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Malakh

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Blurb

La vida para Malakh ha sido una pesadilla desde que nació. Su único pecado es llevar la sangre de sus antepasados. Toda su vida ha huido de un ser despreciable, pero ahora esta cansada y solo quiere acabar con todo. Hubo una década en donde Malakh pudo vivir en paz junto al hombre que ama hasta ahora, pero era el equivocado y sin saberlo eran enemigos a muerte.

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El Comienzo
Invierno 510dC Sirmio – Serbia (Actual Sremska Mitrovica) Solo se podía escuchar las gotas de agua al chocar con el suelo y el fuerte viento moviendo las hojas de los árboles. El aire en el bosque podría congelar a cualquier ser vivo con solo unas horas de exposición. Nadie creería que en lo profundo de aquel bosque estaba ocurriendo un milagro, el milagro de la vida. En una cueva en medio del bosque se hallaba una mujer, sentada con la espalda apoyada en una enorme roca. Los dolores del parto eran insoportables, pero no podía gritar. Sí lo hacia los encontrarían, a ella y su hermano, que trataba desesperadamente de mantener la llama encendida de la fogata que había hecho en medio de aquella húmeda cueva. Junto a la fogata se encontraba un caballo cuyo pelaje era tan n***o como la noche misma, yacía dormido, descansando de galopar un gran tramo de tierra. En realidad, no había sido tanta distancia, pero el animal había sentido que desfallecía. Mientras encima de él viajaba un hombre y una mujer embarazada a punto de dar a luz. El hombre notó como su hermana separaba las piernas, sabía que había llegado la hora y rápidamente corrió hasta el caballo. Sobre el cuerpo del animal se encontraba un pequeño bolso que contenía unas mantas que había preparado para ese momento. Tendría que ayudar a su hermana a traer a su hijo al mundo. Tomó rápidamente una manta y la colocó en medio de las piernas de su hermana. De esa forma el bebé caería en algo cómodo y no en el frío y sucio piso de aquella cueva. La mujer comenzó a pujar, pero siempre se mantenía en silencio. Sentía que en cualquier momento el alma se le iría del cuerpo, pero no le importaba. Más relevancia tenía la vida de su primogénito, que la suya mismo. Durante los cuarenta minutos más intensos de su vida continuó pujando hasta sentir la cabeza del neonato saliendo de su cuerpo. El insoportable dolor martilleaba en su cuerpo, pero no se dejó vencer en ningún momento y cuando su hijo emitió el primer sonido pudo descansar después de tanto sufrimiento. Sin perder tiempo, el hombre tomó una roca afilada que había puesto en la fogata. No le importó quemarse la mano, era tiempo de pensar en aquel recién nacido, luego curaría la quemadura de su mano. Cortó el cordón umbilical separando a su hermana del bebe. Limpió al pequeño con la misma manta en la que había caído y se detuvo unos cuantos segundos a admirar a la criatura que yacía en sus brazos. -          ¿Está vivo? - Preguntó su hermana preocupada al no escuchar ningún llanto. Su hermano alzó la vista hacia su hermana y simplemente asintió. -          Parece que sabe en la situación que nos encontramos y por eso no llora. La mujer dibujó una pequeña sonrisa en su rostro que rápidamente desapareció. -          ¿Qué es? -          No te preocupes ahora por eso hermanita debes descansar. Partiremos de este lugar en cuanto te recuperes. -          Samuel quiero saber si es niño o niña por favor dime. Decía la mujer preocupada por la respuesta que había dado su hermano. El hombre observó a su hermana unos cuantos segundos y eso le bastó a la mujer para conocer la respuesta, la cara de preocupación de su hermano indicaba que había sido una niña. -          No puede ser - susurro la mujer, negándose a aceptar la realidad. -          Hermana no te preocupes. Es una niña, pero te prometo que él nunca la tendrá. -          No puedes asegurar eso. Tú sabes que él, tarde o temprano intentará seducirla y llevársela para