Juliet jugaba con su hermano a la guerra de almohadas, reían juntos y disfrutaban en la habitación donde esta historia comenzó. La tarde se ilustraba en reloj de pared, dado que marcaba la hora del ocaso. —No vas a ganar —dijo Arion, desafiante. —Eso crees niño tonto —replicó Juliet sonriendo. Corrió por toda la habitación. Juliet lo persiguió. Luego chocaron sus cuerpos y blandieron sus almohadas en el aire para combatir algodón con algodón. Ella parecía ganar la contienda, puesto que Arion no podía defenderse contra la fuerza de su hermana. ¿Cómo un niño de diez años podía con una adolescente de dieciséis? Ella no lo pensó. —¡Esto es una pesadilla! —exclamó Juliet del presente, angustiada. Ella estaba consciente de lo que había ocurrido aquel día—. ¡Yo no quise hacer daño a

