Purgatorio

1045 Words
De nuevo la oscuridad había interrumpido en la sala opacando las luces intermitentes, la música y las arengas con las que JJ pretendía continuar con aquella extraña terapia. En un principio, miles de chispas nublaban la vista de Jon, pero en cuanto logró reponerse, la realidad y los sueños seguían mezclados entre sí como una mezcla extraña de pintura. Sin que se diera cuenta exactamente cómo, Jon llegó a rastras hasta el ventanal y cayó sobre el vidrio sin que este siquiera se astillara por el impacto de la cabeza de Jon. - ¿Me has dejado de buscar? -. Una voz femenina en la cabeza de Jon resonó sonando más real incluso que su propia vida. - ¿Dónde has estado todo este tiempo, Jon? Más allá en la oscuridad infinita una llama se levantada tenue y titilante, casi apagándose. Jon trató de salir y dio golpes débiles al vidrio que continuaba sin inmutarse ignorante ante las jugadas que la cabeza de Jon le daba. No había estrellas, no había luna, tan solo una llama que no ardía y que se alejaba de Jon con cada paso. El sonido del cuarto no era más que una ambientación lejana carente de cualquier sentido. Una mano fría tomo a Jon del brazo y lo arrastró de nuevo a la habitación donde Jon siempre había permanecido. La llama blanca se apagó y en su lugar las luces de la habitación, cálidas como siempre, le recordaron el triste destino que había sido de él. La dulce voz había desaparecido también, en cambio, las arcadas, la tos y el vómito llenaban la habitación como si se tratase de la sala de un hospital. Un olor insípido entró por las fosas nasales de Jon y tuvo que morderse el brazo para evitar vomitar. Cuando por fin observó la escena, todos vomitaban en el suelo, en cuencos o sobre sí mismos inconscientes en el trance que debían de encontrarse. JJ continuaba hablando, ignorando lo aterrador de la escena desde su sitio fuera de la cabina, así estaba planeado. -Hasta que, por fin despiertas, creí que te quedarías allí para siempre-. Comentó Alicia tratando de hacerse junto a Jon. -Esas porquerías afectan demasiado al cuerpo, son un alucinógeno muy fuerte. Alicia estaba pálida en extremo y estando de cerca parecía más delgada de lo que aparentaba bajo varías capas de ropa. Tenía una nariz puntiaguda, un cabello liso y unos ojos azules que rayaban con el gris. No debía medir más de un metro con sesenta y aquel tono le hacía aparentar una gran vulnerabilidad, aunque tratase de aferrarse al papel de chica ruda. - ¿Qué está pasando? -. Preguntó Jon rascándose la cabeza para tratar de superar la migraña que estaba empezando. - ¿Cuánto tiempo ha pasado? -Han pasado varías horas-. Respondió Alicia incorporándose. -Al principio solo era música y los discursos de ese imbécil. Sin embargo, todos se están despertando y comenzaron a vomitar e incluso alguien tuvo un ataque y convulsiones. Llegaron unos hombres y se lo llevaron. -Demonios ¿Jorge? -. Preguntó Jon. -No lo sé. El tipo que estaba a tu lado. - ¿Cómo es que lo sabes? -. Preguntó Jon con sospechas. -No me meto cualquier cosa que me ofrecen-. Respondió Alicia con una sonrisa. -Mi padre me enseñó a no recibir cochinas de extraños. -No es buen momento para hablar-. Sugirió Jon cuando su mente se había despejado. -sospecharán. -Ya lo hacen, pero tienes razón. Jon se levantó del ventanal y se dirigió de nuevo hacía su puesto tratando de sortear la porquería que se esparcía sobre el suelo. Los pocos que parecían tener un atisbo de conciencia estaban sentados dando la espalda o con las miradas vacías hacía las alfombras. Los demás estaban acostados de lado soñando, gritando y sacando de sus cuerpos la última comida que debían haber probado hace más de dieciséis horas. Todos parecían intoxicados, no había espacio para ver ninguna purga espiritual. Jon se buscó entre su ropa, pero no encontró nada con qué poder documentar los extraños hechos que estaban dando lugar en su mente, así como en la realidad. Todo parecía tan confuso, tan fuera de sí. Como si el mundo entero se estuviera acabando, como si esa gente tuviera una fe ciega hacía satanás mientras que el observaba la perdición desde el monte más elevado de la tierra. Jon sacó su bolígrafo imaginario y comenzó a escribir. “No tengo idea de donde estoy. Todo parece de nuevo tan difuso y siento que los sueños se mezclan con la realidad, que el pasado hace parte del presente y que la oscuridad ilumina mientras que la luz opaca lo que es de por si visible. El purgatorio existe, estoy en él y él está en mí. Todo me hace cuestionarme si el infierno, así como el cielo es real. Si es que el infierno existe, existe en mi mente ahora mismo y para siempre. Las llamas del infierno me persiguen, me atrapan y luego me mienten con ella. Todos están cayendo a mi alrededor y el enemigo nos masacra uno por uno hundiendo sus espadas en nuestros pechos y sacando de nosotros la poca humanidad que conservábamos. La salvación tal vez sea todo aquello que pretendo negar, la felicidad tal vez está en quienes trató de acusar y la paz se encuentra en la guerra que me he empeñado en no enfrentar. No sé quién soy, todo es tan complicado y difícil de explicar que ni siquiera las letras son capaces de explicarme a ciencia cierta qué es lo que siento. ¿Ella está acá? ¿Ella alguna vez existió? Son cosas que solo comprobaré su entrego mi mente y mi cuerpo por una causa mayor. La he visto, eso creo, o tal vez solo vi su alma atrapada en mi mente.” La mano de Jon comenzó a temblar y de su cabello se escapó una gota fría de sudor. Todo se hacía borroso de nuevo, como si el mundo mismo se viniera sobre él, como si un terremoto derrumbara la casa. Jon quería pedir ayuda a la única que parecía ser consciente, o tal vez que estaba igual de loca. De su boca escapó el aire y pronto no hubo más que oscuridad.  
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