bc

El mafioso con el que me casé.

book_age18+
936
FOLLOW
11.6K
READ
badboy
mafia
heir/heiress
bxg
office lady
wild
like
intro-logo
Blurb

La primera vez que vi a Aslan Yilmaz fue esa noche. De haber sabido, si alguien tan solo me hubiera advertido que conocerlo cambiaría mi mundo para siempre, quizás habría reaccionado de forma diferente cuando me obligó a casarme con él.

Tal vez si alguien me hubiese dicho que era prepotente, intimidante, agresivo y también la persona en la más confiaría, no les hubiera creído, pero entonces lo conocí. El mismo día en que asesiné a mi prometido y me ayudó a esconder las evidencias.

chap-preview
Free preview
Prólogo.
GINEVRA BIANCHI Uno pensaría que después de tantos años en pareja ya conoces todos los matices de la persona que duerme a tu lado, bueno, eso es pura mierda. Se los digo yo que lo sé a la perfección. Seis años durmiendo al lado del hombre que ahora mismo me mira como si fuera lo peor de su vida estando a solo unos metros de distancia. El mismo que sé que va a matarme si no hago lo que dice y no le doy las respuestas que quiere. Lo conozco. Con Alex, los primeros años fueron maravillosos, quizás incluso mucho más que eso. Nos conocimos de jóvenes, nos enamoramos y me aferré tanto a este hombre porque fue el único que supo cuidarme, o al menos me lavó la cabeza haciéndome creer eso porque ahora, viendo todo en perspectiva, sé que el que me esperara fuera de mi trabajo no era para cuidarme, sino para vigilar que no hablara con ningún compañero. O cuando me llevaba y buscaba de cada cita con amigas no era porque le quedara de pasada, sino que lo hacía para asegurarse de que no le estuviera mintiendo. Tal vez si no hubiera pintado hasta sus mínimos actos tóxicos como actos de un hombre enamorado, ahora no estaría en esta situación. Quizás si hubiera visto las señales antes todo habría sido diferente, pero no. Llevo años viviendo con este hombre que ahora no hace más que vigilar cada gasto que hago, cada movimiento incluso dentro de este apartamento donde me tiene viviendo y dudando de hasta cuando respiro. No me dí cuenta con el paso del tiempo que su comportamiento me alejó más y más de todo lo que conocía. Puede que el cambio progresivo no lo vi por ser huérfana y no tener una familia que viera las señales, pero sea como sea, me cambió. Me alejó poco a poco de todo. Dejé mi trabajo porque me convenció de que no había necesidad de trabajar, lo que me volvió dependiente de él económicamente. Me prohibió ver a mis amigas porque según él, no les agrada a ninguna y cerró mi círculo social por completo. La única cosa que no ha podido quitarme es mi pasión por ir al refugio de animales. Y supongo que ese es el problema ahora porque me escapé. Esperé a que saliera a hacer sus cosas para ir a ver a mis bebés y eso le molestó. Ahora viene mi castigo, y no me va a gustar porque mi cuerpo recuerda el castigo anterior, del que casi no salgo con vida, lo cual asusta. De solo pensar que en cuestión de nada podría no estar aquí es aterrador, y me arrepiento por completo de haber sido tan valiente hace unas horas atrás. —¿Cómo puedes ser tan mierda de hacerme esto, Gin?—pregunta, con la voz tomada, cargada de odio—. Después de todo lo que hago por ti, ¡Después de todo lo que te he dado me pagas de esta forma! Sacudo la cabeza retrocediendo al ver que él se acerca porque sé que no me va a gustar lo que sigue si alcanza a tocarme. —¡Dime algo y deja de hacerte la estúpida conmigo! —Solo fui al refugio—susurro, viendo cómo sus ojos se enrojecen, dejando mi voz en un tono dulce para ver si así al menos, logro que entre en razón—. Quería ver a mis animales y... —¡No haces otra cosa más que mentirme! ¿A quién fuiste a ver? ¡Dime su maldito nombre que voy a deshollarlo vivo al hijo de puta! Con su móvil en mano me apunta y solo tarda dos segundos antes de lanzarme con el mismo, cosa que esquivo. Sé que el aparato, por más chico que sea, duele muchísimo cuando te golpea