Alicia no tuvo tiempo para permanecer en la inconciencia, por las calles se empezaron a escuchar los ruidos estridentes de lo que parecía ser una procesión. De nuevo los canticos en góspel habían iniciado y en medio de una fuerte marcha al unisonó cuentas de personas se reunían en el centro del pueblo armados con cuchillos, machetes y escopetas que debían ser de la época de la guerra civil. Las luces de las casas estaban totalmente apagadas y parecían desiertas e ignorantes ante lo que estaba por ocurrir en las calles. Los ladridos de los perros no se hicieron esperar y el terror infantil por los caninos recorrió la espalda helada de Alicia. La luna ya surcaba en medio del cielo y las antorchas comenzaron a contaminar la pureza del cielo sobre el pueblo. En poco tiempo el ambiente azul y

