Capítulo bono 2.5 Eres la espada...

2978 Words
«No hay incertidumbre, sólo certeza. No hay duda, sólo resolución. No hay obstáculos, sólo voluntad. No hay enemigos, si no les abres la puerta a tu corazón. No es el acero, no es el espadachín. Cree y corta sin dudar, y podrás cortar el universo mismo. Mira hacia lo más ínfimo, el milagro se esconde en la intimidad de lo más pequeño. Mira hacia la línea que se dibujó desde antes de la creación del mundo ¡Y corta sin dudar!» … Lo recuerdo como si fuera un sueño, de esos tan reales que uno tiene justo antes de despertar. Abrí los ojos, y estaba sumergido en lo que creía que era un mar de líquido n***o, como la brea. Pero estaba seco, a excepción de algunas gotas. Se sentían como lluvia. ¿Lluvia debajo del mar? Estaba luchando por salir. Más que nadar, se sentía como excavar desde el fondo de una tumba. Cuando finalmente pude salir, la luz me cegó, mis sentidos se despertaban poco a poco de un letargo. Pude sentir el tacto de una mano que me estaba sacando de ahí. Una mano pequeña y tibia. La escuché gemir y gritar por aquel esfuerzo desesperado. Ella tenía que dar todo de sí, toda su fuerza, toda su voluntad, porque aquel mar n***o no sólo quería aferrarse a mí, sino que también quería devorarla a ella. Las gotas caían sobre mi rostro, saladas y ardientes. -      ¡Ya! ¡Tienes que salir de ahí, lucha tú también! – me dijo. Gotas, abundantes como lluvia. Unas pocas venían de ella, ligeras como la brisa. Eran preciosas, cristalinas, brillantes. Podía distinguirlas de las otras, torrenciales y gruesas, ardientes como agua hirviendo. Podía distinguirlas porque mis sentidos no sólo se estaban despertando, se estaban agudizando. Era algo que mi maestro me había enseñado, a concentrarme tanto que el mundo parecía diferente, como si se moviera en cámara lenta, y yo podía distinguirlo todo. Sólo podía significar una cosa. Estaba en medio de una pelea. Miré a mí alrededor. Estaba sumergido hasta la cintura en una sustancia negra que no era líquida, sino más bien carne, cruda, pegajosa, sanguinolenta. Como incontables cuerpos desollados. Rostros atormentados, de ojos rojos, llorando sobre mí. Su llanto colectivo se entremezclaba en un solo sonido, como el de las olas del mar. Era aterrador. Era patético. Era el enemigo al que tenía que derrotar. -      ¡Yaaaa!!! La pequeña ya no podía más, pero no por ello me soltó de la mano. Dejé de pensar. En medio de la prueba hay que defender el corazón y la mente, o el enemigo se apoderará de ellos. A veces, sólo hay que dejar de pensar y atravesar al otro lado. Mi maestro me enseñó que por eso uno tiene que practicar y practicar en los momentos de paz, para que el cuerpo y el alma recuerden sin tener que pensar. Dejé de pensar y ataqué. No cuestionaba en dónde me encontraba, ni contra qué diablos me enfrentaba, ni siquiera me cuestionaba de dónde había salido la espada que ahora sostenía en mis manos. Solamente lancé un tajo, y otro, y otro, hasta que las innumerables manos me soltaban o eran cercenadas. El llanto de aquella cosa se volvió una cacofonía mucho menos armoniosa cuando finalmente logré zafarme y pude retroceder. Entonces miré que todo eso estaba formado por innumerables cuerpos en distintos estados de descomposición, que se abrazaban y juntaban. Estaba tomando una forma. Tenía el cuerpo como un toro que salía del mar n***o, con las dos patas grandes y musculosas de fuera, y en lugar de cabeza tenía un esqueleto que sobresalía, como un centauro, blandiendo una gigantesca cimitarra que parecía estar hecha de hueso. Con un bramido me lanzó un tajo vertical, que esquivé a un lado. Luego intentó un tajo horizontal, yendo por mi cabeza, pero rodé y le corté una de sus patas, que de inmediato volvió a crecer. En realidad no se estaba regenerando, sino que era otro cuerpo, reptando sobre los otros cuerpos que formaban la figura, y tomando el lugar del m*****o perdido. No pensé en lo injusto que fuera que aquella cosa se regenerara. Ni siquiera estaba pensando en absoluto. Antes de que se terminara de regenerar su pata, ya había atacado a la otra, y