ASLAN El vaso se queda a medio camino de mis labios. No porque no quiera beber. Sino porque no puedo. El licor arde incluso antes de tocarme la boca, como si mi propio cuerpo rechazara cualquier intento de calmar lo que tengo dentro. Lo dejo nuevamente sobre la mesa con un golpe seco, clavando la mirada en la nada, en ese punto invisible donde llevo días intentando encontrar una respuesta que no llega. La casa está en silencio. Demasiado. Sin su voz. Sin su presencia. Sin ella. Y nunca pensé que ese fuera el problema. Ginevra no era parte del plan. No al inicio. No cuando todo esto empezó. Era una solución, una salida rápida, una forma de protegerla y, al mismo tiempo, mantener a raya a un hombre que ahora está cada vez más cerca de nosotros. Pero en algún punto… Dejó de ser e

