«Las dunas cambian con el viento, pero el desierto sigue siendo el mismo»
Ruya siente un movimiento, el cual la pone en alerta. El sol estaba en el punto máximo, sintiendo su cuerpo arder por el intenso calor del desierto.
Trata de abrir sus ojos, solo para ver un par de jinetes cabalgando al costado de ella. «Pero, ¿qué estoy haciendo cabalgando encima de un caballo?» Se preguntaba Ruya mientras que trata de volver a sus sentidos.
En ese momento ella siente que es sujetada con más intensidad, como si alguien tratase que no cayera del caballo. La persona la toma de la mejilla para hacerla mirar al rostro del responsable de ello, con sigilo ella trata de verlo, pero le era imposible ya que el sol se lo impedía hacerlo.
— ¿Hal 'ant bikhayrin? —indaga el hombre mirándola al rostro.
« ¿Estas bien?»
Ella, sin entender lo que estaba diciendo, toma la mano del individuo para apartarla de su mejilla y volver a cerrar aquellos pesados ojos producto del cansancio, en ese momento siente unas palmadas en sus mejillas. Ella al sentir el tacto de aquel hombre, abre los ojos para ver unos ojos negros e intensos como la misma noche, con unos brillos que lo hacía resaltar ante sus pupilas; era lo único que podía ver, ya que aquel hombre tenía una tela que tapaba la mitad de su rostro.
—Yajib 'an tatamasak, sanasil 'iilaa makan 'akthar amanana —sin perder tiempo, el joven que la sostiene apura la cabalgata para llegar y asistir a la mujer que llevaba entre sus brazos.
«Debes aguantar, ya llegaremos a un lugar más seguro»
Después de horas cabalgando llegan a su destino, bajan del caballo cuidadosamente, tomar a la joven desvanecida entre sus brazos y la lleva a su aposento.
—Alshaabu tabar, 'iismah li limuqataeatik lakina walidak faqat yastaqiluk —el hombre de confianza del líder de los Bizantinos, lo había recibido con aquellas palabras para que el joven rebelde solo lo ignore.
«Joven Tapar, disculpe que lo interrumpa, pero su padre solicita su presencia».
El joven Tapar cierra las puertas de su aposento para volver hasta la mujer que yacía inconsciente en su cama, toma la mano de la mujer de manera sutil para empezar a limpiarla, pero al momento de llegar al rostro no podía evitar de querer verla, ya que la túnica se lo impedía. Pero él era un Guerrero, uno sanguinario, donde la compasión y el perdón no estaban en su vocabulario. Tenía todo el reino ante su pies, cuando se le antojase podía tener a la mujer que quisiera, sólo la pedía y la traían a su aposento para complacer hasta los más oscuros deseos.
Pero esta vez quería ver el rostro de aquella mujer que tenía en su cama inconsciente, toma la túnica para quitársela de manera delicada hasta ver su rostro. El joven Tapar al ver el rostro de aquella mujer queda impactado por tal belleza, tenía unas cejas bien marcadas, las cuales recorre con las yemas de los dedos, acariciando el rostro de ella. La recorre lentamente hasta llegar a sus labios bien formados con un color apetecible, y en ese momento recuerda aquellos ojos que lo cautivaron de manera profunda. Embelesado, quedó admirándola desde su lugar hasta que fue interrumpido por el ruido de la puerta, era claro que su padre lo llamaba para ser interrogado.
Se levanta para tomar nuevamente su espada, y dirigir sus pasos para ver quien lo había interrumpido nuevamente.
Ahí estaba nuevamente el hombre de confianza de su padre, lo mira de manera molesto ante su intromisión para que aquel hombre agache la cabeza en señal de una clara pena por su actitud, y a un costado se hallaba parada la mujer que tenía el permiso de entrar a su aposento.
—Zeynep, taetani bidayfi hataa 'aeud —la joven sólo asiente para dirigir sus pasos hasta donde se encontraba Ruya inconsciente.
«Zeynep, cuida de mí invitada hasta que vuelva»
—Ya sayidi alghita' alsaghir yatlub hudurak —el líder de los Bizantinos asiente para que su hijo venga ante su presencia.
«Mi señor, el joven Tapar solicita su presencia»
— ¡Ya ‘abi, 'ahmil akhbarana jayidatan! —aquellas palabras lo hacían sentir satisfecho, ya que el joven Tapar siempre logra sus objetivos y esta no sería la excepción.
« ¡Padre traigo buenas noticias!»
— ¿Dime hijo que buena noticia nos has traído? —el líder de los Bizantinos estaba sentado en su trono listo para recibir aquella noticia que ha traído su futuro sucesor.
