Para compensarme Jesse decidió llevarme a una fiesta al día siguiente. Mi día en la academia fue bueno, no me siento cansada, al contrario, estoy llena de energía.
Mis brazos rodean el torso de Jesse, lo siento duro bajo mis manos y me gusta. Él me gustó desde el primer momento en el que lo vi con su chaqueta negra y su sonrisa problemática. El viento me golpea con fuerza y el rugido de la motocicleta hace que mis piernas tiemblen.
El barrio hacia donde me está llevando no es uno de los mejores, pero según mi novio, las mejores fiestas están allí.
Seguro Alex tendría algo que decir al respecto.
No me siento cómoda de este lado de la ciudad, pero no quiero que Jesse me llame “mimada”, así que solo lo sigo y espero lo mejor. Cuando detiene la motocicleta me ayuda a bajar.
—¿Todo bien? —consulta, sus ojos oscuros buscaron los míos.
Acaricio su cabello igual de oscuro y le sonrío.
—Sí, solo hace frío.
—Entremos.
Toma mi mano y comienza a guiarme hacia la casa de pésimo estado, lleno de basura en el patio delantero y con tipos espeluznantes fumando por los alrededores.
—Bonita adquisición —masculló alguien hacia nosotros, varios hombres se rieron.
Jesse se detiene, pero yo lo empujo para que siga caminando.
—Tranquila —susurra—. No me meteré en problemas esta noche, te lo prometí, estamos aquí para celebrar que has vuelto.
—Mis planes para celebran parecían más emocionante.
—Estoy seguro que sí —su mano me acaricia el inicio del trasero—. Más tarde te demostraré lo mucho que me hiciste falta —promete en mi oído.
Bueno sí, espero algo de sexo esta noche. Una chica tiene necesidades.
La casa está abarrotada y llena de olores…interesantes.
Jesse me guía hacia un grupo de cinco chicos que reconozco, son sus amigos. Parecen entusiasmados con que Jesse esté con ellos, pero no con que yo esté aquí. Sé que no les caigo muy bien, el sentimiento es mutuo, claro, pero al menos yo finjo por educación.
—¿Quieres bailar? —Jesse me sonríe.
—Al fin —suspiro.
A Jesse no le gusta bailar, pero sabe cuánto yo lo disfruto e intenta compartir conmigo de esa forma. No es porque fuera un mal bailarín, es porque dice que los otros lo encuentran ridículo.
—Lo estás haciendo bien —animo.
—Me gusta bailar así contigo —pego sus manos a mi estómago para acercar mi espalda a su cuerpo—, te siento en todas las partes correctas.
—Dios, lo haces sonar tan obsceno.
—Es obsceno cuando te mueves así contra mí —señalo.
Sonrío.
—Tal vez consiga que nos vayamos pronto —dije con inocencia.
—Sigue esforzándote y lo conseguirás.
Dejo el baile “obsceno” cuando la música cambia e inicia una más rápida. Una de las canciones que no le gustan a Jess. Él me besa antes de dejarme sola, pero al menos su lengua en mi boca hace un trabajo estupendo que evita mi molestia.
******
Ruedo los ojos por sesta vez, escucho un alboroto del lado de la cocina, otra pelea, genial. Bostezo y me acomodo en el sillón incomodo en el que me encuentro, Jesse se encuentra hablando con sus amigos, a mi lado hay una pareja comiéndose, frunzo mi ceño asqueada.
Bueno, puede que en realidad esté algo celosa. Quiero eso, que me coman a besos, no estar sentada en un estúpido sillón mientras mi novio habla con sus amigos.
¡Me quiero ir!
Saco mi teléfono y veo la hora. Dos de la mañana.
Genial.
Me levanto cansada y me acerco a una chica que se ve sobria.
—Disculpa —llamo su atención—, ¿Podrías decirme donde está el baño?
Su rostro está en mi cerebro, pero no recuerdo donde la he visto.
—Segundo piso, la última puerta de la izquierda —contesta fastidiada.
—Gracias —sonrío.
Ni siquiera me importa su tono mezquino.
Esquivo a las personas y subo las escaleras repletas de gente.
El pasillo me recuerda a las películas de terror, oscuro, pero con ruidos extraños saliendo de las habitaciones, me apresuro a la puerta del baño y toco tres veces, al no obtener respuesta me adentro.
Todo mi rostro se contrae horrorizado.
Estoy segura de que nunca he hecho una mueca de desagrado como esta, y estoy más que segura que este es el baño más asqueroso que he visto en mi vida.
Y yo limpio casas…
Por dios.
