De camino de regreso a la plazuela, no podía dejar de ver la sortija, era en verdad preciosa, parecía que hubieran puesto estrellas sobre una fina argolla de plata. Estaba extasiada, no podía parar de verla, jamás había tenido una joya como esta, bueno, de hecho, ninguna joya. En Liam, se acostumbraba que solo el rey y la reina portaran joyas, y joyas bastante sencillas debo decir, puesto que éramos un pueblo campesino, nuestra riqueza estaba en la tierra de cultivo, mas no en nuestra tesorería, siempre se había considerado que las joyas para la realeza, eran un gasto innecesario para el pueblo, por lo tanto, la cantidad de joyas que había eran mínimas, la mayoría de ellas, eran obsequios de otros reinos que se obtenían tras una alianza comercia o matrimonial, es por esta razón, que únicam