directo sobre la carne. —No fui a ver a nadie—digo con firmeza—. Te lo juro, fui al refugio porque hace tiempo que no iba. No me dejas llamar para ver cómo están, tampoco puedo permitir que alguien venga a darme noticias así que me fui. Me pongo derecha, firma, sosteniendo mi posición porque en algún momento tiene qué entender. Llevo tiempo intentando hacer que entre en razón, que no porque salga de casa significa que inmediatamente conoceré a otra persona y me enamoraré y lo abandonaré, sin embargo por su reacción es más que obvio que no funcionó. —Y lo dices así, campante. —¿Qué otra cosa quieres que diga? No puedo hacer nada, Alex. Estoy en esta casa encerrada todo el tiempo y solo quiero tener contacto con otras personas, con mis animales, quizás salir a beber un café o tomar un trago que no hacemos esas cosas hace tanto tiempo. Se burla de mí de una forma tan cruel que me duele el centro del pecho. —Te aburres en esta casa—continúa—. Te saqué de un apartamento pulgoso donde lo único que tenías era un cuarto. Ahora vives en un puto penthouse en el mejor edificio de la ciudad y no es suficiente para ti. ¿Te sientes abrumada por tener que limpiar? Porque tienes una puta empleada, querida. —No es eso. No digo que no sepas proveer, solo digo que... no quiero ser tu prisionera. Aquellas palabras salen con tanto temor que me preocupa el punto al que llegamos, donde no pudo decir lo que pienso por temor a las represalias, pero como dije, me mantengo firme porque esto tiene qué cambiar. —¿Prisionera? Eres mi mujer. —Sí, pero no puedo ver a nadie, ni tener contacto con nadie que no seas tú por tu temor al abandono. No puedo hacer las compras sola, no tenemos línea fija de teléfono así que no puedo hablar con nadie y... Alex , ya no puedo ni siquiera ducharme sola porque lo haces tú desde hace semanas y es humillante. Mi voz se quiebra. No puedo creer hasta dónde hemos llegado. Mejor dicho, donde permití que llegara porque tuve que haberme marchado a la primera oportunidad. Lo sé. Tuve que actuar, sin embargo me quedé porque creí que todo lo que hacía era ver por mí, pero no fue así. Durante mucho tiempo me hizo pensar que todas sus actitudes eran para cuidarme, protegerme. Decía que tenía que estar conmigo todo el tiempo porque de otra forma no podría vivir y le creí... todo el tiempo le creí y ahora que estamos en este punto donde no puedo regresar, se siente horrible porque estoy muy asustada. —¿A quién se supone que vas a llamar? Porque no tienes familia—me recuerda en un tono burlón—. No tienes hermanos, ni padres. Estás sola en este mundo y tus amigas... esas son simples perras interesadas en coger. Eran una mala influencia para ti. Te estoy protegiendo. —Me estás aislando—le corrijo—y sobre todo, me estás humillando al no dejar que me duche sola, ni me cambie sola. No tengo privacidad. Quieres controlar cada tiempo que tengo libre todo pusiste un techo sobre mi cabeza y un plato sobre mi mesa, pero eso se acabó. —¿Qué?—dice, alzando una ceja. —Digo que quiero terminar contigo. Alex da un paso al frente mientras yo intento retroceder, notando que tengo el sofá justo detrás de mis piernas así que comienzo a moverme a un lado para alejarme. —Dilo un poco más alto que no puedo oírte. Repítelo si tienes valor. —Quiero irme—digo entonces—. Voy a abandonarte, Alex. Tengo valor para decir esas palabras, sin embargo no sé si tenga valor para sostenerlas cuando se abalanza sobre mí. Su cuerpo es mucho más pesado que el mío por lo que termina encima, intentando tomar mis muñecas. Peleo con todo lo que puedo, pero tengo el cuerpo cansado. Hace menos de una semana me dio tal paliza que me dejó coja por tres días y sin ver por dos por la inflamación de un ojo todo porque abrí la puerta al servicio de cadetería así que no puedo hacer mucho. Es solo cuestión de tiempo hasta que me toma, dejando mis manos al lado de mi cabeza mientras se abre paso entre mis piernas de una forma tan brutal que siento que va a desgarrarme la carne con su piel. —¡Repite eso que dijiste!