usarla en sus planes. -          No hermana, no lo permitiré. Con ella acabará la línea de sangre y él ya no podrá lograr su propósito. -          Samuel. Tú sabes que yo quería ser la última en la línea de sangre, pero él encontró la manera de que eso no sucediera. Si tan solo ese hombre no se hubiera cruzado en nuestro camino. -          Ya no pienses en ese hombre hermanita. Él pagará por sus pecados en el infierno. -          No puedo dejar de pensar en ese hombre hermano. Si no fuera por ese ese monstruo, la línea de sangre ya hubiera acabado, pero ese hombre me tocó a la fuerza y eso jamás podre olvidarlo. Ese recuerdo estará presente en mi mente hasta el último día de mi vida. -          Ese hombre ya no existe hermanita. Que Deus me perdone, pero disfrute verle desangrándose después de haber cortado su cuello. Jamás podrá hacer daño a otra mujer. -          Ese hombre murió, pero ahora te persiguen por haberlo matado. -          No me arrepiento de nada hermana, y no me importa ir al infierno si es por matar a un hombre que tanto daño te hizo. -          No iras al infierno Samuel. Yo hablaré con Deus y pediré que te perdone, porque tú te encargaras de cuidar a su nueva protegida. Deus la cuidará de él, pero tú la cuidaras de la humanidad y te prometo que Deus estará agradecido por tu labor. -          Hablas como si tú no estarás aquí para cuidarla. – el hombre comenzó a preocuparse por la forma en la que habla su hermana. - Esta niña crecerá junto a nosotros y la llevaremos lejos de aquí. Donde nadie la podrá encontrar jamás, ni siquiera él. Será feliz toda su vida y no permitiré que continúe la línea de sangre, con ella acabará hermanita. Te doy mi palabra. El hombre jamás había hablado tan en serio y estaba dispuesto a entregar su vida si eso garantizaba la seguridad de su sobrina. -          Samuel presiento que yo no podré estar en la vida de esta bebé, en cualquier momento mi alma se irá junto a Deus. Pero no me asusta Samuel, porque al fin podre estar con nuestros padres y conoceré en persona al creador. -          No digas eso hermanita, tú no te puedes ir. ¿Recuerdas? juntos para siempre. Tú y yo contra el mundo. El hombre colocó en una sola mano a la niña y con la otra comenzó a acariciar la mejilla de su hermana que poco a poco iba cerrando los ojos. Temía que su hermana ya no volviera abrir los ojos nunca más. -          Samuel prométeme que la cuidaras, por favor. Nunca quise ser madre, pero ahora que veo a esta hermosa criatura, me doy cuenta de que todo valió la pena. Ella hizo que todo lo que sufrí valiera la pena con tal de verla ahora aquí, viva. Es tan frágil ahora, pero crecerá y se volverá tan fuerte como tú. La mujer veía a los ojos de su hermano con la esperanza de que un día su hija llegara a ser tan fuerte como ella nunca pudo serlo. -          Ya no digas nada hermanita. Será mejor que descanses. -          Tengo que primero alimentar a la recién nacida Samuel, después dormiré. La mujer tomó a su hija en brazos y la acercó a su pecho. Desprendió las telas que cubrían la parte superior de su cuerpo y comenzó a alimentar a la pequeña. Mientras tanto su hermano caminaba hasta la salida de la cueva. Ya no se escuchaba ninguna gota caer, parecía que había dejado de llover y lo comprobó cuando al salir vio un hermoso arcoíris que adornaba el cielo de oeste a este. Las aves comenzaban a salir de sus escondites y extendían sus alas dispuestas a volar. Era tan hermosa la escena que el hombre supo que aquello era obra de Deus. Solo él podía haber hecho todo eso para demostrar la felicidad que le daba saber del nacimiento de su nueva protegida. Los cantos de los pájaros se escuchaban por todo el bosque. Parecía que hasta las aves se habían enterado del nacimiento del bebé y por primera vez en muchos años el hombre sintió una enorme paz que llenaba todo su corazón. El sol ya se estaba ocultando, pronto anochecería. Era muy peligroso cabalgar por la noche y más con una bebé recién nacida, pero no podían esperar a que el sol