—Él dijo que debías aceptar lo que eres —dijo Arion con los ojos abiertos de par en par. —¡¿Quién mierdas te ha dicho eso?! —bramó Juliet—. Todo es un sueño. —Esto no es un sueño, Juliet, es lo que tú has construido con tus deseos inconscientes —dijo Arion. —¡Yo no construí esto! —replicó Juliet y se señaló a sí misma. tun-tun, tañía la campana. La arena fluía y cuando atravesaba el fino agujero conector, el grano de arena era transformado en una gota de agua. De este modo, Arion iba a ahogarse. —Ha comenzado —dijo Arion, viendo la gota caer—. Él dijo que tus mentiras nos matarían. —¡No es verdad, nadie te lo ha dicho! —reprendió Juliet. Entonces, tomó el plato de porcelana donde estaba la carne y lo lanzó contra el cristal. —No quiero morir, hermana —dijo Arion, asustado—. No sabí