—me grita alterado—. ¿Vas a dejarme? ¿Dónde vas a vivir? ¡¿Con quién vas a vivir?! —¡Con nadie, solo quiero salir de aquí!—lloriqueo, volteando la cara, odiando el momento en que me muerde la mejilla de tal forma en que siento que sus dientes van a arrancarme la piel en cualquier momento—. ¡Suéltame, suéltame, por favor! —¡Dime con quién te vas a ir! ¡Habla! —¡Con nadie, te lo juro! Intento salir de su cuerpo, de su agarre, pero no puedo. Todo su peso me impide moverme hasta el punto en que comienzo a sentirme entumecida. —¡Dime su nombre! ¡Ya! ¡Lo exijo! —entonces viene el primer golpe directo a las costillas. Tengo heridas viejas intentando sanar y no lo harán nunca, menos después de esto. Sus golpes son fuertes, directos, certeros. Uno tras otro, todos a las costillas, a mis senos, a mi pecho. —¡Vas a quebrarme, por favor, Alex! Ni mis lágrimas, ni mis lamentos. Nada lo conmueve. Me grita a cada nada que admita por quién lo voy a dejar, que le diga dónde me iré, pero ni siquiera me deja rogar. Está tan enceguecido que es capaz de cualquier cosa y tengo miedo. Temo a lo que pueda hacerme. Creo que llegué al punto donde sé que será él o yo y necesito más tiempo. Quiero vivir. Y voy a pelear por eso. Con sangre en mi rostro después de que me golpeara en el ojo intento ver qué cosa puedo agarrar con mis manos para defenderme. Dejo de pelear con él, busco a mi lado cosas con las que pueda golpearlo para que deje de agredirme hasta que sostengo algo duro. Y no lo pienso, solo lo levanto aventándolo contra su cabeza con tanta fuerza y tantas veces como puedo porque solo quiero que me suelte. Y lo logro. De repente siento más sangre en mi rostro golpeándome como una cascada y luego su cuerpo cayendo sobre mí. Es demasiado peso, hasta el punto en que respirar se vuelve insoportable, pero no es eso lo que me preocupa, sino el hecho de que no se mueva para nada. —¿Alex?—susurro con esfuerzo, intentando moverme—. Alex... por favor... Con la poca fuerza que me queda me muevo. Siento que todo mi cuerpo está a punto de colapsar. La sangre que tengo en el rostro me impide ver con claridad por lo que lo primero que hago es limpiarme. Apenas mi campo de visión está libre, el rojo carmesí que pinta mis manos me aterra porque por primera vez, no es del todo mía. No sé con qué, solo sé que veo la escena frente a mí como si yo estuviera fuera de mi cuerpo, quedando paralizada porque Alex está ahí, con los ojos abiertos, tendido en el suelo, perdiendo sangre por la cabeza, por una herida tan grande que es casi imposible que... Me duele el pecho de repente. Entro en pánico porque por más que intente moverlo es más que claro que está muerto, pero eso es... ¿yo lo hice? ¿De dónde saqué la fuerza? ¿Cómo? Estoy a punto de sufrir un maldito ataque de pánico. Tengo la respiración agitada, las manos temblorosas, incluso siento que poco aire está entrando en mis pulmones, sin embargo soy incapaz de moverme de lugar porque en mi mente, pienso que en cualquier momento se levantará y comenzará a golpearme. Si Alex sigue con vida, si se levanta, la que no se levantará más seré yo pues me asesinará. Entonces dos ojos azules me miran de frente, ocupando toda mi visión por lo cerca que lo tengo. —¿Estás bien?—dice con delicadeza, observando mi rostro—. Vamos, levántate. Sacudo la cabeza. —No... mi novio, él... Sonríe de una forma extraña, casi espeluznante cuando dice las palabras que lo cambian absolutamente todo. —Ese hijo de puta está muerto. Lo mataste, felicidades.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.1K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
220.2K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
56.4K
bc

Bajo acuerdo

read
48.5K
bc

Tras Mi Divorcio

read
574.9K
bc

Después del divorcio, me gané la lotería de Navidad

read
1.5K
bc

La esposa secreta del CEO

read
27.7K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook