacto que hizo que solo su sangre liberaría. Sierra se cubrió la boca con ambas manos y apretó los párpados. Las lágrimas gruesas cayeron sobre sus manos y sus rodillas se rasparon. Sintió un fuerte dolor en el pecho y se hiperventiló. —¿Ibas a matarme? —preguntó en un alarido de dolor. Styx negó con la cabeza, aun cabizbajo. —Fue mucho antes. —¿Antes de qué? ¿De que fingieras enamorarte de mí? Styx alzó la cabeza y ella se contrajo en el suelo. —No lo fingí —corrigió—. Te quiero, Sierra. —No. No es cierto. No

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