El fuerte olor me golpea y arqueadas vienen a mí, aguanto la respiración y cierro la puerta encerrándome en este putrefacto lugar. Saco mi teléfono y busco el contacto de Emiliano para llamarlo.
—¿Qué demonios, Amber? —contesta mi amigo con cero ternura—, ¿Sabes que jodida hora es?
—Sí, lo sé, pero… —medito mis palabras—. Estoy muy aburrida, quiero irme y Jesse no muestra indicios de querer irse, ¿Qué hago?
—Mierda… —susurra—, ¿Sabes…? —bosteza—, Todo lo que tiene de guapo lo tiene de fiestero y caliente, por supuesto —mi boca se abre y el asqueroso olor entra por mi boca.
Vomitaré, estoy segura.
—¡Dios! —me quejo—. Emiliano, estoy encerrada en un baño asqueroso, ¡Ayúdame!
—¿Qué haces allí? Sal y dile a tu hombre que te quieres ir, ¿a qué estás esperando? —riñe—. Si no se quiere marchar entonces me llamas otra vez, iré por ti, ¿de acuerdo? Solo que ni se te ocurra marcharte sola.
—De acuerdo —suspiro—. Gracias, eres el mejor.
—Muévete, cariño. No mereces estar en un baño de porquería.
Tiene razón, dios, me siento una tonta por haber llamado a Emi solo para preguntarle qué hacer, como si no lo supiera. Es solo que…sigo teniendo la sensación de que algo no está bien, me encuentro muy ansiosa.
Después de colgar salgo de ese hediondo baño, esquivo a las personas y a los pervertidos del pasillo. Estoy decidida a marcharme, obligaré a Jesse a sacarme de este lugar, creo que tal vez no he dormido o descansado lo suficiente.
Tal vez solo necesito eso.
Cuando estoy abajo busco el grupo de mi novio, hay una chica con ellos, una que está jugueteando con Jesse y él lo permite. Conozco a la chica, es Tessa y también está becada en la academia. Sé que antes de mí, Jesse tenía encuentros casuales con ella, nunca le di importancia porque todos tenemos un pasado.
Pero yo no tengo a mis jodidos exes pegándome su trasero al cuerpo.
Quiero llegar a ellos, pero es una ley de la vida que mientras más rápido quieras llegar a un lugar, más cosas te obstaculizarán el camino. Un grupo de chicos se interponen y yo hago contacto visual con Tessa. Ella sacude su cabello y me sonríe con astucia. Sus brazos rodean a Jesse y con toda la familiaridad del mundo deja un beso sobre su comisura.
Me quedo quieta.
Jesse solo se ríe y se aparta un poco, pero no le dice nada, solo actúa como…si nada.
Eso me hace enfurecer.
Dios, si no respeta mi cara, ¿qué cosas habrá hecho en mi ausencia?
Saco a las personas de mi camino a empujones.
Y cuando estoy frente a ellos me cruzo de brazos. Jesse se aleja de Tessa sin disimulo y sus amigos se ríen de la situación. Se ríen de mí. Tessa también lo hace.
El fuego en mi sangre crea un nudo en mi garganta, me siento avergonzada y furiosa.
—Amber…—Jesse intenta.
Niego.
—Me largo —declaro—. No quiero que vuelvas a buscarme.
—No te pongas así.
Me doy la vuelta, no soporto ver su estúpida cara.
—Déjala, Jess. No necesitas una mártir en tu vida —canturrea Tessa—. ¿Acaso no disfrutaste mis cuidados en su ausencia?
Más risas.
Y Jesse no dice nada.
Maldita sea, soy tan estúpida.
Jesse toca mi brazo y eso me hace estallar. Cuando me doy la vuelta mi puño termina en su mandíbula, tan fuerte que lo hace retroceder.
—¿Te volviste loca? ¡Eres una perra! —Tessa vocifera e intenta agarrarme del cabello.
No iba a tocarla, porque aunque sienta que la odie, el culpable de esto es Jesse. Pero cuando ella lanza sus manos hacia mi pierdo el control, la empujo contra la pared y preparo mi puño para golpearla, su cuerpo se derrumba sin aire y mi mano termina en la pared.
Grietas nacen y crecen rodeando donde mi puño abolló el concreto.
No siento el dolor de inmediato. Solo sorpresa y terror.
¿Yo hice eso?
¿Y si mi puño hubiera tocado el rostro de Tessa?
Me doy cuenta que la habitación está en completo silencio, la música está apagada y un segundo después, cuando retiro mi mano, todos comienzan a murmurar.
—¡¿Qué demonios te pasa?! ¡¿Estás demente?! —Jesse sacude mis hombros, su boca tiene sangre y sus ojos están salvajes—. ¿Por qué mierda hiciste eso?
