Mi corazón palpitaba con tal fuerza que parecía que en cualquier momento saldría disparado a través de mi pecho, gire mi vista a Yuvén mientras el me colocaba justo de tras suyo… la puerta se abrió por completo y una figura robusta sosteniendo un palo a lo alto se detuvo en el arco de la entrada… - ¡Yuvén, Ailana, por los dioses están vivos!, ¡mujer ven aquí mira quienes regresaron a casa! – La familiar voz del señor Lizano reconfortó mi corazón agitado, de inmediato se abalanzo a los brazos de Yuvén mientras la señora Lizano atravesaba corriendo el portal de la casa con lagrimas en los ojos, directamente a mis brazos. Tras un enérgico y cálido abrazo, la separe de mi cuerpo para poder saciar la duda que me carcomía por dentro… - ¿Y mi hija?, por favor díganme que esta

