Lo real y lo imaginario

2241 Words
La luz de la habitación despertó a Jon de golpe y al tratar de cubrirse, el índice derecho entablillado le obligó a exhalar un gemido de dolor. La camilla de enfrente estaba vacía, y las cortinas de su cubículo le impidieron hacer un reconocimiento del lugar exacto donde se encontraba. Todo había pasado demasiado rápido y no tenía más que recuerdos vagos del accidente. Recordaba que tenía que ver con una anciana, con un olor desagradable y una risa grotesca, pero más allá de eso, todo se ocultaba en una espesa neblina dentro del gran archivo que era su mente. No dolía demasiado, pero estaba comenzando a sentir impaciencia, de nuevo aquella sensación de vulnerabilidad y debilidad había regresado. -Señor Guerrero, es un gusto verlo despierto. Se llevó un gran susto-. Comentó la enfermera que después de un rato llegó para vigilar el funcionamiento de la maquina a la que estaba conectado. -Lamento decirle que no supimos con qué familiar contactar, así que el seguro médico se comunicó con su sitio de trabajo y un compañero estuvo acá hace unas horas ¿Desea que le llamemos o que nos comuniquemos con un familiar? -Lamento informar que no tengo familiares y me apena molestar a un compañero de trabajo por algo como esto-. Confesó Jon tratando de sentarse. - ¿Fue demasiado fuerte? -Como le decía tiene demasiada suerte de que haya salido prácticamente ileso-. La mujer miró en su libreta tratando de confirmar la información existente. -A parte de la contusión habitual y de que se dislocara el dedo, su cuerpo está en perfectas condiciones. - ¿Entonces me puedo ir? -. Preguntó Jon con esperanzas. -Me temo que solo lo podemos dejar ir en compañía de alguien, por temas de seguridad-. Respondió la enfermera. -Llamaré de nuevo a su sitio de trabajo. No se preocupe, puede seguir ocupando la cama hasta que esté listo. La mujer le dedicó una sonrisa a Jon y su presencia se ocultó entre las cortinas que dividían su espacio del de otros enfermos. Jon encontró sobre la mesa una libreta y un esfero que, aunque no eran en los que había estado llevando la bitácora, lo utilizó para tratar de recordar los incidentes pasados. “He despertado en la camilla de un hospital confundido y aturdido por los últimos hechos. Últimamente siento que he perdido la cordura y que estoy al borde de la locura, las líneas entre lo real y mi imaginación se desdibujan constantemente y, aunque trato de recordar lo que me llevo a esto, todo parece inútil. En unos momentos sé que entrará algún policía para preguntarme de qué se trató el accidente y tengo dos opciones, decirle que he visto cómo una bruja me persiguió por varias manzanas y pasar como un ebrio al volante, o recurrir a la victimización para informar que mi estado mental no es el más optimo. Sinceramente no sé cómo lo haré, pero en cualquier caso he arruinado mis pocos avances. Ahora ¿Quién era esa anciana? ¿Trataba de decirme algo en específico o tan solo eran los delirios de una enferma mental llevada a la condición de la calle por culpa de las drogas y una vida menos privilegiada que la mía? Sus palabras, aunque frenéticas y aleatorias, me daban una advertencia sobre los cazadores, bestias que parecen tomar la vida de los infieles y adelantar el apocalipsis en la tierra. Por el momento, y tal vez pasando de largo con mi labor como investigador y en contradicción con la base de mi labor como periodista, trataré de ignorar el hecho como algo aislado en la investigación con El Culto. Tal vez todo se debió a un simple ataque de pánico, mi cuerpo reaccionando a la falta de alimentos y a la sobre exposición al alcohol. Por último ¿Qué es lo que se supone que haré con este asunto con ella? Todos se empeñan en decirme que murió, pero algo me arrastra a buscarla en aquellas personas sospechosas y de sonrisa amplia. No quiero pensar que los sucesos vividos en los últimos días sean más que el producto de mi mente, quiero pensar que ella está tratando de enviarme un mensaje. Si me estoy volviendo loco, prefiero estar muerto antes de que me internen en un psiquiátrico. 26 de septiembre.” Jon miró al reloj que se alzaba sobre la cabecera de la camilla de enfrente y notó que había pasado casi una hora desde que había despertado. Escribir siempre le devolvía la sensación de paz y le ayudaba a pensar de mejor manera las cosas y materializaba aquello que ni su propia mente era capaz de organizar. Aquella letra ilegible era un truco que había aprendido desde niño luego de pasar una vergüenza en su salón de clases. Después de que Jon, como el chico aplicado que siempre había sido, terminara de hacer sus deberes en clase, se encontraba pensando en aquella chica de falda larga y cabello enredado que se había raspado la rodilla en el patio de recreo. Al principio a Jon no le parecía necesariamente linda, pero tenía una presencia y una sonrisa encantadoras que sus amigos habían confundido con un pésimo gusto con las mujeres. La chica era menor que Jon, al menos dos grados, lo cual le impidió encontrar demasiada información sobre ella. A pesar de que el uniforme escolar fuera para todos igual, la chica definitivamente vestía de una forma más recatada rayando con ser similar al de una anciana. Sin embargo, esto no le impidió a Jon tratar de imaginar lo que escondería ese cuerpo flacucho y esos cabellos enredados más allá de la ropa. Por un momento se perturbó ante lo desagradables que parecían sus pensamientos, así que tomo su bolígrafo y sin darse cuenta de que Nataly, su molesta amiga, lo observaba comenzó a escribir: “Si espero encontrar otra presencia como la tuya, con aquella falda larga y medias cortas probablemente no la encontraré. Aunque me siente a observar todos los días el atardecer y mis ojos se vuelvan ciegos de admirar el atardecer jamás encontraré tu tono de cabello reluciente y hermoso. Aunque trate de beber leche no será del mismo tono cristalino de tu piel. No encontraré en ningún lado algo que sea como tú, todo será tan imperfecto, tan salido de tono y tan estúpido que solo me harán recordar que te tuve frente a mí…” Jon observó su improvisado escrito con una sonrisa y se reprochó a si mismo sobre lo cursi que parecía todo aquello. -Estoy muy tonto-. Se dijo. -Por estas razones es que nadie quiere estar a mi lado. Jon arrugó el papel y lo guardó dentro de su puesto esperando el momento oportuno para levantarse, dar los diez pasos a la papelera y deshacerse de aquella cursilería sin sentido. Sin embargo, Nataly lo observaba con atención intrigada de lo que se encontraba ahora escrito en aquella bolita de papel. Jon solía hacer algo como eso siempre, pero esta vez se veía más inspirado de lo habitual ni podría descansar hasta descubrir el secreto. La joven profesora de lentes, piel clara, cabello claro y ojos oscuros, mando a Jon para presentar sus deberes. Momento en el que Nataly aprovechó para esculcar entre las cosas de su inocente amigo y encontró al fondo el retazó de papel envuelto en otros que no eran más que basura. -Lo tengo-. Se dijo la chica. -Vamos a ver qué es lo que tanto esconde este tipo. Al abrir la hoja de papel Nataly quedo por completo desconcertada, las palabras parecían tan extrañas y atrevidas que parecía más que Jon las hubiera memorizado de algún libro de literatura. Ella observaba al Jon hablando con la maestra y sonriéndole, demostrando sus dientes torcidos. Era ella, Jon estaba enamorado de la profesora y había ocultado aquella nota de amor en un intento ante lo desagradable que se podía ver el amor por una mujer que, aunque joven, seguía siendo mucho mayor que Jon. Nataly miraba a Jon desde su puesto con malicia y con una sonrisa bastante estúpida, eran amigos desde muy pequeños y no podía ocultar que se traía algo entre manos. Luego de buscar entre sus cosas, Jon notó que su poema improvisado no estaba. - ¡Ay no! -. Se dijo. Luego de varías suplicas y negociaciones con Nataly, todo fue inútil, la chica no quería devolver la evidencia para destruirla. Aunque Jon estaba empezando a irritarse, no tenía ningún derecho a molestarse, él había hecho bromas igual o peor es que en la que ahora estaba cayendo. Nataly era peligrosa e impredecible, había gran posibilidad de que aquella nota llegara a la chica y no quería verse como un tonto. La nota jamás llegó a la fuente de tales inspiraciones, sin embargo, no por ello la broma no dejo de ser pesada. Nataly sacó varías copias a la nota y una de ellas fue a parar con dedicatoria anónima a la