Ha llegado el momento. Estoy tan nerviosa que no puedo evitar estremecerme. Las bailarinas de The Freaks parecen modelos, son preciosas y están en forma, no se podía esperar menos. Ellas son profesionales. Mientras que yo sigo en una academia. Me siento honrada de que me hubieran llamado, aunque ahora preferiría salir corriendo. —Estás pálida —señala Kaled, lo chito con molestia. No quiero que me deje en evidencia ante todos—. ¿Te sientes bien? Asiento. —Estoy nerviosa —musito—. Todas ellas son hermosas. Estamos en las gradas y las chicas hacen sus estiramientos frente a nosotros. Kaled las mira por un largo rato y no dice nada. Supongo que tengo razón. Y por supuesto que la atención que Kaled les da es correspondida, ¿Cómo no? Resoplo. Una mujer mayor cruza la cancha en di

