Estoy abatida, conmocionada. Ni en un millón de años hubiera podido imaginar que esta noche terminaría así.
Yo en la entrada de mi apartamento con un ángel a mi lado.
Suena ridículo, me pregunto qué pensaría Alexa al escucharlo.
Kaled se ofrece a romper la cerradura de mi puerta, me horrorizo y le aseguro que puedo abrirla. Tengo una llave escondida en caso de que la otra se extraviara. La obtengo de su escondite y abro la puerta con rapidez para entrar.
—Aquí vivo —musito, dejando entrar al ángel.
—Lo sé —dice, su tono tranquilo, como si sus palabras fueran normales.
—Sonaste como un acosador —advierto, soltando una risotada nerviosa. Eso solo hace que todo se ponga aún más incómodo—. Ven, por aquí está la sala, comedor —señalo—, cocina y arriba esta mi habitación y baño –asiente y mira detenidamente el lugar. Aclaro mi garganta—. ¿Seguirás explicándome todo esto?
Kaled me mira.
—Creo que deberías descansar.
Me quedo en mi lugar sin saber qué hacer, ¿debo dejarlo solo? ¿Irme a dormir tranquila como si no temiera del extraño que acabo de meter a mi casa?
Mi inquietud debe estar grabada en mi rostro, porque él dice: —Si hay algo más que pueda decirte para que confíes en mí, dime qué es.
Quiero decirle que me deje tocarlo un poco más, pero entonces temo que la acosadora sería yo, es decir, no es que quiera tocarlo solo porque…me siento atraída a su aura cálida y acogedora, sino también porque me gustaría comprobar su pulso una vez más. Podría pedirle que me enseñara sus alas, pero los ángeles no dejan ver sus alas a “cualquiera”, son sagradas.
Aprovecho mi momento de silencio, finjo seguir meditando para observarlo con cuidado. Entiendo por qué me siento tan fascinada con su presencia, pero hay otra cosa, como una púa en mi costilla que no puedo sacar. Es solo que…esta sensación, creo haberla experimentado antes y mientras más miro su rostro, mi púa puya más fuerte.
—Respóndeme esto —trago saliva—, ¿te he visto antes? ¿Te has acercado a mí en algún otro momento?
Asiente y camino hacia mi pequeña sala de estar, lo sigo curiosa por su respuesta.
—Te he estado siguiendo desde que llegaste de tu viaje —confiesa, sus ojos perdiéndose en cada rincón del lugar—. Pero…antes que eso también. No es mi primera vez en la tierra —suspira—. Cuando tu padre murió empecé a investigar sobre tu madre, eventualmente todo me llevó hasta ti. Di con una niña pequeña con el cabello dorado y los ojos marrones que solo he visto en alguien en toda mi existencia —se refiere a mi padre y aunque sienta dolor, sonrío—. El aura que te rodea también es distinta a la de todos los humanos.
—Entonces… ¿hablaste conmigo? ¿te presentantes ante mí? Yo no puedo recordarte del todo.
—Estabas en el bosque trasero de una casa, perseguías una mariposa. Estabas sola y eras tan pequeña que no pude evitar acercarme para evitar que te hicieras daño. No me extraña que no me recuerdes, apenas fue un segundo o dos los que estuve presente para guiarte por otro camino menos peligroso.
—No lo recuerdo —lamento.
Ojalá lo hiciera.
—Eras como un diminuto insecto atraído por la luz brillante que iba a aniquilarlo —suelta mirándome—. Pensé que eras una imprudente, pero tuve que recordarme que eras pequeña y decidí que tus cuidadores humanos eran los imprudentes.
Arrugo mi entrecejo.
Bien, eso no fue bonito.
Mis “cuidadores humanos” en ese entonces seguramente eran Alexa y Lidia, no soportaba que hablara mal de ellas.
—Terminemos esta conversación, por tu propio bien —digo tensa—. Supongo que te quedaras conmigo de ahora en adelante…
—Sí —me interrumpe—. No es opcional.
