—Kaled —digo incrédula. Estoy anonadada. Se ve tan angustiado y confundido, como si los pensamientos sobre mí le dolieran físicamente. —Debo estar enfermando. —¿Por qué? —presiono—. Tú cuidas de mí, tenerme en tus pensamientos es normal. Él niega. —No, no lo creo —sacude su cabeza—, ¿sabes qué? Mejor olvidémoslo. Soy un ser celestial, este cuerpo humano no va a hacerme perder la cabeza —decide y me mira—. Y tú también deberías controlarte. —¿Y yo por qué? —medio grito. Kaled retrocede. —Hice una promesa, permaneceré contigo hasta que no haya ninguna amenaza. Tendrás que aprender a vivir con ello. —¿Te refieres a sin sexo? —cuestiono molesta por su brusquedad. Me gruñe y se va, dejando hacer el resto de la cena a mí sola. ***** Tendré sexo. Estoy decidida. Solo quiero…divert

