Abrace con fuerza a mi pequeña y comencé a correr, no sé de dónde me salieron fuerzas, el dolor, el cansancio, todo desapareció en un instante, solo cabía en mi mente escapar tan rápido como me fuera posible, si ellos estaban por llegar, no debían vernos, no debían saber que, él tenía una heredera o jamás habría descanso para mi princesa. De pronto un aterrador rugido resonó detrás de mí y pude sentir el calor abrazador de las llamas del dragón inundando todo el claro del bosque donde nos acabábamos de separar, un grito espeluznante hizo que mi corazón se estrujara, mis lagrimas comenzaron a correr sin sentido por mi rostro, mientras apretaba con fuerza el pequeño cuerpo de mi hija, tratando lo mas posible de no perder la cordura y regresar en busca del hombre que mas amaba en este mundo.