le había lanzado un tajo de abajo hacia arriba al pecho. El esqueleto aulló de dolor, agitando los brazos, y comenzó a lanzar estocada tras estocada a gran velocidad. En realidad, no era solamente su espada la que lanzaba estocadas, sino también varias manos que salieron de su cuerpo, con los dedos extendidos y rígidos, como si imitaran una espada. Logré esquivarlos todos, sin pensar en cuándo me había hecho tan ágil, y mutilé las manos hasta que corté la mano huesuda del esqueleto, que dejó caer la espada. El esqueleto volvió a aullar y retrocedió. Por un peligroso momento creí que eso significaba que se retiraría, y comencé a pensar de nuevo. La primera pregunta que me hice fue qué le pasaba a mi cuerpo. Miré que estaba bien, no tenía ninguna herida, ninguna mutilación. Al principio creí que estaba cubierto de un traje brillante y plateado, pero luego descubrí que se trataba de mi propia piel. Mi cuerpo era brillante, lustroso. Estaba hecho de metal. Le di un golpecito, y resonó con un sonido metálico. «¿Pero qué demonios?» Me toqué el rostro, éste si era cálido y suave. Mi cabeza aún estaba hecha de carne. Entonces, no lo vi venir. Me embistió, portando ahora dos cimitarras hechas de hueso en cada mano; también había regenerado la que le había cortado. Al embestir me elevó en el aire y me dio un tajo doble justo en el pecho. El impacto me mandó a volar a varios metros, pero logré frenarme usando la espada, que clavé en el suelo y sacó chispas. -      ¡Más cuidado! – escuché la voz de una chica de alguna parte. Pero no tenía tiempo para pensar. La bestia seguía embistiéndome, y detrás de mí tenía una pared. Salté a su encuentro. Podía verla, como me había enseñado mi maestro. Esa línea que se vuelve cada vez más delgada. Le di un tajo transversal, dibujando con precisión sobre la línea, y dándole al esqueleto, rebanándole en diagonal las costillas. El esqueleto aulló, pero me atacó con varios tajos rápidos con sus cimitarras, las cuales desvié con la espada hasta que pude lograr una abertura para un tajo horizontal. Él tuvo que retroceder, pero pude ver que se preparaba para embestir de nuevo. La manera como el esqueleto sostenía las espadas me recordaba a los cuernos de un toro. Por suerte, pude ver que en esta embestida no tendría tanto poder de ataque, porque no tenía suficiente espacio para crear impulso. Así que cuando empezó a moverse, pude darle la espalda, correr hacia la pared y por ella, hacia arriba, y luego di una voltereta en el aire y caí sobre el lomo del toro. El esqueleto intentó voltearse y atacarme, pero le era difícil con aquel cuerpo de toro al que estaba unido. Entonces aproveché la abertura y le corté los brazos, uno por uno, le golpeé el cráneo con la empuñadura, y corté el esqueleto por la cintura, separándolo del cuerpo de toro. El cuerpo se siguió removiendo. Miré de nuevo la línea, esta vez indicándome una estocada, así que clavé mi espada en su lomo. Era como cuando los toreros clavan sus espadas; justo en el corazón de la bestia. El cuerpo, y todo aquel mar n***o de cuerpos, que no podía ver hasta dónde terminaba, se calmaron de repente. -      Vete, y aléjate de mí – le dije, y retorcí la espada. El cuerpo de toro se llenó de espasmos, y luego se disolvió de regreso en aquel mar, que retrocedió. Por un momento me recordó a cuando el mar se retira de la playa temporalmente para luego impactar con una gran ola. Me preparé para algún otro ataque masivo, pero eso no sucedió. Entonces logré tranquilizarme y normalizar mi respiración. Mientras tanto, recordaba las palabras de mi maestro. «Esta es la escuela de esgrima del filo absoluto.» Sí, mi maestro fue quien me enseñó a pelear con una espada. Y muchas cosas más. No sé hasta donde habría llegado en la vida de no haber sido por él. Curiosamente, me parecía que la voz de mi maestro había salido de la espada, así que la sostuve con mis manos frente a mis ojos. Pensé que ya era el tiempo de buscar la lógica de mi situación. Miré a la espada en mi mano, pensando “¿De dónde ha salido?” Pero antes de que pudiera pensar en alguna respuesta, me puse repentinamente