vuelva a salir. Era hora de partir de aquel lugar. El hombre pensó en llevar a su hermana y a su sobrina hasta Egipto. Ahí nadie los podría reconocer y comenzarían una nueva vida. Sin tiempo que perder el hombre volvió a entrar a la cueva esperando que su hermana hubiera acabado de alimentar a la recién nacida. Se acerco hasta su hermana y la vio recostada en el piso con la bebé junto a ella. Aún succionaba leche del pecho de su madre, pero la mujer mantenía los ojos cerrados. El hombre esperó unos cuantos minutos más, hasta que la niña terminara de comer. Mientras tanto apagaba con tierra la fogata que había hecho. Cuando vio que la pequeña había dejado de comer y se había quedado dormida junto al pecho de su madre, se acercó hasta ella y la tomó entre sus brazos. La manta que había usado para limpiarla estaba manchada de sangre, así que fue en busca de otra manta que tenía en el mismo bolso que la anterior. La manta limpia era más pequeña que la sucia, pero serviría para cubrir a la neonata. Envolvió a la bebé en la manta y la que estaba manchada de sangre la guardó en el bolso. Se acercó hasta su hermana que yacía dormida y la movió un poco, pero no despertaba. Sostenía a la niña con un solo brazo y con el otro no dejaba de mover el cuerpo de su hermana para despertarla, pero la mujer no abría sus ojos. El hombre comenzó a entrar en desesperación, colocó cuidadosamente a la bebé a unos cuantos centímetros de sus pies y con brusquedad sacudió a su hermana para despertarla. Pronunciaba el nombre de su hermana una y otra vez con la esperanza de ver sus ojos abriéndose, pero era demasiado tarde. El hombre se detuvo y sencillamente se quedó unos cuantos segundos asimilando lo ocurrido. El cuerpo de su pequeña hermana se encontraba frente a sus ojos y él no podía hacer nada. Abrazó con fuerza el cuerpo de su hermana mientras lagrimas resbalaban por sus mejillas, ahí se iba el ultimo m*****o de su familia. Susurraba varias veces “cumpliré la promesa” con lágrimas en los ojos. Minutos más tarde el hombre soltó a su hermana y regresó a ver a la pequeña. Se encontraba dormida ajena a toda la situación. El hombre supo que su hermana ya no era el último familiar que tenía, ahora esa pequeña bebé lo era y la protegería con todas sus fuerzas. Colocó estratégicamente a la neonata en su espalda sosteniéndola con las telas que usaba de ropa y a su hermana la sujeto en sus brazos. Caminó hasta las afueras de la cueva y a unos cuantos metros vio un gran agujero formado por la misma naturaleza. Colocó el cuerpo de su hermana delicadamente en aquel agujero y encima del cuerpo, la manta que había utilizado para limpiar a la niña. Cubrió con tierra el cuerpo hasta desaparecer de la vista del hombre mientras las lágrimas bañaban su rostro y el dolor abrigaba su pecho. Junto a la ahora tumba de su hermana se encontraba un gran árbol. El hombre tomó una piedra del suelo y con fuerza rayo en el árbol. Al terminar soltó la piedra y observo el lema en el tronco. ¨Protégela Deus¨, decía. El hombre bajó la cabeza hasta donde se encontraba enterrado el cuerpo de su hermana y por última vez dejo caer una lagrima. Los recuerdos inundaban su mente y una sonrisa triste apareció en sus labios. Recordaba cada momento con su única hermana y todas las ocasiones en las que ella prefería la compañía de él sobre la de sus propios padres. Caminó de nuevo hasta la cueva y despertó al caballo que todo este tiempo estuvo durmiendo. Lo sacó de la cueva y lo montó. La bebé no había despertado, pero tendría que encontrar una forma de alimentarla, había comido hace poco, pero no tardaría en despertar y pedir la leche de su madre. Comenzó a cabalgar rápidamente, pero teniendo cuidado de no agitar mucho a la niña. El hombre pensó que su sobrina aún no tiene nombre y él tendría que elegir uno para ella, pero pensar en un nombre sería mejor dejarlo para después, en ese momento solo se preocuparía por ir lo más lejos posible.                        

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