Sierra respiró profundo, secó todas sus lágrimas y salió del bunker. La familiaridad, la confianza que se creó en esas semanas juntos, le dio la libertad de salir cuando quisiera. Los hombres de Styx aun sentían recelos de la mujer, pero cuando salió esa mañana para buscar a Styx, ellos no lo impidieron. Había algo más importante que hacer, había una persona más interesante que buscar. Ellos la miraron salir usando la misma ropa y botas, y señalaron el camino. Sierra se frotó las palmas en el pantalón y en la camisa limpia, y siguió caminando. Styx no estaba cerca, y ella siguió caminando. Supuso que él quería estar solo, pero ella no quería estarlo, y en la zona más profunda del bosque, lo encontró. Styx estaba sentado en el suelo húmedo, con las manos colgando de sus rodillas. No dejó d