—Padre, hemos recuperado la fortaleza cercana al reino de Yemen, la Reina madre ya está sentada en el trono. Nuevamente, ella es la única reina ante los súbditos —esto era más que un triunfo, ya que era una derrota que los Seyuitas no toleraban.
—Te felicito por esta gloria, Tapar —el líder Hassan Alyahir se acerca hasta su hijo para tomarlo de los hombros y felicitarlo.
—Gracias padre, pero esta gloria también es gracia a mis guerreros —exclama para ver que Hassan asiente sus palabras.
—Bueno, ve y descansa porque… —es interrumpido por el hombre del Rey.
—Mi señor siento la interrupción, pero solicita su presencia el Melik Zahir, hijo del Sultán Melik Sha —tanto como Hassan y su hijo quedan perplejos ante la noticia.
—Déjalo pasar, veremos que quiere el heredero al trono de los Seyuitas —aunque reinara la enemistad entre ambos reinos, no dejarían de recibirlo como se le debe de recibir a un Melik.
Para el príncipe rebelde esta presencia era extraña. «Pero, ¿qué quería el joven Melik?» Se preguntaba sin salir de su sorpresa.
El joven Melik se hace presente ante el líder de los Bizantinos, va adentrándose ante la presencia de Hassan, cuando ambos jóvenes intercambian una mirada de eterno enemistad.
— ¿Dígame, joven Melik, que lo trae a mi Reino? —indaga Hassan sin dejar de presidir la enemistad entre ambos jóvenes.
—Vengo a solicitar su aprobación para registrar el reino en busca de mí futura esposa —sentencia Zahir.
— ¿Qué te hace pensar que tu futura esposa está aquí? —dijo el rey, sin embargo, Tapar no tardo en interrogar a su rival de la infancia.
—Estamos seguros que podría estarlo, ya que la hemos rastreado y todo apunta que podría estar oculta aquí —indica el joven Melik.
—Pero me llama la atención que una futura esposa estuviera aquí en mi reino, a no ser que haya huido para evitar desosarte, Joven Melik —menciona Hassan, para ver una molestia en el semblante del joven Seyuita.
—No tengo necesidad de explicar mi vida íntima y menos la de mí futura esposa—sentencia Zahir.
—Si llegará ser cierto que tu futura esposa ha escapado, será nuestra obligación intervenir ya que sabes que es ilegal, obligar contraer matrimonio sin el consentimiento de la misma joven —termina diciendo Tapar, para sentir una clara tensión en el aire ante estas últimas palabras.
—Joven Melik, puede revisar mi Reino, estoy seguro que su esposa no está aquí, de lo contrario lo sabría —explica Hassan.
Seguido de esto, el joven Melik se retira para seguir buscando a la joven rebelde, pues así se la declara en esto momentos en el reino de Zahir.
En cuanto al joven Tapar, ordena a dos de sus mejores hombres que vigile los pasos del joven Melik, como también averiguar quién es aquella joven en sus aposentos.
Sin perder tiempo, Tapar regresa sobre sus pasos para ver que su invitada estuviera mejorando. Entra a bañarse para luego alimentarse, pidió a la cocinera del palacio que la enviara miel, pan, y un poco de fruta sin dejar a un lado el vino.
Mientras estaba sentado cerca de la ventana de su aposento, observaba la noche desde su lugar favorito mientras esperaba el momento en que se despertara la joven que aún yacía inconsciente.
La noche iba avanzando, y las estrellas estaban allí más relucientes que nunca, con una luna brillante que penetra hasta posarse por el rostro de aquella joven que cautivo al Guerrero sanguinario de los bizantinos.
El joven pone su cabeza en el respaldo de su silla, solo para poder admirar a la joven desde el lugar donde se encontraba. Pero por un instante, ve que la misma empieza a mover sus cejas como si estuviera por despertar.
Se acerca hasta ella, para mirarla fijamente cuando de repente la joven despierta. Sin embargo, al abrir sus ojos se asusta tanto que empieza a gritar, pero Tapar con una gran agilidad evita que la joven ponga en alerta su presencia en ese lugar.
—Shhh… no grites, no te haré nada, pero debes calmarte. ¿Está bien? —vocifera Tapar con la intención que la joven le obedezca.
Pero lejos estaba de saber que aquella joven no lo entendía y más que no podría comunicarse con él. En cuanto a Ruya, sólo tenía los ojos abiertos y peor aún, estaba mareada y no comprendía la situación en la que estaba metida. Ruya hace una señal con la esperanza que aquel hombre entienda lo que trataba de expresar en ese momento, alza la mano tratando de decir que no grataría.
Tapar, viendo eso, se arriesga en soltarla para luego pasarle un vaso con agua. Ruya, sin tener ganas de hablar, sólo bebé mientras observa detenidamente al joven.
