GINEVRA. Estar en la cama es insoportable para mí. Siento que mis huesos van a pudrirse de estar en la misma posición por lo que, después de algunas horas en que Aslan se marchó, decido salir de la cama. Estoy envuelta en una bata cuando cruzo la puerta, hallando a un gran hombre de cuidador. No dice nada cuando me ve, ni me prohibe salir, sin embargo camina detrás de mí en todo momento. Tampoco me quejo. De caerme estoy segura de que intentará darme una mano o al menos avisará que lo hice, aunque también me siento bastante segura con él aquí pues cada persona que me cruzo me mira como si fuera una intrusa. La casa parece ser enorme. El pasillo parece interminable y agradezco llegar a las escaleras, aunque me arrepiento al momento en que tengo que mover las piernas para bajar los peld