profesora de literatura. -Lo hago por ti-. Decía Nataly al ver como la broma avanzaba. Otra de las notas había dado a parar con su círculo de amigos y cuando la profesora, abochornada y sorprendida, leyó las palabras de Jon en frente de la clase, Jon no dejó de ser motivo de burla por el resto de su vida escolar. Desde aquel entonces, tratando de poder usar su habilidad con las letras como forma para esconder sus pensamientos, desarrolló una caligrafía extraña y que a los ojos de muchos carecía de sentido, un truco que incluso le había salvado la vida en más de una ocasión. -Veo que has estado ocupado-. Interrumpió Rene llegando a la camilla de Jon con la nariz entablillada. Jon estaba totalmente avergonzando. Esperaba que aquel incidente con su amigo no fuera más que producto de su imaginación, pero al parecer todo había sido real y ahora él era el único que venía a verlo en el hospital. Era paradójico. -Rayos, amigo ¿Yo te hice eso? -. Preguntó Jon tratando de sacar el tema para poder disculparse. -No vine acá por nuestra amistad, has roto mi corazón y mi nariz-. Bromeó Perdomo con su humor habitual. -Solo espero que al menos hayas podido aclarar la mente. Esa noche estabas como loco. -Lo siento, las cosas no han sido fáciles-. Respondió Jon bajando la mirada. -Supongo que no-. Perdomo se sentó en la camilla hizo señas de estar buscando sus cigarrillos en medio de un reflejo. -Lo que más detesto de estos lugares es no poder fumar cuando ando estresado, y me estreso muy fácil acá. Ambos guardaron silencio por unos segundos tratando de buscar las palabras adecuadas. -Te he visto conducir borracho durante mucho tiempo, pero justo te accidentas cuando estás sobrio. Explícame eso-. Irrumpió Perdomo en medio de una mezcla de sarcasmo verdad. -Creo que nos estamos metiendo en la boca del lobo con esto. Es algo más oscuro de lo que pensaba-. Comenzó Jon. -Creo que me amenazaron, de una forma sutil, pero lo hicieron. - ¿Ellos causaron el accidente? -. Preguntó Rene con incredulidad. - ¿Me estás diciendo que ellos te estaban tratando de matar? -No, el accidente fue por otra cosa-. Jon trató de omitir el caso de la bruja. -El pánico, los nervios yo qué sé. Lo que trato de decir es que ellos parecen tener toda una red montada. Me dieron un folleto para asistir a una especie de retiro con ellos, cortesía de la casa para facilitarme la investigación según ellos. - ¿Les dijiste que eras periodista? -. Preguntó Rene. -Se dieron cuenta al instante, pero se comportan de formas muy extrañas-. Jon cerro la boca tratando de buscar las palabras adecuadas. -Son manipuladores, en exceso, por un momento llegué a creer que eran mi familia, y que… bueno y que ella estaba con ellos. Rene se mantuvo pensativo por unos minutos. -Eso es algo muy común de cualquier culto religioso, no veo o extraño aún, Jon-. Contestó Perdomo después de un rato. -Rene, es que yo-. Jon dudaba de nuevo con sus palabras. -Juro que la vi, fue demasiado real, ella estaba conmigo. Me llevó a casa y durmió conmigo. -Jon, necesitaré que vayas a un psiquiatra-. El rostro de Rene estaba completamente serio y no había indicios de su sarcasmo. -Si no vas a psiquiatra me temo que te llevaré a la fuerza. Si deseas que te apoye con este caso lo harás. -La mitad de los médicos que esta ciudad me odian, no es una opción-. Contestó Jon tratando de minimizarlo. -No me importa. Si no lo haces te quedas solo con este caso. Mientras conducían hacía el apartamento de Jon, ninguno de los dos dijo una sola palabra. Jon estaba molesto ante la incredulidad de su amigo, si iba a hacer esto solo lo haría. Ellos habían convertido todo esto en algo personal y no se dejaría manipular de nuevo con ilusiones, si su amigo no le creía era problema suyo, así que seguiría adelante con o sin él. Al llegar a la casa el apartamento estaba completamente limpio y reluciente como Jon lo recordaba antes de su rabieta con Rene. Los platos estaban lavados, los mubles cuidadosamente ubicados y las cortinas abiertas. -No puedo negar-. Comenzó Rene. -Que por fin te decidiste hacer aseo a este chiquero de lugar al que llamabas hogar. Jon se mantuvo en silencio. Tal vez no todo había sido una ilusión.
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