El mercado de esclavos era una zona muy concurrida, llegaban personas de todos los lugares, día a día, se presentaba todo un desfile de personalidades muy distintas unos de otros, algunos con atuendos coloridos y extravagantes y otros con ropajes sencillos y enigmáticos, peinados, tonos de piel, idiomas, todos tan distintitos a lo que yo había conocido antes. Existían razas humanas tan variadas como aves en el cielo, y eso era toda una sorpresa para mí, llegaban a la cantina hombres con la piel tan oscura como el ébano, vistiendo ropajes ligeros que dejaban al descubierto sus prominentes músculos, y otros tan blancos como las mismísimas nubes, con ojos azul celestes que te podían hipnotizar por su belleza. No cabe duda que afuera de mi pueblo, el mundo se extendía a lo largo y a lo anc

