Arrastrando los pies, cabizbajos y con la mirada perdida en el vacío de la oscura habitación repleta de literas, los asistentes a aquel espectáculo de la locura regresaban a su habitación. Mas que seres humanos, los hombres y mujeres que en un inicio se veían destruidos por dentro, arrepentidos y con un odio impensable a sí mismos, parecían no muertos acabados de regresar a la vida. Ahora eran más flacos, ahora su cabello era más marchito y las cuencas de sus ojos se adentraban en un cráneo que parecía infinito. Había silencio, pues no había alguna palabra que pudiera regresarlos realmente a la vida.
Jon, al igual que las demás almas confundidas y que tenían un sentimiento de haber sido espiados y abusados, regresó a su sitio y se recostó con dificultad en la cama inferior mientras apreciaba las tablas de la cama superior. Se había quedado sin ganas de subir, sin ganas de escribir y con una extraña sensación de querer acabar con todo aquella noche. Mas allá, en las tejas de zinc, empezaron a caer pequeños proyectiles de agua que pronto compusieron un fuerte ruido que incluso ocultó los pasos del segundero del reloj de péndulo del pasillo. Por unos cuantos minutos, sintió que ya no estaba allí, que se encontraba en un hermoso campo lleno de flores, un lago, una playa y un día que no era ni uy soleado ni tampoco frio. Casi podía respirar el aire libre, escuchar las aves cantar y el llanto de los niños que inquietos trataban de salir a jugar y perseguir mariposas mientras sus padres los detenían para comer una merienda.
Paula se sentó a su lado dando la espalda a Jon quien deseaba con todas su fuerzas ver su hermoso rostro. Ella tan solo miraba un cielo que parecía infinito, unas nubes que se convertían en dragones, animales y luego en figuras graciosas. Ella no hablaba, tan solo estaba en silencio.
-Si hay alguna manera de reparar esto, quiero saberla-. Dijo Jon a la chica que se mantenía inexpresiva. -No me importa lo que tenga que hacer.
Ella no contestó, tan solo se mantuvo con seriedad observando los gansos que nadaban alegremente en el estanque artificial. El cielo pronto se fue oscureciendo y ella se quedó fijamente allí como si se tratase de una estatua. Estaba viva, al menos un ser vivo respira y ella lo hacía. Jon, por su parte, tenía la esperanza de conseguir de ella una respuesta, pero tan solo el susurro del viento estaba presente ahora.
-Parece que ahora podemos hablar con mayor tranquilidad-. Una voz sacó del sueño a Jon regresándolo a la oscuridad de la habitación. -antes que nada, te quiero agradecer por rescatarme en la mañana.
Alicia estaba recostada junto a Jon mirando hacia arriba sin mantener contacto visual con Jon. Olía bastante mal, como un deportista después de haber corrido una maratón en una mañana soleada, pero Jon prefirió ignorarlo pensando que probablemente él mismo apestaba aún peor. El cabello de ella estaba recogido y el esqueleto dejaba menos a la imaginación de lo que Jon hubiera deseado a pesar de la oscuridad que reinaba en la habitación. No tenía ganas de hablar, pero era quizá la única oportunidad.
- ¿Eres periodista? -. Preguntó Jon susurrando a pesar de que la lluvia seguía ocultando sus palabras. -De ser así debes ser una novata en esto.
-Soy de la unidad de investigación de la policía-. Contestó Alicia fríamente e ignorando el ultimo comentario. -Sé que eres periodista, te reconocí al instante. Eres ese tipo que le gusta meterse donde no lo están llamando.
-Creí que nuestra conversación sería más amistosa, más teniendo en cuenta un lugar como este-. Respondió Jon con la poca ironía que era capaz de expresar. -Confieso que tampoco confío en los policías. Si lo que quieres es que me haga un lado después de haber sacrificado lo que he sacrificado pues estás bastante mal. No le tengo miedo a estos tipos y mucho menos a una supuesta policía novata.
La mujer se estremeció de repente molesta ante el comentario, sin embargo, Jon en realidad la estaba probando. Tanto tiempo en el trabajo le había enseñado que en contextos así era más que necesario tener aliados, pero no podía permitir que cualquiera interfiriera con su trabajo. La mujer parecía ser impulsiva, aún más que él, y eso podría traer problemas, no iba a estar salvándola siempre.
-Creo que en lugar donde estamos no podemos hacernos rivales, al menos de momento-. Contestó Alicia después de unos segundos. -Algo muy raro va a pasar mañana y supongo que lo quieres saber. Si nos ayudamos mutuamente nos ira mejor.
Jon sonrió, había pasado la prueba. Sin embargo, aún era necesario mantener las distancias. La policía operaba de formas extrañas y no quería verse envuelto en alguna situación incómoda luego de salir de allí.
- ¿A qué te refieres con que algo raro va a pasar? -. Preguntó Jon.