en alerta. Justo a mi lado se arrastraba el esqueleto n***o, impulsándose lastimosamente con su barbilla y con la parte baja de su columna, como si fuera un gusano. -      Yo quería cambiar al mundo. De verdad. Eso es lo que quería… Eso es lo que creía escucharle al esqueleto, en un triste lamento… -      ¿Qué dijiste? – me llamó la atención la chica, mirándome a la cara – Ooooooyeeeeee ¿Estás ahí? -      ¡Hey! ¡Estás demasiado cerca! -      Mmmm – ¿por qué tenía esa expresión de decepción? – Por un momento te quedaste en blanco, y repetías estas palabras una y otra vez. “Yo quería cambiar al mundo…” o algo así. -      Yo no estaba diciendo… Pero puede que fuera verdad. Estaba sentado, con la espalda apoyada en la pared. Y mi rostro ¿Estaba lleno de lágrimas? Y la espada… ya no estaba en mis manos. -      De todas maneras ¡Eso fue increíble! – por un momento pareció avergonzarse de su emoción, carraspeó y volvió a portarse un poco indiferente – de todas maneras, eso estuvo bien. Eres un guerrero muy capaz. Me alegro de haberte salvado. -      Tú ¿Me salvaste? -      Sí. Vi que estabas luchando contra la maldición. Hasta ahora no he visto a ninguna otra alma que hiciera eso, a excepción de mí misma. Así que me arriesgué y traté de sacarte de ahí mientras seguías forcejeando. -      Ya veo. ¿Qué fue lo que nos pasó? Volví a ver mi cuerpo, metálico y brillante, como si estuviera usando un traje pegado al cuerpo de esas viejas películas de ciencia ficción. Volví a darle un par de golpecitos, que volvieron a resonar con aquel sonido metálico. Entonces volteé a ver hacia ella. De hecho ¡¿Por qué volteé a verla?! Perdí el aliento y me sonrojé furiosamente. -      ¿Qué te pasa? – me preguntó la chica pelirroja. -      E… He…. ¡Hey! ¡Ponte algo de ropa! -      ¿Ah? -      Tututututu…. ¡Tú! ¿Qué es lo que llevas puesto? -      ¿Yo? Pues lo mismo que tú. Nada. -      ¿Qué? -      Ambos estamos desnudos. Al principio, esa no era la impresión que había tenido. A primera vista, me había parecido como si llevara aquel mismo traje plateado y brillante que yo llevaba. ¡Pero quizás esa impresión fuera peor! No es que pudiera verle ninguna parte íntima de su cuerpo, pero el traje era pegado a la piel, dibujando sus costillas, su ombligo, las formas y curvas de su cuerpo… “¡Deja de pensar en esas cosas! ¡Va a pensar que eres un pervertido!” -      ¿Eh? ¿Acaso eres un pervertido? “¡Demasiado tarde!” -      Oye, no necesitas apartar la mirada. En serio, no me molesta. -      ¡¿Cómo puedes decir esas cosas?! ¡Eres una chica! ¿Cuántos años tienes, unos catorce? Por mucho, en realidad pareces de menos. -      Serían unos ¿Dieciséis? ¿Acaso importa? Jejeje En realidad soy mucho más vieja que eso. Apuesto a que no podrías imaginar lo vieja que soy. En serio, puedes mirar, no me molesta si te da gusto. Y nota aparte; tú tampoco estás tan mal muchacho. -      He… he… ¡Hey! ¿En dónde estás mirando? “¡Diablos! Me siento acosado por una chica que luce tan joven como un crimen. ¿Y qué es esa sonrisa? ¡Parece una vieja rabo verde! ¡Me hace sentir sucio!” -      Así que ¿Eres un fanático del ejercicio, guapo? -      ¡¿Es que no hay ropa por aquí?! -      Ah sí, claro. En realidad nuestros cuerpos no existen como tales, por lo que si quieres ropa, sólo tienes que concentrarte. Piensa en una espada, entrando en una funda. Piensa que la espada eres tú. Concéntrate. La chica cerró sus ojos, su cuerpo resplandeció por un segundo y luego estaba cubierta por un traje de shorts con tirantes, una camiseta negra que mostraba su ombligo, una chaqueta y unos botines de cuero con remaches de hierro. Como si me estuviera luciendo su atuendo, sonrió ligeramente y se pasó la mano por el cabello. “¿Por qué aún me siento acosado?” Me puse de pie, cerré los ojos y comencé a concentrarme. Una espada… entrando en su funda… Resultó mucho más difícil de lo que pensé al principio. Lo volví a intentar. «La mayoría de las prendas de la chica son de cuero ¿No? Piensa en una funda de cuero. Piensa en ella como un túnel por el que…» -      Tú eres la espada, no lo olvides – la chica me