El viaje inicio temprano, montamos los caballos y comenzamos el camino rumbo a Roután, a caballo sería mucho más rápido, si todo iba bien, estaríamos llegando al anochecer a un trote ligero para no desgastar demasiado a los caballos y no llamar la atención tampoco. El sol de medio día era cálido, pero el aire era fresco, a trote, el viento chocaba contra mi cuerpo manteniéndolo fresco, anhelaba tanto tener en brazos a mi pequeña, que pasar horas bajo el sol montando un caballo en verdad no parecía ser nada. Con cada hora que pasaba, mi ansiedad iba creciendo cada vez más, no veía la hora de estar de nuevo junto a mi pequeña. Llevamos fruta y agua para el camino, así podríamos comer mientras seguíamos avanzando en el caballo, el tiempo era valioso y no estaba dispuesta a perder ni un m

