Pase muy mala noche, el dolor que me provocaban mis heridas de la espalda no me dejo descansar, ahora ya esta amaneciendo, todos se están levantando y me piden que lo haga también, una chica se acerco a mi y me ayudo a curar mis heridas nuevamente, me coloco unos vendajes con una pomada un tanto olorosa, pero en verdad sentí alivio. Tras haberme arreglado con los ropajes que ahí nos dieron, me dirigí hacia el jardín principal, donde ya todos se estaban formando en una línea recta, primero todas las mujeres, después todos los hombres y en una línea al frente los nuevos. La misma dama que anoche impidió que me mataran a latigazos, comenzó a caminar frente a todos, por lo que me pude dar cuenta, esa señora era la mandamás de los sirvientes de la casa y la que nos coordinaba a todos después