dio instrucciones, como si supiera en lo que estaba pensando. Más que en un túnel, comencé a pensar en una bolsa para dormir. Una bolsa cómoda, caliente pero no sofocante. Una bolsa para dormir hecha de cuero, en la que podía meterme… como una espada en su funda. -      ¡Eso es! – exclamó la chica mientras mi cuerpo resplandecía. Cuando abrí mis ojos, estaba cubierto de una camisa negra, con unas fajas bandoleras sobre mi torso, un guardapolvos de cuero, pantalones de cuero y botas con remaches de hierro. -      Interesante – exclamé, por el asombro, mientras miraba mis manos y palpaba mi cuerpo, que nuevamente se sentía hecho de carne. -      Al menos no eres tan lento para aprender. En mi espalda tenía la funda para una espada, pero no sentí que hubiera ninguna espada ahí. Estaba vacía. Lo mismo ella, tenía una funda vacía para espada en su cintura. -      ¿Qué estás buscando? – me preguntó. -      Tenía una espada, hace rato cuando estaba peleando. Pero no sé en donde la perdí. -      Ah, la espada era yo. -      ¿Qué? -      Yo soy la espada. Al igual que tú. ¿No lo entiendes? Veo que no. Entre más rápido puedas aceptarlo, será mejor. Eres un alma humana que ha sido atrapada en una espada maldita. Aquella cosa que derrotaste, era la maldición, conformada por incontables almas en pena que ahora forman parte de la espada. Pero ellas no tienen una conciencia, sólo lamentos. Nosotros sí. Lo que ves a tu alrededor, es la espada. Pero tú también eres la espada. Sólo tienes que abrir los ojos. -      ¿Qué? ¡Eeeeeeeeeehhhhh! En ese momento pude “abrir mis ojos”. Algo extraño para decir, considerando que una espada no tiene ojos. Y el “mendigo” me estaba llevando en una funda, atada a su cinturón, oculta por sus ropajes andrajosos. Volví a “mirar en mi interior”, y me encontré con la chica pelirroja. -      ¿Cómo podemos volver a la normalidad? -      ¿En serio crees que si pudiera volver a la normalidad, estaría aquí? ¿Con la maldición acechándome detrás de cada esquina? -      Entonces… ¿Nunca podré volver a…? -      Será mejor que no pienses en eso. No tenemos otra cosa más que el uno al otro. Por el momento, al menos. -      ¿Por el momento? -      Cada alma que la espada mate, terminará atrapada en su acero. Pero no creo que vayan a matar a alguien próximamente, el tiempo es demasiado corto. Tienen que encontrar al héroe. -      ¿Al héroe? -      Nosotros somos la espada del héroe. Entonces, para bien o para mal, supongo que lo tendremos a él. Mi nombre es Celine Leccia, estaremos cooperando a partir de ahora. Es un gusto. *** -      ¿De qué diablos te quejas? No es como si tuvieras un cuerpo real. -       No, el cuerpo no es real. La espada es mi cuerpo, yo soy la espada. Todo lo que siento es aquello que el metal siente. Sin embargo, cuando miro hacia el interior de la espada, puedo verme a mí mismo con este cuerpo. Y este cuerpo puede sentir dolor. -      ¿Por qué hiciste eso? – le pregunté mientras me sobaba la pierna. -      Oh vamos. No seas un chiquillo. No quiero que me diga eso una chica que luce como una loli. Se supone que el cuerpo en el interior de la espada no puede recibir daños, pero cuando me miré el pecho desnudo, sin la camisa, ahí tenía una cicatriz en forma de X, justo donde el esqueleto me dio dos tajos con sus cimitarras de hueso. -      Virgil ya comprobó que no puede matar al héroe enfrentándolo normalmente, ni siquiera con habilidades especiales. Ahora que no les cabe duda que él es el héroe, las cosas se pondrán mucho más peligrosas. -      Creí que dijiste que no se le podía matar. -      No dije que no se pudiera. -      Quizás tengamos cosas más importantes de las que preocuparnos. Le dije esto mientras miraba hacia las sombras. Ahí se removía algo. Manos que querían arrastrarnos. Ojos que nos miraban, enrojecidos y ardientes. Bocas retorcidas que expulsaban baba y espuma por la furia perpetua. Aquellos a quienes tuve que derrotar para no caer en su infierno, las almas condenadas, la maldición de esta espada. Ellos también pueden saborear la sangre.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD