- ¡Jon! -. Gritó Amelia, la vecina que vestía una larga bata y una pijama delgada hasta los pies protegidos con sandalias. -Gracias a Dios que llegaste, hace poco inició el incendio.
- ¿Cómo comenzó todo? -. Preguntó Jon mientras aún se quitaba los lentes y se preparaba para buscar a su esposa. - ¿Dónde está Paula?
-No lo sé-. Respondió con un grito la mujer. -Todo empezó tan rápido. La estuve vigilando como me pediste, pero el día de hoy siquiera se asomó por la ventana, luego el incendio… Jon, en realidad no estoy segura de que ella haya salido ya.
Jon no se dio el lujo de perder un segundo más y a pesar de las insistencias de Amelia, corrió directamente hacía la casa en medio del mar de llamas que se expandía por la entrada. El fuego producía un sonido ensordecedor, un sonido que Jon jamás creyó que podía producir unas simples llamas. A pesar del fuego, todo era tan oscuro debido a la noche y el humo y la puerta metálica casi estaba derritiéndose. Jon trató de tomar el pomo, pero tuvo su primera quemadura y el ardor lo echó para atrás en ese mismo instante.
-Jon, espera que lleguen los bomberos-. Grito Amelia desde atrás. -No arriesgues tu vida así, hijo.
Ella estaría adentro todavía, algo le decía a Jon que Paula no había escapado todavía. Últimamente las cosas se habían puesto difíciles entre ellos, las voces se habían intensificado y era más difícil tenerla bajo control. Jon la amaba, con todo su corazón, sin embargo, ella cada vez se ponía más agresiva, más paranoica e incluso en una ocasión había llegado a estar a punto de atacar a Jon con unas tijeras. Es algo que pasará con la medicación adecuada, había dicho su amigo médico, sin embargo, no parecía haber mejoría y ella tenía que estar bajo vigilancia constante a pesar de que ella se negaba a aceptar que tenía un problema grave.
Jon estaba agotado, la amaba con su corazón, sabía que era así, pero todo parecía estar amontonándose de repente. El periódico ahora esa su casa y sus amigos con los que salía ahora más continuamente a tomar eran su nueva familia. Jon llegaba aterrado a casa y ver a la mujer que caminaba sin rumbo por los pasillos, unas veces tirando los cristales, otras cuidando amorosamente a un oso de felpa y en otras a la espera de atacar a la primera persona que pasara por la puerta.
-Me alegra que ella te haya escogido a ti como su esposo-. Comento una vez su madre que había llegado a casa para ver el estado de su hija. -Eres un buen hombre, Jon, gracias por cuidar de ella, incluso ahora.
-Es mi esposa, la cuido porque la amo-. Había contestado Jon tratando de ocultar lo casado que se sentía en realidad. -Eso no me hace un buen hombre. Puede estar tranquila de que haré lo mejor por ella.
Entonces ¿Era un buen hombre? Ahora su mujer tal vez estaba ardiendo dentro de la casa por culpa de su propia irresponsabilidad. La pena y la vergüenza con Paula empezaron a oscurecer su mente más que el humo y la oscuridad que se empeñaba por entras por las ventanas hacía la calle. La puerta no cedió a pesar de los intentos de Jon por darle patadas o embestirla con su hombro desnudo. La casa parecía más maciza y de mejor calidad de lo que nunca fue, como si esta conspirara con las llamas en contra de Jon.
La presión del fuego mando volando el primer cristal y con ello la ligera reja que estaba ahí por decoración más que por seguridad. Jon se cubrió su rostro y sintió como las llamas trataron de agarras su cabello, para aquel entonces medio largo, y obligarlo a salir corriendo. Las llamas disminuyeron y Jon aprovechó la oportunidad para entrar dando tumbos por el ventanal cayendo sobre el viejo sofá que compartían desde la vez que ellos se habían ido a vivir juntos. En la casa la música resonaba a todo volumen y Metallica avivaba las llamas con Seek And Destroy, algo gracioso incluso para la ocasión.
- ¿Cariño, estás ahí? -. Preguntó Jon a gritos mientras trataba de sortear las llamas que se alzaban en líneas perfectas por entre las alfombras de la casa. -Amor, soy yo, he vuelto a casa.
En la plata superior se escuchaban pasos y bailes alocados al ritmo de la música. Jon sintió el olor a gasolina y pronto comprendió exactamente lo que estaba pasando, nada de aquello era realmente accidental. Las llamas dejaron de consumir el combustible y pronto fueron devorando como presas los muebles que conectaban la sala con el cuarto de reuniones. Las pinturas que su esposa hacía en su tiempo libre ardían con propiedad y las fotografías que adornaban la entrada se derretían con el calor. La casa comenzó a crujir y Jon tanteó con sus manos y sus pies el camino que lo conduciría a la escalera de doce pasos que lo llevaría a los dormitorios y el baño.
Jon subió el primero y luego el segundo escalón, pero al llegar al tercero la estructura decorada en madera cedió y se derrumbó dejando tras de sí una pila de escombros donde su pie derecho quedó atrapado.
-There is no escape and that is for sure-. Cantaba Paula una y otra vez. -This is the end, we won take anymore.
- ¿Cariño estoy acá, puedes escucharme? -. Insistió Jon tratando de liberar su pierna astillada por la madera.
