Al levantar la vista pude ver en el cielo dos criaturas gigantescas, tenían grandes alas de piel como las de un murciélago y un cuerpo de lagarto cubierto de escamas negras que reflejaban el sol. Jamás había visto un animal parecido a esos, eran tan grandes que bien se podrían comer a una persona de un solo bocado, los libros que los describen no les hacen justicia, al menos eran 100 veces más temibles de lo que los hacían parecer, y sabiendo que nos buscaban precisamente a nosotros, empeoraba mucho la situación. Yuvén se quedó petrificado, con las manos fuertemente empuñadas, no podía quitar la vista del dragón de mayor tamaño. - Es él, el es el maldito que mando a matar a mi padre – - Yuvén, vámonos, tenemos que escondernos, por favor reacciona, ¡vámonos! – -