— ¿Estas mejor? —pregunta el joven Tapar, para poner el vaso a un lado de ellos encima de aquella mesita esperando a que ella respondiera a su pregunta.
Sin saber cómo dirigirse a él, o si siquiera la entendía, decide hablar en su idioma.
— ¿Dónde estoy? —pregunta, ganándose una mirada de profunda sorpresa de aquel joven.
— ¿Eres extranjera? —inquiere Tapar consternado, y sin saber que había dicho la joven.
Ambos estaban confundidos y sin poder comunicarse, por lo que Tapar decide levantarse de allí para caminar en el balcón de su aposento, no entendía cómo era posible que una forastera estuviese en medio del desierto.
En cambio, la joven observaba cuidadosamente a su alrededor, y aunque está totalmente asustada, no sabía que haría o donde iría.
A su vez, ignoraba por completo que su prometido el joven Melik Zahir, estaba muy cerca buscándola de puerta en puerta. Y aunque el destino pareciera que estaba jugando con ella, estaba en una situación complicada ya que por una parte está el joven heredero de los Seyuitas, y por otra parte estaba el otro heredero de los Bizantinos parado en el balcón de su aposento.
Tapar no podía continuar así, sin saber quién era ella, de donde viene o que hacía en el desierto. Algo debía de hacer para averiguarlo. Vuelve a entrar en su aposento para volver a verla, y ahí estaba observando cada detalle de su aposento.
Para Ruya era necesario saber dónde estaba, y aunque no manejara el idioma turco se arriesga a decir algunas palabras con esperanzas que el joven entienda.
— ¿Cómo te llamas? —pregunta en el idioma turco. Al escuchar esto Tapar da vuelta a ella para verla de manera de asombro.
— ¡Hablas turco! —vocifera Tapar acercándose a ella. Para su buena suerte, el manejaba de manera ligero el idioma turco— ¿Qué hacías en el desierto?
— ¡Estaba huyendo! —alega ella de manera dudosa.
— ¿De quién estabas huyendo? ¿O por qué? —vuelve preguntar Tapar, pero esta vez sólo opta la joven callar ya que no sabía ella si él la devolvería a Zahir, en el momento en que respondiese esas pregunta.
— ¿Cómo te llamas? —indaga Ruya, tenía la curiosidad el nombre de su salvador.
—Me llamo Tapar Alyahir, ¿Puedo saber el nombre de mí invitada? —pero para Tapar era necesario saber del nombre de su invitada.
—Bueno, mi nombre es Ru... —es interrumpida por el ruido de la puerta, Tapar hace una señal de que no hablara y está sólo asiente para ver que se dirigía hacia la puerta.
—Disculpe mi señor, pero traigo noticias —decía uno de los hombres que tenía como objetivo de seguir los pasos de joven Melik.
—Dime que has sabido —indaga Tapar, no sin antes cerrar la puerta de su aposento.
—Sabemos que la mujer que el joven Melik busca es su futura esposa —pero eso no era algo nuevo para Tapar.
— ¡Sí, lo sé! Eso dijo Zahir —termina diciendo.
—Pero eso no es todo, mi señor, su esposa es una extranjera y su nombre es Ruya, hoy tendría que haber contraído una alianza con él —indica el Hakam, para que Tapar lo mirase fijamente.
—Muy bien, sigue observando y mantenme informado —ordena Tapar para volver a su aposento.
Se acerca a la joven para volver a preguntar por su nombre.
— ¡Te decía que mi nombre es Ruya! —Tapar al escuchar esto, se queda impactado.
¿Sería posible que la misma joven que Zahir busca con tanta desesperación, sea la misma que está sentada en su cama?
— ¿Tú eres la prometida del Zahir Melik Sha? —indaga incrédulo a lo que sospechaba.
Pero para Ruya esto era alarmante, ya que era obvio que lo conocía. Ella se levanta de manera espontánea para ver que Tapar la mira extrañada.
— ¿Me devolverá a él? No, debo huir de aquí —alega exaltada.
—No, no lo haré, pero tampoco puedes salir de aquí —dice Tapar de manera rápida, para evitar que ella salga de allí y la descubran.
Para ambos jóvenes el peligro era inminente; por un, lado Zahir estaba buscando a su prometida en el reino bizantino; y por otro, esto sería una posible batalla entre ambos reinos, como también se podrían romper los acuerdos entre reinos. Para el joven rebelde era una situación muy delicada.
Pero tenía una cosa bien definida: no la devolvería. Al ver la negación por parte de ella de contraer la alianza con el joven Melik, era una razón poderosa para esconderla de él y de su propio padre.