Cuatro años después Los gemidos resonaban en la habitación. Sus muslos apretaban los de Siniestro, sus manos estaban en su pecho, las de él en sus tetas, masajeando y frotando sus pezones. Slava mordió sus labios y empujó su cadera contra la erección. Podía sentirlo agrandarse dentro de ella, apretando, raspando. Él jadeó cuando su boca se aplastó contra la de la pelirroja y sus lenguas se enredaron. Slava cerró los ojos y sus uñas se arrastraron por el pecho de Siniestro. El hombre hundió su lengua hasta la garganta de Blood, la pelirroja, y ella jadeó cuando los dedos de Siniestro estimularon su clítoris. —Bésala —pidió soltando sus labios. Con los ojos cerrados, Slava pudo sentir la lengua de Blood lamiendo sus labios. Su v****a se apretó en la erección de Siniestro y abrió su boca

