El cuerpo estaba cansado y el espíritu a punto de partirse, apenas si había llegado a la casa y el cuerpo pesaba tanto que a duras penas podía levantar la mirada. La figura se veía completamente oscura ante el reflejo con la luz que entraba por los orificios de los ventanales que en otro tiempo llevarían vidrieras hermosas. Los ojos del sujeto, fuese quien fuera, estaban abiertos de par en par y aunque se veía como si fuese tan solo una sombra, los ojos centellaban como dos estrellas blancas con un agujero en medio. No era necesariamente una figura humana, por el contrario, se veía regordeta y su cabeza y cuerpo se asimilaban a la figura de una olla de barro artesanal. Alicia trató de ponerse en pie de nuevo y apoyándose en su mano izquierda se pudo sentar recargándose en uno de los muros