-Escuché a ese tipo hablando de una especie de ceremonia que dividirá a los arrepentidos de corazón con aquello que lo único que hacen es buscar una gloria personal-. Contestó Alicia luego de meditarlo por unos minutos. -Puede que parezca algo trivial propio de una secta, pero la forma en la que lo expresó sonó más como una amenaza.
-Como si estuviera por venir el juicio final y ellos fueran a desatar con nosotros-. Susurró Jon pensativo. - ¿Qué dijo sobre la ceremonia?
-El día de hoy era una especie de prueba-. Contestó Alicia en medio de meditaciones. -Tengo la sospecha de que la manipulación emocional que intentan hacer se va a materializar mañana en aquella ceremonia y quienes no hayan alcanzado cierto grado de dependencia serán violentados o presionados socialmente por los demás.
-Parece demasiado simple-. Susurró Jon. -Creo que el iceberg es mucho más profundo que eso. Dudo que se limite a presión social. Ya hemos visto que son capaces de drogarnos.
- ¿Te refieres al Yagé? -. Contestó Alicia sorprendida.
-Realmente me impresiona que seas policía-. Comentó Jon con cierta molestia. -Tengo la sospecha que desde que llegamos nos han estado drogando de alguna manera. Esta mañana algo me obligaba a decir la verdad, además ese mareo no era natural. Además, esa mujer…
Jon se interrumpió por unos momentos tratando de hallar sentido a lo que le había hecho la muñeca. Sin embargo, los recuerdos eran bastante borrosos todavía y su mente se encontraba adormecida.
- ¿La mujer? -. Preguntó Alicia con impaciencia. - ¿La de la minifalda?
-No es nada, solo trato de ordenar mis ideas-. Respondió Jon restando importancia. -A lo que quiere llegar es que han hecho cosas más oscuras en nuestras narices como para suponer que todo terminará tan fácilmente. La mujer del fondo estuvo a ´punto de atacarme aun cuando al llegar se veía escéptica sobre esto.
Alicia se giró sobre sí misma y observó a Jon que aun continuaba mirando hacia arriba pensativo. Hace mucho tiempo Jon no sentía una respiración a su lado que no fuera la suya, aquel aliento, aquel calor y el ritmo cardiaco de la mujer lo hicieron poner incomodo. Incluso aquello llegaba a ser molesto.
-Antes de venir acá tuve una breve entrevista con un chico que meses atrás había asegurado asistir a un lugar como este-. Continuó Jon. -Me habló del apocalipsis, la muerte y el juicio. Parecía demasiado aterrado como para que se tratase de algo tan simple.
- ¿Dónde está ese chico? -. Preguntó Alicia interesada más en el testigo que en el testimonio.
-Encerrado en un centro psiquiátrico con más medicamentos que sangre-. Confesó Jon. -Sin embargo, nadie quería que hablara con él y el mismo director del centro me confesó que un grupo secreto lo había internado allí sin llevar muchas credenciales sobre el chico
-Entonces tendremos que estar más pendientes que nunca-. Meditó Alicia regresando, para dicha de Jon, a su posición inicial. - ¿Hay alguna otra cosa de la que me deba enterar?
Jon quiso responder a aquella pregunta de la forma más sincera y honesta posible, sin embargo, no tenía manera de explicarlo sin que pareciese un loco. Había un sentimiento de impotencia, de inferioridad, de perdida de autoestima e individualidad. Además, no sabía si estaba realmente despierto o dormido. La lluvia lo regresaba por momentos al lago, los patos y las nubes.
-Tienen la forma de entrar a nuestras cabezas-. Respondió Jon después de un rato. -No solo es el efecto de las drogas. Siempre llegan allí y buscan entre tus recuerdos como si fuera un gran librero. Debemos tener cuidado con eso y no permitir que laven nuestra cabeza.
Un fuerte ruido rompió la permanencia de la lluvia sobre la habitación. Uno a uno los adormilados sujetos se fueron levantando y los ronquidos se convirtieron en quejas y maldiciones por el sueño. Jon sintió un escalofrió que no era para nada natural, un estremecimiento que incluso Alicia llego a sentir. En medio de la noche un fantasma parecía acercarse hacía la pareja que conversaba en la cama, estaba allí, más oscura que la habitación y más alta que las camas. Cuando un rayo rompió de nuevo el sonido violentamente, Jon lo vio con claridad, el cuerpo estaba suspendido en el aire y los miraba fijamente observando sus pecados.
Las luces se encendieron y el espectro desapareció. La mujer sonriente entró mientras sus tacones resonaban por la habitación. Se dirigió hasta la tercera fila de camas y miró hacia arriba sin borrar su sonrisa. Una mujer colgaba del cuello suspendida a una viga. Su rostro era azul como el cielo, su cabello llegaba hasta la cintura y su rostro expresaba una sonrisa tan profunda como la de la muñeca. Los ojos miraban fijamente a Jon y una voz en lo profundo de su mente le dijo
-Serás el próximo.