—No me toques —exijo—. He tenido suficiente de esto.
—¡¿Perdiste la jodida cabeza?!
Lo aparto de mí. Y no miro a nadie cuando corro hacia la puerta.
*****
El corazón me late tan fuerte que parece irreal. Me falta la respiración. La mano me quema, creo que me rompí algo, no lo sé. Pero el dolor en mi pecho es más fuerte, me cuesta respirar y pienso que tendré un ataque de ansiedad.
No tengo idea de que pasó en esa casa. Quiero creer que fue la rabia de darme cuenta de que Jesse no era tan fiel como juraba ser. Él me lo juraba. Mierda. Todos me advirtieron sobre él, yo decidí no escuchar.
Una parte inocente de mí quería que él saliera tras de mí, pero no lo hizo. Tal vez eso era el destino diciéndome: “Presta atención, idiota. Él no es para ti”.
Tengo que detenerme y respirar con fuerza, porque siento que me desmayaré.
—¿Qué pasó, niña? ¿Te perdiste?
Ignoro esa voz de hombre y reanudo mis pasos. Lo menos que necesito ahora es un pervertido.
—Eres muy sexi —dice la voz de otro.
Genial, ahora son dos.
Uno de ellos se interpone en mi camino.
—Aléjate —advierto, pero mi voz es temblorosa.
—No me gustan las fierecillas.
Me doy la vuelta para ir en otra dirección y allí está el otro, cuando sonríe su aliento sale disparado hacia mi cara.
—A mí sí.
Caigo en cuenta de que estoy sola. La calle está desierta. Y estos tipos tienen el doble de mi tamaño.
El pánico me golpea en el estómago cuando el que está atrás de mí cubre mi boca y tira de mi cuerpo hacia un callejón. Me sacudo, me retuerzo, grito con su mano en mi boca.
—Sé buena —pide en mi oído, siento su barba raspando contra mi cuello y creo que moriré.
Estamos en un callejón muy estrecho y uno de los hombres me mantiene sujeta mientras que el otro se está quitando el cinturón. Quiero calmarme, quiero pensar en todo lo que sé sobre defender, quiero llamar a la fuerza que me atacó en la casa con Jesse y Tessa, pero estoy aterrada, ¿y si no puedo?, ¿y si se agotó?
El hombre con los pantalones desabrochados se acerca por mi frente, quiere meter mis manos bajo mi vestido.
Levanto una de mis rodillas por instinto y la encajo en su ingle.
—Estúpida perra —gruñe doblándose por el dolor.
Muerdo la mano de quien afloja su agarre por la risa y me libero de sus brazos. Doy apenas un par de pasos antes de caerme, pero consigo gritar, con todas mis fuerzas.
—¡Ayuda!
Un tipo cae sobre mí.
—Suéltame, maldito —lanzo golpes a ciegas, ninguno acierta.
—Quédate quieta o lo haré peor.
Creo que me desmayaré cuando escucho un aleteo extraño, como el de un ave enorme, no puede ser, alucino. Pero después el aleteo se convierte en pisadas duras y una sombra enorme nos traga a todos en el callejón.
—No te metas…—comienza a escupir uno de mis atacantes, pero un quejido estropea sus palabras.
Escucho movimientos, muy rápidos. Un parpadeo y dejo de sentir el peso del tipo sobre mí, escucho golpes y chillidos. No me quedo para averiguar quién los ocasiona, me arrastro hasta que soy capaz de ponerme de pie.
Mis piernas tiemblan con intensidad y me cuesta respirar. En la calle, bajo la luz de las farolas, escucho que mi nombre es llamado. No reconozco su voz, su tono es inusual, melodioso, grueso…Salvaje.
—Amber —brama de nuevo.
Me congelo cuando me doy cuenta de que se trata de mi héroe.
—No voy a lastimarte.
Está más cerca, su voz suena con menos rotundidad.
—¿Quién eres? —cuestiono en un hilo de voz, todavía sin verlo, no debería estar dándole la espalda, Alexa me regañaría, pero soy incapaz de moverme.
No es necesario darme la vuelta después de todo, el hombre camina hasta posicionarse frente a mí. Lo que veo me deja sin aliento.
Sus ojos son mieles y tienen una intensidad atronadora. Es…increíble. Su belleza, nunca antes había visto a alguien como él.
—Esto aquí para cuidar de ti —dice con vehemencia—. No dejaré que nada te ocurra.
Sus palabras se desvanecen. Oh no, no son sus palabras, soy yo, yo me estoy desvaneciendo. Dios, espero recordar su rostro cuando despierto, porque este hombre de ensueño no puede ser real.