-Say goodbye to the world you live in-. Respondió Paula mientras su baile hacía retorcer aún más la madera de la casa- You have always been taking, but now you’re giving
Jon pataleó hasta que su pie se liberó por completo y, sin importar el dolor, escaló los paso faltantes hasta llegar a la planta superior donde su esposa corría de un lado para otro escondiéndose entre las llamas faltantes. En su oficina los libros que por años había estado coleccionando ahora no eran más que cenizas y la pantalla de su computador no era más que un trozo de goma. Los tapetes ya eran más que polvo y el fuego se había convertido en una telaraña ardiente que se deslizaba de un lado para otros. Sin embargo, la oscuridad se empeñaba por entras por los ventanales.
Una explosión en la torre de su computadora sacó a Jon de sus propios pensamientos y cojeando se metió en las llamas buscándola. Ella iba de un lado para otro, pero su figura continuaba perdiéndose entre las llamas, como si fuera un fantasma, como si fuera un demonio.
-Searching, Seek and Destroy!-.Gritó Paula de forma desquiciada. -Searching, seek and destroy!
La viga de madera que soportaba la puerta cedió y estuvo a punto de caer sobre Jon que respiraba trabajosamente tratando de mantenerse en pie. Sentí el fuego estaba detrás de él, no habría ninguna escapatoria a aquello, pronto sería alcanzado. Las llamas se arremolinaban sobre su cabeza y el piso ya crujía con mayor amenaza. De un salto, como si se trátase de una bestia de circo, Jon saltó hacía la habitación y por fin la logró encontrar feliz, cantando y bailando, como no lo había hecho desde hace tiempo.
- ¡Amor! -. Gritó Paula mientras tiraba tiner con un botellón sobre las paredes-. Estoy haciendo una renovación en la casa ¿te gusta?
Lo poco que quedaba del hermoso vestido de bodas se limitaba a unos tirantes que colgaban de su cuello. Sus piernas tenían peligrosas quemaduras y su carne se pegaba como un líquido en el suelo arrancando partes de ella con cada paso. Estaba completamente desnuda y de sus pechos no quedaba más que carne que ardía vivamente ante la exposición. Su hermoso cabello no era ahora más que tres parches que permanecían ardiendo sobre su cabeza alimentando el poco fuego que transitaba hacía su cabeza. Su cara, maldita sea, su cara era irreconocible.
La mitad del rostro de Paula estaba completamente derretida sobresaliente un globo ocular del que ahora carecía la vida. Los dientes estaban negros y la mandíbula colgaba a penas de un tendón que empezaba a tostarse como si de carne de cerdo se tratase. De no ser por el calor del momento y porque aquel monstruo que ahora se convertía en la diosa del fuego era su esposa, Jon habría vomitado. Nada de lo que había visto, nada de lo que había conocido o escuchado era como esto, esto era real.
Jon se lanzó hacía su esposa, pero esta lo esquivó en medio de su baile que ahora parecía más un baile que un Rock and Roll. Las llamas gritaban como si de un concierto se tratase y Jon aterrizó contra el muro del ventanal que gritaba amenazando de que iba a caer también. Paula seguía al ritmo de la música hasta que el equipo de sonido por fin paró y con ello el baile de la alegría. La diosa del fuego desapareció y ella pareció recuperar la razón por unos instantes. El techó de nuevo crujió, pero ahora la advertencia se hizo realidad y el madero cayó sobre el cuerpo de Paula que se calcinaba sin remedio.
Jon se levantó como pudo, sus manos ardían mientras levantaba los escombros y las llamas comenzaban a quemar su saco de lana. Paula comenzó a gritar como si de una niña se tratase y el corazón de Jon se partió al fin en mil pedazos. Demonios, sus gritos eran realmente aterradores y la viga la estaba aplastando.
-Jon, quítamelos, por favor, quítamelos-. Se podía escuchar entre los gritos de terror de la mujer. -Odio a los insectos, quítamelos.
-Cariño, estoy acá contigo-. Respondió Jon resignado mientras tomaba su mano. -Mírame, ya no están.
Paula sonrió con la mitad de la piel que aún quedaba en su cara y de su ojo cayo una fina línea de agua que brillo en el contraste con el fuego.
-No puedo mover mi pierna, tendrás que llevarme a la enfermería-. Dijo dulcemente Paula apretando la mano de Jon. -Voy en octavo grado.
-Un gusto concerté-. Contestó Jon mientras recordaba aquella primera conversación. -Es solo un raspón, pero no tengo problema en llevarte.
-Tendrás que dejarme allá, entonces-. Respondió Paula ahogando un último grito. -No te olvides pasar por mí una vez la enfermera haya terminado.
Paula dio una última sonrisa y sus ojos brillaron intensamente antes de que la vida se escapara finalmente de aquella carne tostada por las llamas. Al último segundo, ella lo recordó todo y Jon supo al instante que ella era ahora un ángel.
-Te esperaré el tiempo que sea necesario-. Respondió Jon mientras soltaba sus lágrimas.
Una nueva explosión sorprendió la casa y jon salió a volar por la ventana mientras caía en el mar de llamas que se había convertido su jardín. La diosa del fuego lo recogió en el suelo y le dio un último beso.