Seguro tengo una o dos cosas para decir con respecto a eso, pero no las discutiría ahora mismo. Estaba cansada y traumatizada. De acuerdo, confío en el hombre sensual de mi sala, pero no me cae del todo bien todavía.
—Hay una habitación vacía arriba, pero no tengo un colchón extra, puedes quedarte en el sofá, te conseguiré sabanas y…Emm, ¿tú comes? —llevo una mano y rasco mi cráneo.
Me siento tan estúpida.
—Sí —contesta como un jodido robot—. En esta forma tengo las mismas necesidades físicas que un humano.
Asiento.
—Muy bien, supongo que puedes tomar lo que quieras de mi refrigerador, el baño está arriba al final del pasillo —le doy otra miradita más a su asombroso cuerpo, ¿una mandíbula podía ser tan increíble? —. Si necesitas otra cosa, puedes decírmelo —suspiro, mis ojos regresan a los suyos. Demonios, creo que acaba de atraparme mirándolo de más—. Mañana retomaremos la conversación.
—Estoy de acuerdo.
Me muevo para buscar lo que él va a necesitar, una almohada, sabanas y una manta. Se las entrego con cuidado de no tocar su peligrosa piel demasiado cálida y atractiva, le enseño mi refrigerador y le deseo buenos sueños antes de huir a mi cuarto como una adolescente intimidada por un chico súper guapo. Aunque “súper guapo” tiene que ser una ofensa para Kaled.
Niego, sacudiéndome los pensamientos adolescentes que estaban llenando mi cabeza. Por dios, esta noche es una completa mierda y aquí estoy yo, pensando alucinando por la belleza de ese ángel.
Seguro hay una palabra en la biblia que pone un nombre contundente a esos pensamientos pecaminosos.
Resoplo, es suficiente, tengo que descansar.
Mientras me quito la ropa pienso en mi teléfono perdido y todo lo que contenía. Tendré que conseguir otro, por ahora me conformaré con mi teléfono local. Una capa de polvo lo cubre en mi mesita de noche.
Esta noche se la quitaré.
Porque sin dudas antes de dormir tengo que llamar a mi hermana.
Enloquecerá, de eso estoy segura.
Marco el número que me sé de memoria y espero.
—¿Hola? —contesta con voz somnolienta.
—Soy yo —tengo la extraña necesidad de susurrar—. No te alteres ¿Sí? —agrego nerviosa.
Por supuesto que eso es lo opuesto a lo que hace.
—¿QUÉ DEMONIOS PASÓ? ¿ESTÁS BIEN?—suelta entre dientes alterada, como si se esforzara por no gritar—, ¿Dónde estás?
—Estoy bien. En casa —cierro mis ojos—. Escucha, pasó algo muy raro. Hay un ángel en mi sala.
—¿Me estás jodiendo? ¿Un ángel? —se queda sin respiración—. ¿Te refieres a…un ángel de verdad?
Oh, esto es peor de lo que pensé.
—Un ángel de verdad, Alexa. Así como Matt es un demonio. El tipo esta para morirse, nunca he visto a nadie tan hermoso en mi vida y…dice que conoció a mi padre.
—Voy para allá.
—Pero…
Me colgó.
Ella viene.
Mierda.
Caigo sobre mi cama con mis manos sobre mi rostro.
—Que estúpida, Amber —mascullo en voz alta.
Siento como si el mundo se me viniera encima.
Toda esta información de mi padre, su trágica muerte.
Ahora Alexa viene, tal vez para ella sea más sencillo. Tal vez ella comprenderá mejor todo lo que Kaled tiene para decir.
Suspiro.
«Un ángel enamorado de una humana, ¿Por qué está prohibido?».
Lo prohibido es tentador.
Ángeles, humanos o demonios, ponle una etiqueta de “prohibido” y todos van a querer mirar, los más astutos, incluso querrán acercarse.
Tengo tantas preguntas ahora que puedo repasar todo lo que Kaled vomitó sobre mí. Ni siquiera pensé en preguntarle más sobre mi padre, su nombre, su aspecto físico. Tengo algunas características suyas, lo sé ahora, pero necesito más.