- ¿Qué haremos ahora Hizzand? Ambos nos encontramos recostados en el sillón abrazados con la televisión encendida, pero en mute. - Nos quedaremos aquí hasta que consiga otra casa, ya que la que quemaste no podemos usarla. - Lo lamento. – digo avergonzada por lo que hice con su casa. - No hay problema, pero no podemos quedarnos en esta casa rentada por siempre. Debemos buscar un lugar alejado de todo y todos. - ¿Desde cuándo te gusta los lugares alejados de todo ser humanos? – una pequeña sonrisa aparece en el rostro de Hizzand por mi pregunta. - Desde que me rompieron el corazón y me abandonaron. – sentí que eso fue un reclamo, pero Hizzand lo dijo con tanta naturalidad que pareciera que solo lo dijo de broma. Antes de hacer el

